24 de septiembre, 2026
Actualidad

Un proyecto presentado en la Legislatura bonaerense propone convertir en obligatoria la separación de residuos en los edificios de los tres poderes del Estado. La iniciativa vuelve a poner en escena una discusión que también atraviesa a Santiago del Estero: cómo reducir la basura que llega a disposición final, fortalecer el reciclaje y transformar la gestión de residuos en una política ambiental permanente.

La escena parece cotidiana: una oficina pública termina su jornada, los escritorios quedan vacíos y una bolsa concentra papeles, botellas, envases, cartón y restos de comida. Todo junto. Todo en el mismo destino. Pero esa bolsa puede contar otra historia.

Puede ser el comienzo de un circuito de recuperación, reciclaje y reutilización o convertirse, simplemente, en más volumen para un sistema de disposición final.

Esa diferencia está en el origen.

La discusión volvió a cobrar protagonismo a partir de un proyecto presentado por la senadora bonaerense María Emilia Subiza, del bloque Hechos-UCR Identidad, que propone establecer la separación obligatoria de los residuos sólidos urbanos generados en los edificios de los tres poderes del Estado de la Provincia de Buenos Aires.

La iniciativa plantea que funcionarios y trabajadores separen los residuos en el mismo lugar donde son generados, que existan cestos diferenciados, Puntos Verdes y espacios de acopio transitorio y que los servicios de limpieza y mantenimiento contemplen la recolección diferenciada.

También propone convenios con cooperativas de recuperadores urbanos, plantas municipales e instituciones civiles para retirar y valorizar los materiales reciclables.

El proyecto no tiene alcance sobre Santiago del Estero. Pero la discusión sí encuentra un territorio conocido en esta provincia.

Porque separar los residuos en origen no es una idea nueva para la legislación santiagueña.

Santiago ya tiene una hoja de ruta ambiental

La Ley provincial 6321, de Protección Ambiental, contempla entre sus principios la clasificación y separación de los residuos en la fuente, la recuperación mediante reciclaje y la reducción de la generación de residuos.

La normativa establece, además, responsabilidades para los municipios en materia de gestión de los residuos que no sean peligrosos, patogénicos o radiactivos.

Es decir, el concepto de separar antes de desechar ya forma parte del marco ambiental de Santiago del Estero.

El desafío está en convertir esa previsión normativa en una práctica cotidiana y sostenida.

La cuestión adquiere todavía mayor relevancia cuando se observa el proyecto de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) diseñado para Santiago del Estero y La Banda.

El esquema regional contempla infraestructura destinada a la clasificación, recuperación y disposición final de los residuos, además de acciones vinculadas con la inclusión social de los recuperadores urbanos.

La propuesta oficial incluyó un Centro Ambiental para Santiago del Estero y una planta de separación y transferencia en La Banda.

Según la documentación oficial, esta última fue proyectada con capacidad para procesar aproximadamente 15 toneladas de residuos por hora.

No se trata solamente de levantar una planta.

El objetivo es modificar progresivamente la lógica con la que se maneja la basura.

 

Del basural a la economía circular

Durante décadas, la imagen de la basura estuvo asociada principalmente con el destino final: el lugar donde desaparecía de la vista. La economía circular propone mirar el problema desde el principio.

Un envase plástico, una caja de cartón, una botella de vidrio o una lata pueden dejar de ser considerados residuos sin valor si son separados correctamente y encuentran un circuito de recuperación.

La documentación del proyecto GIRSU Santiago del Estero-La Banda plantea justamente fortalecer la recuperación de la fracción seca de los residuos.

Los materiales que puedan ser valorizados deberían ingresar a circuitos de clasificación y reciclaje, mientras que aquello que no pueda recuperarse tendría como destino la disposición final. La diferencia parece sencilla, pero implica modificar hábitos.

Y allí aparece uno de los puntos centrales: no existe separación eficiente si todo llega mezclado.

