Diseñadora, decoradora y paracaidista, Luciana Manfredi aplica precisión y creatividad en cada una de sus piezas de diseño. A través de su marca promueve una producción sustentable basada en la reutilización y el trabajo en equipo.
Hay proyectos que no empiezan con una decisión clara, sino con algo más difuso: un impulso, una intuición, un juego que se repite hasta volverse hábito.
En el caso de Luciana Manfredi, todo empezó así. Con materiales sueltos, con ferias, con una curiosidad constante por hacer cosas con las manos. Después vino el oficio. Y mucho después, la certeza.
Hoy su marca lleva su nombre, pero también una forma de mirar: reutilizar, optimizar, diseñar con lo que otros descartan. En un contexto donde emprender implica sostenerse entre vaivenes, su recorrido combina intuición, disciplina y una decisión que aparece varias veces en la charla: hacer lo que le gusta, incluso cuando no es lo más fácil.
- ¿De qué se trata el emprendimiento?
- El emprendimiento es de diseño textil, de joyería y marroquinería. Se basa, sobre todo para la joyería, en la reutilización de materiales de descarte. En el caso de la marroquinería, como se necesitan piezas textiles más grandes, lo que se intenta es hacer molderías de desperdicio cero; es decir, pensar siempre en la mayor optimización del material.
- ¿Cómo fue que decidiste emprender por este lado? ¿Cómo arrancó todo?
- En realidad, desde muy chiquita esto empieza como un juego, después como una pasión, hasta que decido que sea una profesión. Estoy yendo a ferias desde los 14 o 15 años; he aprendido mucho ahí andando, muchos años de autodidacta. En el año 2010 yo estaba trabajando bajo relación de dependencia y estudiando decoración de interiores, y había empezado aquí en Santiago del Estero el "boom" de las ferias en los bares. Entre feria y feria me di cuenta de que esto era lo que realmente me gustaba. Decidí arriesgarme, dejar el trabajo estable, recibirme y ver cómo funcionaba el emprendimiento.
- ¿En qué te inspiras para realizar tus diseños?
- No hay nada puntual, pero me gusta tomar varias áreas de la arquitectura, el arte y otras cuestiones que no tengan que ver con el diseño en sí. Tomo mucha información de ahí y, por supuesto, de la necesidad que pueda tener mi futuro usuario. El diseño se trata de cumplir con una necesidad de manera funcional y simple.
- ¿Cuáles son las premisas que guían tu marca?
- Me manejo con dos premisas: una es crear jugando y diseñar pensando en desperdicio cero; la otra es acompañar con los objetos en la vida cotidiana de una manera simple y aventurera. Por eso selecciono materiales resistentes, de fácil limpieza y que brinden la mayor practicidad.
- ¿Con qué materiales prefieres trabajar?
- Ahora mayormente estoy con símil cuero. Empecé con este material porque una compañera que hacía carteras generaba mucho desperdicio y no me gusta sentir que algo se desperdicia cuando puede tener otra vida. Además, es un material muy bueno en cuanto a resistencia y vida útil. También uso corduras y lonas en marroquinería, pero no me encierro en un solo material. Por ejemplo, como soy paracaidista, a veces uso textiles de paracaídas que ya no se usan o cuerdas para armar una colección.
-Emprender en Argentina no es fácil…
-Dentro de todo sale bien porque uno hace lo que le gusta, pero también hay que ser consciente de que se necesitan otras cosas: carácter, personalidad para los vaivenes. Y disciplina, sobre todo. Por ahí te dicen “sos tu propio jefe”, pero en realidad terminas siendo más esclavo que antes, porque estás pendiente de todo.
- Tuviste la oportunidad de participar en ferias nacionales como Puro Diseño o Caminos y Sabores. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Las ferias locales me dieron el conocimiento de los primeros pasos, y las nacionales me sirvieron para mezclarme con diseñadores de toda Argentina, medirme un poco e intentar superarme. En 2019 tuve la posibilidad de participar en un evento en Barcelona para recién graduados, justo cuando terminaba mi máster en Dirección y Creación de Marcas de Moda. De esos eventos internacionales nació la "mochila Infinito", que es uno de los productos estrella de la marca.

- ¿Siempre te imaginaste teniendo tu propia marca y vendiendo en otros lugares?
- No sé si lo imaginaba, pero siempre he confiado mucho en lo que hacía. Quizás no dimensionaba hasta dónde se podía llegar, pero todo se fue dando natural. Desde muy chica decía que quería tener mi marca, mi taller y un negocio. Hoy, aunque no tengo un local físico abierto al público, el negocio está.
- Mencionaste unas escarapelas que son un éxito. ¿Cuál es la historia detrás de ellas?
- Las hago hace mil años. Cuando tenía 14 años, mi mamá llegó con una revista donde enseñaban a hacer unas con alfileres de gancho y me trajo los materiales. Empecé a hacerlas y, como me gustaba tener mi plata, comencé a vender en mi escuela y en otras. ¡Pude sobrevivir con las escarapelas! Ya con la marca formada, les di la estética que tienen ahora, pero es un producto que me acompaña hace mucho.
-¿Nunca pensaste en dejar?
-Sí, por los vaivenes. Dices “bueno, ya está, no lo hago más”. Pero a la vez no me imagino sin diseñar. Así que sigo.
- ¿Cómo es tu proceso de trabajo actual? ¿Trabajas sola?
- La idea es que la marca funcione sin que yo esté presente en todo el proceso. Yo me encargo del diseño, hago la moldería y la diagramación, pero ya tengo un equipo. Hay una chica que hace los cortes de los textiles, otra persona que hace las confecciones y otra señora que se encarga de las etiquetas. Hay que distribuir tareas para que el emprendimiento crezca; sola no se puede