El grupo santiagueño presentó Luna Salitrera en la Casa del Folclorista, donde recorrió su trayectoria artística con canciones propias y clásicos del folclore argentino, acompañado por artistas invitados y un emotivo reconocimiento a referentes de la música popular.
A veintidós años de haber comenzado a desandar los caminos del canto colectivo, el grupo volvió a encontrarse con su gente en una noche que prometió memoria, emoción y celebración. El espectáculo “Luna Salitrera”, que se llevó a cabo en la Casa del Folclorista, en la ciudad Capital de Santiago del Estero, no fue solamente un concierto, sino también un gesto de gratitud hacia una historia construida con perseverancia, identidad y un profundo amor por el folclore.
La propuesta invitó a recorrer la trayectoria artística del grupo a través de su discografía, enlazando composiciones propias con aquellas canciones del cancionero popular argentino que fueron marcando su identidad sonora desde los primeros pasos. En ese ida y vuelta entre lo heredado y lo creado, Salitral reafirmó su pertenencia a una tradición viva, que no se repitió, sino que se resignificó en cada escenario.
Un canto que nació de la tierra
Hablar de Salitral fue hablar de Santiago del Estero. De sus montes, de su polvo blanco, de sus patios y de sus guitarreadas interminables. Formado en 2003, el grupo se constituyó como heredero directo de los cuartetos vocales santiagueños, con una formación clásica de cuatro voces, guitarras y bombo legüero, una estructura que sostuvo no solo un sonido, sino también una manera de decir.
Integrado por Tacko Juárez, Fernando “Masa” Maldonado, Daniel Ruiz y José “Topo” Paz, Salitral construyó un repertorio que dialogó con la historia del folclore argentino, sin perder la mirada contemporánea ni la voz propia. Zambas, chacareras y canciones que hablaron del paisaje humano y geográfico del norte argentino formaron parte de una propuesta que se mantuvo fiel a sus raíces.
“Salitral fue parte del paisaje de Santiago del Estero. La sal de la tierra que se hizo canto a través de nuestras canciones”, expresaron en reiteradas oportunidades sus integrantes, sintetizando en una frase el espíritu que atravesó toda su obra.
De los comienzos a la consolidación
Los inicios fueron humildes y tempranos. “Comenzamos muy jóvenes, prácticamente éramos unos niños”, recordaron. Aquella primera formación, conocida como Dúo Semblanza, estuvo integrada por Masa Maldonado y Tacko Juárez en voces, junto a Raúl Collado en percusión. Con ese nombre, transitaron escenarios de Santiago del Estero y de otras provincias como Córdoba, Tucumán y Salta.
Tres años después, ya en pleno crecimiento artístico, llegó el primer material discográfico, titulado “Luz Mineral”. Por cuestiones legales, el grupo adoptó definitivamente el nombre Salitral, una denominación que no solo resolvió un trámite administrativo, sino que también reforzó el vínculo simbólico con la tierra.
Con el paso del tiempo, se sumaron nuevos integrantes y nuevas búsquedas musicales. El disco “Aliviando Penas” marcó otra etapa, ya con la incorporación de Daniel Ruiz, y consolidó el formato de cuarteto vocal con tres guitarras y bombo, sello distintivo que los acompañó hasta la actualidad. Más adelante, en 2019, presentaron “Salitral, folclore tradicional”, un trabajo discográfico que recuperó letras de autores del pago, con un fuerte contenido identitario, junto a composiciones propias que dialogaron con el pasado desde el presente.
Veintidós años en movimiento
A lo largo de estas más de dos décadas, Salitral recorrió escenarios de todo el país, participó en festivales, peñas y encuentros culturales, y sostuvo una presencia constante que lo convirtió en un referente del folclore santiagueño contemporáneo. Cada presentación fue también una forma de militancia cultural: cantar para que la tradición no se apagara, para que las nuevas generaciones encontraran en esas melodías un espejo donde reconocerse.
En ese sentido, “Luna Salitrera” se inscribió como un espectáculo profundamente simbólico. La luna, testigo silenciosa de tantas guitarreadas, y el salitral, esa tierra dura y fértil a la vez, funcionaron como metáforas de una trayectoria forjada con esfuerzo colectivo y convicción artística.
Invitados y reconocimientos
La noche contó con la participación de artistas invitados que formaron parte del entramado afectivo y musical del grupo. Entre ellos, Rody Montenegro y Luisa Galván, quienes recibieron un reconocimiento a su trayectoria, en un gesto que puso en valor el camino recorrido por quienes también aportaron al crecimiento del folclore local y regional.
Asimismo, se sumaron a la velada Los Guadys, Raúl Collado y Juliana Acosta, provenientes de la ciudad de Quimilí, quienes aportaron su canto y su impronta a una celebración que se proyectó como un verdadero encuentro de voces y generaciones. La presencia de estos artistas reforzó el carácter colectivo del evento, donde la música se entendió como un espacio de intercambio y comunidad.
Una peña para todos
Desde la organización destacaron que el derecho de espectáculo tuvo un valor popular, una decisión que adquirió especial relevancia en el contexto económico actual. La intención fue clara: facilitar el acceso del público y garantizar que la celebración fuera verdaderamente inclusiva, fiel al espíritu del folclore como expresión del pueblo.
El espectáculo se realizó junto a Chúcaro Bar, en el marco del nuevo ciclo “La Folky Peña”, con la producción del músico Nico Montenegro, una propuesta que buscó revitalizar los espacios de encuentro cultural en la ciudad Capital y generar escenarios donde la música de raíz tuviera protagonismo.
El canto que continuó
A veintidós años de aquel comienzo casi adolescente, Salitral continuó cantando con la misma convicción. No hubo nostalgia paralizante, sino memoria activa. Cada canción fue una forma de agradecer lo andado y de seguir proyectando futuro. “Quisimos ser parte de ese paisaje santiagueño y cantarle a la tierra argentina”, afirmaron, y en esa frase se resumió una ética artística que atravesó toda su obra.
“Luna Salitrera” fue, entonces, una noche para celebrar la persistencia, el trabajo colectivo y la identidad. Una luna que iluminó el camino recorrido y el que vendría. Un salitral que, lejos de ser desierto, siguió dando canto.