La planta puede clasificar, pero la primera clasificación ocurre mucho antes, en una casa, una escuela, un comercio o una oficina. El Estado también produce residuos

El proyecto bonaerense coloca el foco en un aspecto que suele quedar relegado: los propios organismos públicos generan residuos todos los días. Por eso propone que la administración pública sea parte activa del cambio.

La iniciativa contempla cartelería para explicar cómo separar los materiales y capacitación obligatoria para el personal estatal. También establece que los contratos de limpieza y mantenimiento deberán adaptarse para garantizar que la separación realizada en los cestos no se pierda posteriormente durante la recolección.

La lógica es evitar que una bolsa con materiales correctamente separados termine nuevamente mezclada.

En Santiago del Estero, una política de características similares podría vincularse con la infraestructura prevista por el sistema GIRSU y con los objetivos establecidos por la legislación ambiental provincial.

No se trata de copiar una normativa diseñada para otra jurisdicción, sino de observar un debate que puede tener puntos de contacto con una problemática local.

 

Los recuperadores, una pieza clave

Hay otro actor fundamental en esta discusión: los recuperadores urbanos.

La gestión de residuos no empieza ni termina con el camión recolector. Detrás de cada material recuperado existe una cadena de trabajo que incluye recolección, clasificación, acondicionamiento, traslado y comercialización.

Los proyectos oficiales para Santiago del Estero y La Banda incorporaron la dimensión social de esta actividad y plantearon mecanismos de inclusión para quienes actualmente trabajan recuperando materiales.

La separación en origen puede facilitar ese proceso.

Cuando el papel, el cartón, el plástico, el vidrio y los metales son descartados juntos con residuos orgánicos, su recuperación se vuelve más compleja. Cuando llegan separados, el material conserva mejores condiciones para ser clasificado y aprovechado.

Por eso, la discusión ambiental también tiene una dimensión laboral y económica.

 

 

 

El desafío para Santiago

Santiago del Estero y La Banda tienen por delante una tarea que excede la construcción de infraestructura: consolidar una cultura de separación. La normativa existe.

Los proyectos de gestión integral fueron diseñados.

Las organizaciones de recuperadores desarrollan tareas de concientización.

Y el debate nacional sobre economía circular sigue creciendo. La pregunta es cómo conectar todos esos elementos.

La experiencia planteada en Buenos Aires vuelve a colocar sobre la mesa una posibilidad concreta: que los organismos estatales sean también espacios de educación ambiental.

Una oficina pública puede convertirse en un lugar donde cientos de trabajadores incorporen diariamente una práctica que luego trasladen a sus hogares.

Una escuela puede hacer lo mismo con sus alumnos. Un comercio, con sus empleados y clientes. Una ciudad, con sus vecinos. La separación en origen deja entonces de ser solamente una cuestión vinculada con la basura y pasa a convertirse en una política de gestión ambiental.

 

La basura que todavía puede tener otra vida

En Santiago del Estero, el debate tiene una particularidad: buena parte de las herramientas necesarias ya fueron incorporadas al marco normativo y a la planificación oficial.

El desafío está en la implementación, la infraestructura, la educación ambiental y la participación de la ciudadanía. Porque el problema no desaparece cuando el camión se lleva una bolsa. Simplemente cambia de lugar.

Cada residuo que se mezcla sin necesidad puede representar un material que deja de recuperarse. Cada material separado correctamente puede evitar una disposición final innecesaria y alimentar una cadena de reciclaje.

Por eso, la discusión que llega desde Buenos Aires sirve también como espejo para Santiago del Estero. No se trata solamente de preguntarse dónde termina la basura.

La pregunta más importante es otra: ¿qué parte de esa basura podría no haber terminado allí? La respuesta empieza mucho antes del camión recolector. Empieza en el lugar donde se genera el residuo.

Y también, desde ahora, en la forma en que cada institución, cada organismo público y cada ciudadano decide descartarlo.

 

Compartir: