12 de marzo, 2026
Actualidad

La violencia de género no siempre deja marcas visibles. Desde el control y la humillación hasta la violencia vicaria y las restricciones judiciales, la abogada de familia Dra. Claudia Pallares explica cómo funciona el sistema legal, qué medidas pueden solicitarse y por qué denunciar sigue siendo un acto complejo pero necesario.

Comienza el día, y es mamá quien ya está arriba. El desayuno está listo, la ropa y los uniformes planchados. El padre sale a trabajar. El día transcurre y ella queda en casa esperando a todos con la cena recién preparada, la casa limpia. Suspira de cansancio. Él apenas levanta la vista del plato y lanza, con ironía: “¿De qué estás cansada si vos no trabajas?”. Después se acuesta en su habitación reluciente.

El fin de semana llega. La hija se arregla para salir. El hermano menor también tiene planes. Desde adentro, una voz los frena: “¿A dónde crees que vas vos?”. A él lo despide con tranquilidad. El cuestionamiento recibe una respuesta usual: “Es el varón, vos no. No puedes hacer lo que quieras”.

El tiempo pasa y llega el primer amor. Citas, detalles, promesas. La joven en el espejo se siente feliz con su vestido. Ahora si puede salir, pues el padre confía en su yerno. En el encuentro él la mira y automáticamente cuestiona: “¿Por qué te pones eso? Es muy corto. Así todos te van a mirar”. La noche continúa con otro conjunto de ropa, y el ánimo un poco apago. En el departamento, cuando ella intenta decir que no, él responde: “¿Cómo qué no? Si sos mi novia”.

Cuando finalmente lo cuenta, escucha: “Te pidió que te cambies porque te cuida”. “Exageraste”. “Tenía razón”.

No siempre hay golpes. No siempre hay moretones. Pero hay violencia. Y muchas veces comienza mucho antes de que alguien la nombre.

 

 QUÉ ES LA VIOLENCIA DE GÉNERO SEGÚN LA LEY

La Ley 26.485 define la violencia contra la mujer como “toda conducta, por acción u omisión, basada en razones de género, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, participación política, como así también su seguridad personal”.

La abogada de familia, Dra. Claudia Pallares, en una entrevista exclusiva con la LA COLUMNA, explica: “La ley habla de una violencia de manera directa o indirecta. No siempre tiene que ser directa la violencia, a veces es a través de otras personas. Abarca ambos ámbitos, público como privado. Eso es importante porque es un campo más amplio de lo que es la violencia familiar.”

Y agrega un punto central: “Toda violencia tiene que ver con una relación de desigualdad, con una relación de asimetría y de poder. Ese poder muchas veces está dado por el solo hecho de que el varón se cree por encima y dueño de la mujer.”

Identificarla no es simple. “Se han naturalizado tanto algunos comportamientos y se ha naturalizado tanto la desigualdad entre el hombre y la mujer que entonces es difícil identificarla.”

 Los tipos de violencia que muchas veces se pasan por alto. Es por esto que la ley distingue diferentes tipos de violencia.

Nombrarlas permite reconocerlas.

  • Física: golpes, empujones, agresiones.
  • Psicológica: humillaciones, control, celos, amenazas.
  • Sexual: cualquier acto sin consentimiento, incluso dentro de la pareja.
  • Económica y patrimonial: control del dinero, impedimento de trabajar, ocultamiento de bienes.
  • Simbólica: comentarios con estereotipos que desvalorizan a la mujer.
  • Social: aislamiento, humillación pública.
  • Ambiental: destrucción de objetos en el lugar que reside o está presente la víctima.

 

“La mención de distintos tipos de violencia es importante para desmitificar esta cuestión de la violencia solamente física”, subraya Pallares.

Sobre violencia sexual es contundente: “Implica todo tipo de acto que no sea consentido, incluso en una relación de pareja o una relación matrimonial. Si te obligan a hacer algo que vos no quieres hacer, claramente es violencia.” Que no quiera usar preservativos, que obligue a realizar actos que la mujer no quiere, por ejemplo.

De igual manera se refiere a la económica: “Se cree que solo hay violencia económica si el hombre le niega dinero a su pareja. Y realmente no. También es cuando controla ingresos de ella o cuestiona sus gastos”.

Actualmente, muchas personas se quejan de que “ahora todo es violencia”. La Dra. Pallares expresa, irónica, que: “Si, todo es violencia. Y mejor que sea así”. Lo cierto es que todo lo nombrado siempre ha sido violencia, solo que no tenía un nombre y no estaba contemplado. Después de mucho esfuerzo, la ley finalmente ha logrado tipificar y nombrar a aquello que lastima a muchas mujeres.

 

CUANDO LOS HIJOS SE CONVIERTEN EN EL CAMPO DE BATALLA

Hay una forma de violencia que durante años no tuvo nombre en el debate público. Hoy se la llama violencia vicaria. No siempre el golpe va directo al cuerpo de la mujer. A veces va hacia lo que más ama.

La violencia vicaria es una forma de violencia por la cual los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a sus madres

El agresor emplea a los niños como herramienta de control y tortura psicológica hacia la madre. No se trata solo de causar un daño puntual: es una forma de violencia cuyo objetivo es generar el máximo sufrimiento posible, incluso cuando la relación ya ha terminado. En los casos más extremos, esta violencia llega a traducirse en el asesinato de los hijos e hijas.

