El desarrollo puberal puede adelantarse y generar consecuencias físicas y emocionales en la infancia causando preocupación en las familias. La endocrinóloga infantil Natalia Bermejo explica qué es la pubertad precoz, cuáles son sus señales y por qué es importante detectarla a tiempo.
Tras un aumento de consultas por sospechas de pubertad precoz, la Sociedad Argentina de Pediatría logró evidenciar un incremento significativo de casos de desarrollo temprano en niñas durante la pandemia. Desde entonces, las cifras muestran que cada vez más menores en el mundo atraviesan cambios puberales antes de los 12 años, la edad promedio para la aparición de la primera menstruación, según una publicación reciente de la revista Nature.
La endocrinóloga infantil Natalia Bermejo, en diálogo con LA COLUMNA, explica que la pubertad precoz se define como la aparición de los signos de desarrollo antes de lo esperado: antes de los 8 años en niñas y antes de los 9 en varones.
“La pubertad comienza cuando el cerebro activa una señal hormonal desde el hipotálamo, que estimula a la hipófisis para liberar hormonas que actúan sobre ovarios o testículos. Estas glándulas producen estrógenos o testosterona, responsables de los cambios físicos. Cuando este proceso ocurre antes de lo esperado, todo el sistema se pone en marcha de forma anticipada”, señala.
Las señales tempranas no deben ignorarse. En las niñas, el primer signo suele ser el desarrollo mamario. También pueden aparecer vello púbico o axilar, olor corporal más intenso, acné o un crecimiento acelerado.
En los varones, el primer cambio es el aumento del tamaño testicular, algo que muchas veces pasa desapercibido. Luego aparecen el vello púbico, el crecimiento del pene, cambios en la voz y mayor velocidad de crecimiento.
Según la especialista, uno de los problemas más frecuentes es que estos signos sean minimizados por los adultos.
“Uno de los errores más comunes es pensar que ‘ya se le va a pasar’ y no consultar a tiempo. También puede ocurrir lo contrario: alarmarse demasiado. Lo ideal es acudir al pediatra o endocrinólogo infantil para evaluar si esos cambios son normales o requieren estudio”, explica.
CUANDO EL CUERPO SE ADELANTA
Más allá del desarrollo físico, la pubertad precoz puede tener un fuerte impacto emocional. Los niños y niñas que maduran antes que sus pares suelen sentirse diferentes o fuera de lugar.
“Muchas niñas viven estos cambios con confusión o vergüenza. A esa edad todavía no tienen herramientas emocionales para comprender lo que les está pasando. Por eso es clave el acompañamiento de los adultos y explicar con naturalidad lo que ocurre”, sostiene la Dra. Bermejo.
Desde el punto de vista médico, la principal preocupación está relacionada con el crecimiento.
“Si la pubertad ocurre demasiado temprano, puede afectar la estatura final porque los huesos maduran antes y el crecimiento se detiene antes de tiempo”, explica la especialista.
Además, algunos estudios sugieren que una pubertad muy temprana podría asociarse con mayor riesgo metabólico o cardiovascular en la vida adulta, así como con dificultades emocionales durante la infancia y la adolescencia.
La pubertad precoz no tiene una única causa. Se trata de un fenómeno complejo donde intervienen distintos factores.
“La genética tiene un rol importante, y también el estado nutricional. Hoy sabemos que la obesidad infantil, especialmente en niñas, se asocia con una pubertad más temprana”, explica la Dra. Bermejo.
A esto se suman factores ambientales, entre ellos los llamados disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de interferir con el funcionamiento de las hormonas.

“Se encuentran en plásticos, pesticidas, cosméticos, envases de alimentos, productos de limpieza o ciertos materiales industriales. Estamos expuestos a ellos de manera permanente”, detalla.
Si bien la evidencia científica aún estudia cuánto influyen exactamente en el inicio de la pubertad, algunos trabajos sugieren que podrían adelantar la activación del eje hormonal.
Para la endocrinóloga, el aumento de estos casos también obliga a pensar en el contexto en el que crecen las infancias.
“Vivimos en un ambiente muy diferente al de hace algunas décadas: cambios en la alimentación, mayor prevalencia de obesidad infantil, sedentarismo y exposición a múltiples sustancias químicas. Probablemente todo esto esté influyendo en la biología del desarrollo”, señala.
El desarrollo físico prematuro puede generar una preocupante asimetría entre la apariencia corporal y la madurez emocional, exponiendo a niños y niñas a situaciones de vulnerabilidad o interacciones sociales de carácter sexualizado para las que aún no cuentan con herramientas de gestión.
CONSULTAR A TIEMPO
No todos los casos requieren tratamiento. En algunos niños se trata de variantes benignas del desarrollo y solo se realizan controles periódicos. En otros, cuando se confirma una activación temprana del eje hormonal, puede indicarse tratamiento para frenar la progresión de la pubertad.
Por eso, la especialista insiste en la importancia de la consulta temprana.
“En las niñas, el desarrollo mamario antes de los 8 años siempre debe evaluarse. En los varones, el aumento del tamaño testicular antes de los 9 años. Ante cualquier duda, lo mejor es consultar con profesionales especializados en infancias”, afirma.
Aunque no todos los casos se pueden prevenir, existen hábitos que ayudan a reducir ciertos riesgos. Entre ellos, evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, preferir envases de vidrio, reducir el consumo de ultraprocesados y fomentar una alimentación equilibrada con actividad física regular.
La especialista también advierte sobre prácticas cada vez más frecuentes en la infancia.
“No usar maquillajes en niñas pequeñas. Lo veo muchísimo: niñas que se maquillan a edades muy tempranas. Es importante utilizar productos de higiene y cosmética adecuados para niños”, señala.
Para la Dra. Bermejo, el desafío se encuentra en dejar de naturalizar los cambios tempranos. “El desarrollo puberal es un proceso delicado que debe ocurrir en el momento adecuado. Cuando se adelanta demasiado, no es solo una cuestión de crecimiento o apariencia física: puede afectar la salud y el bienestar de los niños”, concluye.
De la misma manera, finaliza resaltando que el desarrollo puberal es un proceso delicado que debe ocurrir en el momento adecuado. Cuando se adelanta demasiado, no es solo una cuestión de crecimiento o apariencia física: puede afectar la salud y el bienestar de los niños.
La clave es detectarlo a tiempo y acompañarlos adecuadamente hace una gran diferencia. Diariamente acompaña familias y nota que atravesar por estos casos genera mucha angustia y ansiedad el tema. Es por esto que recuerda que hoy en día existe tratamiento y profesiones en la provincia a quien puedan recurrir.