La OMS advierte que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y alerta sobre sus efectos en la salud física y mental. En ese contexto, el vínculo con los animales puede aportar compañía, rutinas e interacción, aunque no reemplaza las relaciones humanas ni la atención profesional.
Un informe de la Comisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre Conexión Social advierte sobre la magnitud de esta problemática: 1 de cada 6 personas en el mundo experimenta soledad.
Según el organismo, esta situación está vinculada con aproximadamente 871.000 muertes al año, además de un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro cognitivo y muerte prematura.
La OMS distingue entre la soledad, entendida como el sentimiento doloroso que surge cuando los vínculos reales no coinciden con los que una persona desea, y el aislamiento social, que refiere a la falta objetiva de conexiones suficientes. Ambas situaciones pueden afectar la salud física y mental, mientras que las relaciones sociales sólidas contribuyen al bienestar y a una vida más saludable.
La conexión no depende exclusivamente de la cantidad de personas con las que alguien interactúa, sino también de la calidad de esos vínculos y de las experiencias cotidianas que permiten construir compañía, confianza y sentido de pertenencia.
En ese entramado de relaciones, la convivencia con animales puede sumar experiencias de conexión. Alimentar a una mascota, jugar con ella, acariciarla o salir a pasear son actividades que incorporan momentos de interacción y rutinas de cuidado a la vida diaria.
“Una mascota no reemplaza los vínculos humanos ni constituye exclusivamente un tratamiento para un problema de salud mental, pero sí puede formar parte de una vida cotidiana con más compañía, rutinas y conexión”, explica María Fernanda Serralta, médica veterinaria.
La especialista señala que convivir con un animal implica una responsabilidad concreta y sostenida: atender sus necesidades, cuidar su salud y dedicarle tiempo. Esa interacción puede adquirir un valor especial en momentos en los que las personas experimentan una mayor sensación de desconexión.
La presencia de una mascota también puede favorecer la incorporación de hábitos, como mantener horarios de alimentación, reservar momentos para el juego o realizar caminatas. Estas actividades organizan parte de la jornada y generan oportunidades para interactuar con otras personas, por ejemplo, durante los paseos o en espacios compartidos con otros cuidadores de animales.
Sin embargo, los efectos del vínculo no son iguales para todas las personas. La convivencia con una mascota también implica responsabilidades, gastos y necesidades de atención que deben poder sostenerse. Por eso, su aporte al bienestar debe entenderse como parte de una red más amplia de relaciones, hábitos saludables y, cuando sea necesario, atención profesional.

En su informe, la OMS propone fortalecer la conexión social mediante políticas públicas, investigación, intervenciones comunitarias y campañas de sensibilización. Entre las medidas posibles, destaca la importancia de contar con espacios que favorezcan el encuentro, como parques, bibliotecas y otros ámbitos comunitarios, además de promover acciones cotidianas de acompañamiento y participación.
La magnitud del problema se puede reflejar en las diferencias entre grupos de edad y condiciones de vida. Según la OMS, entre el 17% y el 21% de las personas de entre 13 y 29 años manifiestan sentirse solas, con las cifras más elevadas entre los adolescentes. El organismo también advierte que el aislamiento social puede afectar hasta a 1 de cada 3 adultos mayores y a 1 de cada 4 adolescentes. Estos datos muestran que la desconexión atraviesa distintas etapas de la vida y que sus causas no responden a un único factor.
Entre los elementos que pueden favorecer la soledad se encuentran los problemas de salud, las dificultades económicas, vivir solo y la falta de espacios comunitarios que faciliten el encuentro. La tecnología también forma parte de este escenario: aunque permite mantener el contacto a distancia, pasar demasiado tiempo frente a las pantallas o experimentar interacciones negativas en línea puede afectar el bienestar. Por eso, la OMS plantea la necesidad de promover formas de conexión que fortalezcan las relaciones y no se limiten a la comunicación digital.
Frente a esta realidad, las actividades cotidianas pueden convertirse en oportunidades para recuperar el contacto con otras personas y con el entorno. Participar en grupos, realizar caminatas, compartir tiempo con amigos o involucrarse en propuestas comunitarias son algunas de las acciones que contribuyen a fortalecer los vínculos. En ese marco, el cuidado de una mascota también puede ofrecer momentos de compañía y una rutina compartida, además de propiciar encuentros con otras personas durante los paseos o en espacios vinculados al cuidado animal.
La propuesta de la OMS apunta, precisamente, a que la conexión social sea reconocida como una prioridad de salud pública, con políticas, intervenciones y espacios que favorezcan el encuentro. No se trata de responsabilizar a cada persona por su soledad, sino de generar condiciones sociales que faciliten la construcción de vínculos. Desde esa perspectiva, la convivencia con animales puede sumar una experiencia significativa de compañía, siempre que se comprenda como parte de un bienestar integral que también necesita relaciones humanas, redes de apoyo y acceso a atención profesional cuando sea necesario.
En ese sentido, el vínculo con las mascotas puede formar parte de las experiencias que enriquecen la vida cotidiana, sin sustituir la necesidad de contar con relaciones humanas significativas. Una caminata, un rato de juego o el simple acto de compartir un espacio pueden convertirse en momentos de presencia y conexión en una rutina atravesada por las pantallas y las obligaciones.
En el Día Mundial de la Salud Mental, la relación entre conexión social y bienestar invita a prestar atención a los vínculos que forman parte de la vida diaria. Las mascotas pueden ocupar un lugar significativo en esa trama, aportando compañía y oportunidades de interacción. Su cuidado, al mismo tiempo, recuerda que el bienestar compartido también requiere tiempo, responsabilidad y atención.