La violencia vicaria puede adoptar diferentes manifestaciones, pero una de las más frecuentes es la amenaza:

  • amenazar con llevarse a los niños,
  • quitar la custodia,
  • incluso matarlos.

Estas amenazas buscan generar miedo constante en la madre y usar la relación con los menores como arma de control.

En el plano judicial, esto abre una tensión compleja: proteger a la madre sin desconocer el derecho del niño a mantener vínculo con ambos progenitores.

Pero el proceso no es lineal. El sistema intenta equilibrar el interés superior del niño con la necesidad de protección. Y en ese terreno, muchas veces, el agresor encuentra un nuevo espacio de poder.

La violencia deja de ser solo doméstica. Se vuelve procesal. Se traslada al expediente.

 

EL CICLO QUE ATRAPA

Una de las primeras preguntas frente a diferentes casos de violencia es “¿Por qué no lo deja?”.  Pero la violencia no suele aparecer de manera aislada. Existe un patrón.

La Dra. Claudia Pallares detalla “Hay tres fases: la fase de tensión, la fase de la agresión y la fase del arrepentimiento, luna de miel”. De esto trata el ciclo de la violencia, un patrón repetitivo de comportamiento en relaciones abusivas.

Primero aumentan los conflictos y humillaciones. Luego estalla la agresión. Después llega el pedido de perdón.

“El violento se arrepiente o por lo menos dice que se arrepiente, pide perdón, promete que no va a volver a pasar y entonces el ciclo vuelve a comenzar”, agrega. Suele ser un ciclo que se repite muchas veces, y cada vez es más difícil escapar. Esto explica por qué es difícil irse.

 

 PEDIR AYUDA: EL PRIMER PASO

Tomar la decisión es el momento más complejo.  “Primero te tienes que reconocer como víctima. Y eso es lo más difícil.” resalta Pallares.

Para cuando este proceso personal interno sucede, existen herramientas al alcance de todas las víctimas, cuenten con recursos económicos o no. En Santiago del Estero se cuenta con:

  • Oficina de Protección a las Víctimas de Violencia Familiar y de la Mujer
  • Fiscalías y la Unidad de Violencia de Genero.
  • Juzgado de Genero
  • Dirección Provincial De Género

Lugares disponibles para buscar información y asesoramiento.

Uno de los mayores miedos de muchas víctimas  es enfrentarse a un procedimiento penal, sin embargo, no siempre es necesario. Cada organismo analiza la situación particular de cada una, y esto solo es necesario si se encuentra que el riesgo que atraviesa es muy alto.

De esta manera, es importante conocer las medidas de protección, que suelen aplicarse sin necesidad de un procedimiento penal y sirven para ayudar a mujeres que atraviesan maltrato. En este contexto, la abogada aclara: “No es que yo voy y digo alguna cuestión y simplemente me creen. Hay un equipo interdisciplinario que trabaja identificando el riesgo.”

Dependiendo el riesgo, se puede aplicar alguna de las diferentes medidas:

  • Exclusión del hogar: Se puede solicitar incluso si la vivienda es propiedad del agresor o si se trata de un matrimonio.
  • Prohibiciones de acercamiento: No solo al domicilio, sino a cualquier lugar que la mujer frecuente, como su trabajo o la escuela de los hijos.
  • Protección económica inicial: Se puede establecer una cuota alimentaria provisoria para evitar el desamparo de la mujer y sus hijos.
  • Vínculo con los hijos: Se puede dictar un régimen de comunicación provisorio.

 

Otro detalle es que en el debate público suele instalarse la idea de que las denuncias se presentan sin pruebas. Pallares es clara: “Una de mil debe haber falsas denuncias, no digo que no existan.” Pero agrega: “No basta la palabra solamente, en general tiene que ver mínimo con la valoración de equipos interdisciplinarios.”

Las medidas cautelares no son condenas penales. Son herramientas preventivas frente al riesgo.

 

 LOS NÚMEROSQUE DUELEN

Las estadísticas no son abstractas.  Desde el Observatorio “Ahora Que Sí Nos Ven” se revelo que entre el 1 de enero y el 27 de febrero del 2026 hubo 43 víctimas fatales de violencia de género en Argentina, de los cuales 35 fueron femicidios directos, 5 femicidios vinculados, 2 instigaciones al suicidio y 1 travesticidio.

 

Los datos registrados son:

  • 43 víctimas fatales
  • 1 femicidio cada 34 hs
  • En febrero 17 casos
  • 72 intentos de femicidio. 1 intento cada 21hs.
  • El 19% había denunciado
  • El 72% de los agresores eran parejas o ex parejas
  • El 44% ocurrió en la vivienda de la víctima y el 23% en la compartida con el agresor
  • Al menos 23 niños quedaron sin sus madres

Santiago del Estero fue una de las provincias con más incidencia. En febrero se registraron 3 femicidios. Frente este contexto, la abogada sostiene “No es casual la cantidad”

Y sintetiza en una frase que atraviesa toda la problemática: “Nos matan porque somos mujeres.”

De igual manera se pregunta “¿Por qué tenemos que vivir con miedo, salir con miedo, regresar con miedo?”, e invita a aquellas mujeres que se encuentran sufriendo que se pregunten “¿Qué quiero para mi vida? ¿Realmente tengo que vivir así?”.

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