22 de enero, 2026
Actualidad

La temporada de verano 2026 confirma un cambio en los hábitos de viaje de los argentinos, marcado por decisiones tardías, estadías breves y un consumo más racional. En Santiago del Estero, este comportamiento se traduce en una ocupación general moderada, pero con subas significativas cada vez que la agenda cultural, deportiva y recreativa activa el turismo.

La temporada veraniega del 2026 confirma que el turismo argentino atraviesa una etapa de reorganización más que de retracción. Los datos muestran un escenario heterogéneo, marcado por picos de ocupación, decisiones tardías y un turista que prioriza experiencias concretas por sobre estadías largas. 
En ese contexto, Santiago del Estero se inscribe dentro de una tendencia nacional, pero con dinámicas propias que permiten leer el comportamiento del sector en clave local.
Durante la primera quincena del verano, la provincia registró un nivel de ocupación promedio del 36%. Si bien el número se ubica entre los más moderados del país, el dato cobra otra dimensión cuando se observa el comportamiento real de la demanda: cada vez que la agenda cultural, deportiva o recreativa ofreció un evento de relevancia, la ocupación se incrementó de manera inmediata, especialmente durante los fines de semana. Este patrón reafirma una tendencia que atraviesa a todo el país: el turista 2026 no viaja por inercia, viaja cuando encuentra un motivo claro.
En ese marco, los destinos termales y emergentes de Santiago del Estero mostraron un desempeño destacado. Termas de Río Hondo, Villa Ojo de Agua y Sumampa alcanzaron niveles de ocupación de entre el 50% y el 70%, con picos marcados en coincidencia con recitales, competencias deportivas y encuentros culturales. La ciudad termal, en particular, continúa consolidándose como uno de los polos turísticos más sólidos del Norte argentino, con una capacidad comprobada para atraer visitantes incluso en contextos de consumo más medido.
A nivel nacional el verano ya no se organiza por la anticipación, sino por “picos”. Santiago del Estero encaja con claridad en esa lógica: la ocupación no se sostiene de manera lineal, pero responde rápidamente cuando hay una propuesta concreta que funciona como disparador del viaje.
La temporada también expone fuertes contrastes territoriales que ayudan a contextualizar el desempeño de provincias como Santiago del Estero. Mientras destinos consolidados como Ushuaia, Puerto Iguazú, Bariloche o algunos centros serranos y costeros registraron ocupaciones superiores al 80 por ciento, e incluso picos cercanos a la ocupación plena, otras plazas del Norte y del Litoral mostraron niveles medios o bajos, aunque con expectativas de recuperación hacia la segunda quincena. Esta disparidad confirma que el verano 2026 no se explica por una lógica homogénea, sino por la capacidad de cada destino de activar demanda a partir de su propuesta específica, su conectividad y su agenda de actividades.
En ese mismo sentido, el gasto turístico, aun en un contexto de consumo más prudente, continúa siendo significativo en términos macroeconómicos. En destinos de alta tracción, el gasto diario por persona se elevó de manera notable, impulsado por excursiones, actividades premium y servicios asociados. Esto demuestra que el turista no deja de gastar, sino que concentra su presupuesto en experiencias de alto valor percibido. A escala nacional, este comportamiento refuerza la idea de que el desafío para los destinos emergentes y de perfil regional no es competir en volumen, sino fortalecer propuestas diferenciadas que justifiquen el viaje y permitan captar una mayor porción del gasto disponible.

