Tras ganar el concurso “De Ana Frank a nuestros días”, el estudiante santiagueño Lucca Anauate obtuvo un viaje a Países Bajos, donde profundizó su formación en memoria, derechos humanos y convivencia democrática.
Por momentos, Lucca Anauate todavía recuerda aquella ceremonia como una escena suspendida en el tiempo. Sentado entre cientos de estudiantes en el Fórum, veía pasar los nombres de los participantes del Concurso de Escritura “De Ana Frank a Nuestros Días”. Uno tras otro, colegio tras colegio. Distinciones, reconocimientos, aplausos.
Y él seguía sin escuchar su nombre. Había llegado hasta allí casi sin expectativas, después de todo, había comenzado el concurso como tantos otros estudiantes: por invitación de una profesora, por curiosidad y por el simple hecho de participar. Lo que no sabía era que aquel texto escrito estaba a punto de cambiarle la vida.
“Ya iban pasando todos y yo ni enterado porque no me nombraban”, recuerda mediante una entrevista a LA COLUMNA. “Hasta que dicen los ganadores y me nombran a mí. No lo podía creer”.
Aquel momento fue el comienzo de un recorrido que meses después lo llevaría a cruzar el océano para conocer Ámsterdam, recorrer la Casa de Ana Frank y encontrarse con jóvenes de distintos países unidos por una misma pregunta: cómo evitar que la historia vuelva a repetirse.
Antes del concurso, Lucca no conocía de Ana Frank o su historia. La puerta de entrada fue una clase de literatura. “Yo la conocí gracias a mi profesora María Ruiz”, cuenta. La propuesta llegó al curso como una actividad más entre tantas otras. Varios compañeros empezaron a escribir. Algunos avanzaron unas páginas, otros simplemente abandonaron.
“Muchos comenzaron y se fueron bajando. Y quedaba yo. Había pensado dejar también, pero dije: ya estoy acá”. Entonces decidió seguir.
A su texto lo escribió solo, sin talleres y sin correcciones externas ni acompañamiento docente.Aunque reconoce que al terminarlo pidió ayuda para nombrarlo. Así, con ayuda de sus compañeros terminó eligiendo el título. “Había muchos nombres. Algunos hablaban de la última batalla, de la esperanza. Entre todos fuimos pensando opciones y al final quedó ‘El diario sin nombre’”.
Ese título terminó siendo clave. “Yo creo que por ahí les interesó mucho más porque estaba el Diario de Ana Frank y el Diario sin nombre. Como que iban juntos”, menciona.
Entre cientos de participantes de toda la provincia, su trabajo, junto a los de Martina Bagalciaga del Colegio Hermano Hermas de Bruijn y Guadalupe Ceva de la Escuela Normal Superior General Manuel Belgrano, fue uno de elegidos ganador del concurso impulsado por la Casa de Ana Frank Latinoamérica e implementado por el Gobierno de Santiago del Estero. Esta iniciativa busca promover los valores de los Derechos Humanos, la convivencia en la diversidad, la vida sin discriminación y sin violencia. Es por esto que los textos reúnen, en su mayoría, temáticas vinculadas al holocausto, el nazismo o la dictadura militar en Argentina.
El proceso de creación y redacción invita a los alumnos a una reflexión profunda en torno a estas problemáticas, permitiéndoles desarrollar una mirada más consciente y profunda de la historia. Más allá de la competencia, la propuesta busca que los jóvenes comprendan que la historia puede ser contada desde sus propias voces.

Eso fue precisamente lo que logró Lucca con "El diario sin nombre", una historia narrada desde la mirada de un joven estudiante durante la última dictadura cívico-militar argentina. El texto, demuestra la injusticia, el dolor y la desesperación que este atraviesa. La forma cruel en que se van dando los acontecimientos y como repercuten en ellos y su entorno.
De esta manera, logró reavivar una voz históricamente callada. Romper con prejuicios y traer al presente la humanidad que la historia intentó borrar de las víctimas de uno de los episodios más difíciles en Argentina.
Lucca no suele recurrir a grandes definiciones para contar lo que vivió. Prefiere hablar de hechos concretos: el concurso, el llamado inesperado, el viaje y los lugares que conoció. Lo que comenzó como una actividad escolar terminó llevándolo desde un aula de la Escuela de Comercio a Ámsterdam.
Una experiencia inolvidable
El premio consistía en una experiencia educativa y cultural en Países Bajos. En 2024, viajó junto a otros jóvenes argentinos para participar de un programa internacional impulsado por el Centro Ana Frank. Ahí compartió actividades con estudiantes de distintos países latinoamericanos.
“Éramos chicos de Panamá, Costa Rica, Colombia, México. Y de Argentina éramos cuatro”. Durante una semana convivieron, intercambiaron experiencias y recorrieron lugares marcados por la memoria histórica lo que dejo una gran marca en cada concursante, porque una cosa es leer una historia y otra muy distinta caminar por los espacios donde ocurrió. “Te permite poder conocer un poco más el lugar de los hechos, ver los lugares emblemáticos, saber que eso realmente pasó”, menciona.
La visita a la casa donde Ana Frank permaneció escondida durante más de dos años fue uno de los momentos más significativos del recorrido. Según relató después del viaje, entrar en ese espacio le permitió comprender la historia desde otro lugar, más cercano, más humano.
Los estudiantes también recorrieron el Barrio Judío, el Museo Nacional del Holocausto, el Museo de la Resistencia, el Monumento a la Memoria de Auschwitz y distintos pueblos cercanos a Ámsterdam.
También visitaron instituciones vinculadas al derecho internacional y la construcción de la paz. Entre ellas, el Palacio de la Paz y la Corte Penal Internacional de La Haya. “Conocimos el sistema de justicia que tienen ahí”, recuerda.
Entre el recorrido, otro episodio memorable ocurrió en la residencia del embajador argentino en Países Bajos. Allí escucharon el testimonio de un sobreviviente del Holocausto. Una voz que atravesó décadas de historia para llegar hasta ese grupo de jóvenes latinoamericanos. Según recordó Lucca después de la experiencia, aquel hombre les dejó un mensaje simple y profundo: no perder la bondad.