06 de julio, 2026
Salud

Cada 25 de junio se conmemora el Día Mundial del Vitíligo, una fecha que busca concientizar sobre esta enfermedad de la piel y promover la inclusión de quienes la padecen.

La necesidad de unir esfuerzos para avanzar en los tratamientos del vitíligo y la visibilidad de la enfermedad son dos de los grandes objetivos de esta celebración.

 El Día Mundial del Vitíligo se puso en marcha en 2011. Desde entonces, cada 25 de junio terapeutas, médicos, pacientes y familias de personas con esta enfermedad unen sus fuerzas para visibilizar esta enfermedad que afecta a alrededor del 2% de la población. La celebración sirve además para acabar con la estigmatización de los afectados en muchos países del mundo.

El vitíligo es una enfermedad de la piel que se caracteriza por la aparición de manchas blancas. Estas se producen por la destrucción de los melanocitos, que son las células encargadas de producir melanina, el pigmento responsable de dar color a nuestra piel, pelo y mucosas.

Se estima que el vitíligo afecta del 1 al 2% de la población. Puede aparecer poco tiempo después del nacimiento o en la vejez, pero la mitad de los pacientes desarrollan la enfermedad antes de los 20 años y el 70-80%, antes de los 30 años. Afecta tanto a hombres como a mujeres.

Un 20% presenta antecedentes familiares de vitíligo y los casos con agregación familiar no son infrecuentes. Existe una predisposición genética, pero no se considera una enfermedad hereditaria en sí misma. Cualquier persona puede tener vitíligo pero es más probable en aquellas que tienen una predisposición, o en quienes tienen contacto directo y frecuente con sustancias químicas. Existen factores genéticos y no genéticos en su patogenia.

 Esta enfermedad en general afecta áreas normalmente más pigmentadas como la cara, las axilas, las inglés, las mucosas (genitales, labios y encías); áreas sometidas a fricción permanente traumatismo como el dorso de las manos, de los pies, de los codos, de las rodillas y de los tobillos.

 Los pacientes no tienen consecuencias graves a nivel físico, pero pueden tener un padecimiento psíquico social. Es importante aclarar que no se trata de una enfermedad contagiosa.

 

Más allá de la piel

El impacto emocional del vitíligo puede ser profundo. Las preocupaciones estéticas y el miedo al rechazo social contribuyen a aumentar los niveles de estrés, ansiedad y depresión entre las personas con vitíligo. Muchas experimentan sentimientos de vergüenza, timidez debido a la visibilidad de la afección.

El vitíligo puede afectar significativamente la imagen corporal y la autoestima. La pérdida de pigmentación en áreas visibles como la cara, el cuello y las manos puede generar una percepción negativa de la propia apariencia.

Estudios han demostrado que las personas con vitíligo pueden desarrollar una imagen corporal distorsionada y presentar conductas de evitación, como usar ropa que oculte la zona afectada o evitar situaciones sociales.

El impacto en la autoestima puede ser particularmente grave, ya que la afección puede interferir con las relaciones personales, las aspiraciones profesionales y la calidad de vida en general.

La estigmatización y la discriminación son experiencias comunes para las personas con esta enfermedad. Los prejuicios sociales y la ignorancia en torno a esta afección pueden provocar exclusión social, burlas y acoso.

 La falta de conocimiento público sobre el vitíligo suele generar malentendidos, lo que agrava aún más las dificultades que enfrentan quienes lo padecen. Estas experiencias pueden contribuir a la sensación de aislamiento y afectar significativamente el bienestar mental. Afrontar las consecuencias emocionales del vitíligo requiere resiliencia y apoyo psicológico para superar estos desafíos.

Tratamientos disponibles

El objetivo principal del tratamiento del vitíligo es detener el avance de la despigmentación y favorecer la recuperación del color de la piel. Sin embargo, los especialistas advierten que los resultados pueden variar de una persona a otra y que, en promedio, la repigmentación alcanza entre el 70 y el 75% de las zonas afectadas.

Las áreas que mejor responden a los tratamientos suelen ser la cara y, en menor medida, el tronco. En cambio, las manos, los pies y las uñas presentan mayores dificultades para recuperar la pigmentación. Además, los niños suelen obtener mejores resultados que los adultos.

Existen diferentes opciones terapéuticas. Entre las más utilizadas se encuentran los corticoides tópicos y los tratamientos con luz ultravioleta, que ayudan a estimular la repigmentación de la piel. La elección de cada tratamiento depende del tipo de vitíligo, la extensión de las manchas, la edad del paciente y las expectativas respecto de los resultados.

Los especialistas también destacan la importancia de la fotoprotección mediante el uso de protector solar, así como el empleo de técnicas de camuflaje cosmético para mejorar la apariencia de las zonas afectadas.

Debido a que los tratamientos suelen requerir varios meses para mostrar resultados, es fundamental mantener un seguimiento médico. Si después de tres o cuatro meses no se observan mejoras, el profesional puede indicar la suspensión del tratamiento y evaluar otras alternativas. Aun cuando se logra una buena respuesta, las recaídas son frecuentes, por lo que el control periódico continúa siendo una parte importante del cuidado de la enfermedad.

 

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