 EL NUEVO TURISTA
Este escenario está ligado al nuevo perfil del turista. En la provincia, al igual que en otras regiones del país, se observa un visitante activo pero prudente: las decisiones de viaje se toman con poca antelación, las estadías tienden a ser más cortas y el gasto se administra con mayor racionalidad.
Sin embargo, este comportamiento no implica una caída del impacto económico. Por el contrario, el gasto promedio diario en Santiago del Estero se ubicó en torno a los 70 mil pesos por persona, concentrado principalmente en alojamiento, gastronomía, entretenimiento y transporte.
Se trata de un consumo selectivo, pero constante, que genera movimiento real en las economías locales, especialmente en aquellas ciudades con oferta termal, cultural o recreativa. El turista prioriza experiencias con sentido, elige dónde gastar y ajusta consumos accesorios, pero no deja de consumir. En este esquema, los destinos que logran diferenciar su propuesta y comunicarla con claridad son los que mejor sostienen la demanda.
El cruce entre turismo y eventos aparece como uno de los puntos más fuertes de la temporada. A nivel nacional, los festivales, carnavales, ferias y competencias deportivas funcionaron como los principales activadores del movimiento turístico. 
En Santiago del Estero, esta fórmula también muestra resultados concretos: cada evento relevante no solo incrementa la ocupación hotelera, sino que dinamiza la gastronomía, el comercio y los servicios asociados, generando un efecto de derrame que trasciende al sector turístico en sentido estricto.
La cultura y las fiestas populares cumplen, además, un rol identitario. No solo convocan visitantes, sino que refuerzan el posicionamiento de la provincia como destino con agenda propia, capaz de ofrecer experiencias vinculadas a su identidad, su música, sus tradiciones y su patrimonio. En un contexto donde el turista decide tarde y busca motivos claros para viajar, esta dimensión se vuelve estratégica.
Junto a los eventos, el producto naturaleza continúa siendo una experiencia que no se posterga. Si bien Santiago del Estero no integra el circuito de parques nacionales más visitados del país, la oferta termal, los paisajes del interior y las propuestas de turismo rural y cultural funcionan como atractivos complementarios que fortalecen la experiencia del visitante. La combinación entre descanso, actividades recreativas y eventos programados aparece como una de las claves para sostener el flujo turístico.

 DESAFÍOS DEL SECTOR
Uno de los principales desafíos señalados por prestadores y cámaras es el crecimiento de la oferta informal de alojamiento, que compite de manera directa con la hotelería registrada. Esta situación genera fuertes asimetrías de costos, presiona los precios a la baja y afecta la rentabilidad de los establecimientos formales, especialmente en destinos con alta demanda de escapadas cortas y alquiler temporario.
La rentabilidad también aparece bajo tensión. El turista consume de manera más selectiva, prioriza experiencias puntuales y ajusta gastos complementarios, mientras que los costos operativos, energía, insumos, personal y logística, continúan en niveles elevados, reduciendo los márgenes en buena parte del sector.
Otro aspecto crítico es la dependencia creciente de la agenda y del clima. La temporada se vuelve más volátil: cuando hay buen tiempo la demanda responde rápidamente, pero cuando ese factor falta la ocupación se retrae. Esto se evidenció con claridad desde mediados de diciembre y dificultó la planificación financiera de los prestadores, aumentando la incertidumbre, especialmente en destinos de escapada y turismo de cercanía.
Este verano también aparecieron con fuerza los desafíos de comunicación y percepción pública. En regiones afectadas por contingencias ambientales o climáticas, el sector advierte que los mensajes generalizados pueden desalentar viajes incluso hacia zonas que se encuentran plenamente operativas. La gestión de la información y la diferenciación territorial se vuelven claves para no “apagar” la temporada de manera innecesaria.
En este contexto, el verano 2026 deja una lectura clara para Santiago del Estero: el turismo no se retrae, se reorganiza. La demanda existe, pero responde a estímulos concretos. Allí donde hay propuestas claras, eventos bien comunicados y experiencias diferenciales, la ocupación y el consumo acompañan.
 El desafío hacia adelante será sostener y ampliar esa agenda, fortalecer la identidad turística provincial y adaptarse a un visitante que ya no viaja como antes, pero que sigue eligiendo moverse cuando encuentra razones para hacerlo.

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