12 de marzo, 2026
Actualidad

“Y, si no hacen nada”, “la culpa la tienen los de arriba”, “¿dónde irá a parar la plata de nuestros impuestos?”. Esas son algunas de las aseveraciones que emiten los ciudadanos comunes cuando pasa, como nos está pasando, que nos inundamos. El tema es que nadie se hace cargo de la propia irresponsabilidad. Es la sumatoria de irresponsables que fatigan con sus dejadeces el sistema de drenaje urbano. La culpa no es de otro, la culpa es de usted si tira un desecho en la calle.

Con motivo de las recientes y copiosas lluvias, las calles santiagueñas se han visto colapsadas por el agua. Grandes oleadas, literalmente han impedido movilidad de autos, todo tipo de rodados y ni qué hablar de peatones.

Comienzo así dado que nada es casual y todo es causal.

Se trata de los desagües que no funcionan por culpa de un mal muy asentado en nuestra sociedad: la desidia.

La desidia particularmente en la basura. Y aquí la cosa requiere nuestra particular atención.

En una sociedad propensa a la derivación de responsabilidades en otras personas y no hacerse cargo de los propios actos, el arrojar basura al piso es moneda corriente. 

“Total, nadie me ve; la limpieza de la calle no es mi responsabilidad; ya vendrán a limpiar”; y mil razones o sinrazones más.

Ocurre que después, ese vaso de café al paso, con la correspondiente cucharita, esos papeles de caramelos, la lata de gaseosa o el pañal del bebé sin envoltorio correspondiente, pasarán a formar parte de nuestro paisaje urbano.

Sucio, atractivo de diferentes bichos y alimañas diversas. Pero hasta allí, sigue pareciendo territorio ajeno. Responsabilidad del que viene atrás.

Un día, una señora muy elegante caminaba por el Centro Cultural del Bicentenario y “se le cayó un papel”, yo le dije que se le había caído algo. Ella se perturbó un poco y lo levantó a regañadientes.

Los principales residuos que tapan los desagües y alcantarillas en las calles incluyen botellas de plástico, envoltorios, colillas de cigarrillos, restos de comida, envases de cartón, pañales, toallas sanitarias, bolsas de basura, neumáticos y escombros. Estos elementos obstruyen el flujo de agua, causando inundaciones, malos olores y daños a la infraestructura.

Según Google, estos son los elementos más arrojados:

-Residuos domésticos: botellas, bolsas, envoltorios de alimentos y envases de poliestireno (telgopor) son frecuentes bloqueadores.

-Residuos orgánicos y basura doméstica: restos de comida, comida rápida y basura sin embolsar correctamente que, a menudo, es dispersada por perros.

-Productos de higiene personal: toallas húmedas, pañales, tampones y toallas sanitarias que no deben arrojarse al sistema de alcantarillado.

-Residuos de construcción y voluminosos: escombros, neumáticos abandonados y materiales de obra que bloquean canales y acequias.

-Residuos pequeños y aceites: colillas de cigarrillos, aceites de cocina y grasas que se solidifican en las tuberías.

Todos estos productos detallados, no sólo amenazan la salubridad sino que generan los inconvenientes que paralizan las calles, al menos, santiagueñas.

Pero ¿cómo hacerle entender a una sociedad indisciplinada como la nuestra que somos responsables de la ciudad que tenemos?

La contaminación ambiental que deriva en los estrepitosos cambios climáticos que estamos padeciendo, los mismos, son producto de pequeños actos irresponsables de gente que no atina a entender que “la culpa no es del otro”, en todo caso, la disposición a hacer las cosas como corresponde, sabiendo además que son ellos, víctimas de sus propias irresponsabilidades.

 

HACIA UN CAMBIO DE MENTALIDAD

La mentalidad argentina, en general, está muy parapetada en la queja. Somos un tango hecho sociedad.

Siempre hay alguien que engaña, que no cumple con lo prometido, con lo que traicionó, pero no hay mejor engaño del que uno se profiere a sí mismo. Ante cualquier hecho que acontezca en la sociedad está la responsabilidad civil, la responsabilidad individual.

Eso hay que enseñarles a nuestros niños y muchos padres deberían saberlo.

Nuestros actos cotidianos inciden directamente en el cambio climático al aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero mediante el uso de combustibles fósiles, el consumo excesivo, la deforestación y la generación de residuos. Acciones como conducir, usar energía, desperdiciar comida o comprar productos plásticos intensifican el calentamiento global. Nada es gratuito. El cambio climático a estas alturas no es un imponderable.

Desde usar una bombita de luz de bajo consumo hasta ciertos alimentos. En efecto: el consumo de carne aumenta las emisiones de metano (un potente GEI). GEI: gas de efecto invernadero. Los más comunes incluyen el dióxido de carbono, el óxido nitroso, el vapor de agua y el ozono.

Además, el desperdicio de comida que termina en vertederos produce metano al descomponerse, mientras que el transporte y producción de alimentos utilizan recursos energéticos altos.

Pequeños actos que nos cambiarían la vida

Pareciera que estuviéramos viviendo en un apocalipsis.

Y usted se preguntará entonces, ¿cómo cambiar nuestro estilo de vida?

Pequeños actos cotidianos y concientizar a las generaciones futuras que ya tienen nociones, justamente, por lo que estamos viviendo.

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