El juez de Familia Sebastián Billaud analiza los desafíos que enfrenta la Justicia ante el incumplimiento de las cuotas alimentarias, la importancia de los acuerdos entre progenitores y las herramientas legales para garantizar los derechos de niños. Además, advierte sobre el impacto de las crisis económicas en las familias y la necesidad de evitar que los conflictos entre adultos perjudiquen a los hijos.
El incumplimiento de la cuota alimentaria es una problemática que trasciende los tribunales y pone de manifiesto las dificultades económicas, los conflictos personales y los desafíos que enfrentan muchas familias después de una separación. Detrás de cada expediente hay necesidades concretas que atender y derechos de niños, niñas y adolescentes que deben ser garantizados.
En diálogo con LA COLUMNA, el juez de Familia de 1º Nominación Sebastián Billaud explica cómo interviene la Justicia ante estas situaciones, cuáles son las alternativas para establecer y actualizar las cuotas alimentarias y qué medidas pueden adoptarse frente a los incumplimientos reiterados. También destaca la importancia de la mediación y del diálogo entre los progenitores, y reflexiona sobre los efectos que las disputas familiares pueden tener en los hijos.
Asimismo, la inclusión de bonos en el cálculo de una cuota alimentaria despertó interés por sus implicancias en materia de obligaciones alimentarias, abre un interrogante que atraviesa numerosas situaciones familiares: ¿qué conceptos deben contemplarse al determinar cuánto debe aportar un progenitor para garantizar el sustento de sus hijos?
A partir de ese caso, Billaud analiza los criterios que deben tenerse en cuenta al establecer una cuota alimentaria, las herramientas con las que cuenta la Justicia frente a los incumplimientos y las dificultades que atraviesan las familias en contextos de crisis económica. También aborda la importancia de los acuerdos entre progenitores, la mediación y la necesidad de evitar que los conflictos entre adultos terminen perjudicando a los chicos.
-Uno de sus fallos recientes generó repercusión al plantear la inclusión de bonos en el cálculo de la cuota alimentaria. ¿Qué ocurrió en ese caso y cuáles fueron los fundamentos de su decisión?
-En este caso puntual hubo acuerdos entre las partes en distintas oportunidades, incluso respecto del bono que cobran los empleados públicos provinciales. Después, la persona que debía pagar los alimentos impugnó una liquidación porque consideraba que no correspondía que se hubiera tenido en cuenta ese concepto. La cuestión fue discutida y se resolvió considerando las circunstancias del caso. No hay que tomar una situación particular y pensar que necesariamente se va a resolver de la misma manera en todos los casos.
Siempre hay que analizar la situación económica de ambas partes y las necesidades de la persona que va a recibir la cuota alimentaria. Con anterioridad, he realizado acuerdos y también he dictado resoluciones en las que se incluyeron conceptos de esa naturaleza.
Este caso tuvo cierta trascendencia, pero lo importante es evaluar cada situación en particular.

-¿Cómo aborda la Justicia las situaciones en las que uno de los progenitores incumple con el pago de la cuota alimentaria?
-Hay que aplicar el Código Civil y Comercial vigente, teniendo en cuenta el principio de igualdad en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes derivados de la responsabilidad parental. Hoy ya no se habla de tenencia, como se hacía antes, sino de cuidado personal y régimen de comunicación. El cuidado compartido comprende las obligaciones y responsabilidades que tienen ambos progenitores respecto de las actividades cotidianas de sus hijos: la escuela, la educación, la alimentación, las consultas médicas y todo lo relacionado con su desarrollo.
Que el cuidado sea compartido no significa necesariamente que los chicos deban vivir la misma cantidad de días en cada domicilio. Puede establecerse un cuidado compartido con residencia principal en el hogar de uno de los progenitores. La residencia alternada es otra modalidad y debe evaluarse de acuerdo con las circunstancias de cada familia. Lo importante es evitar situaciones de inestabilidad para los chicos.
La mayor participación de las mujeres en los ámbitos educativos, laborales y profesionales también hace necesario que ambos progenitores compartan las responsabilidades. Los dos tienen el deber de cuidar a sus hijos, acompañarlos y hacerse cargo de las actividades vinculadas con su educación y sostenimiento.
-¿Qué sucede cuando una pareja se separa o cuando los padres nunca convivieron, pero tienen hijos en común?
-Cuando una pareja se separa, o cuando los progenitores nunca convivieron pero tienen hijos, pueden establecer un plan de parentalidad. Allí se determinan las responsabilidades de cada uno y la manera en que se organizará el cuidado. Por ejemplo, pueden acordar que el padre esté tres días a la semana con el chico, lo lleve al jardín a determinada hora, se encargue de darle de comer y cumpla con otras actividades cotidianas. La organización depende de las necesidades del niño y de las posibilidades de cada progenitor.
También hay que considerar las circunstancias particulares. No es lo mismo una familia en la que uno de los hijos tiene un problema de salud y necesita tratamiento psicológico, medicamentos u otra atención específica. Esos gastos pueden ser permanentes o responder a una necesidad temporal.
Hay chicos que necesitan asistencia durante uno o dos años, o que requieren acompañamiento psicológico o psicopedagógico cuando ingresan a la escuela. En algunos casos, pueden presentarse dificultades de atención relacionadas con distintos factores, entre ellos el tiempo que pasan frente a las pantallas. Por eso, al establecer la cuota alimentaria, hay que considerar los gastos reales del niño y las posibilidades económicas de cada progenitor.

-¿De qué manera puede fijarse la cuota alimentaria?
-La cuota puede establecerse de distintas formas. Se puede fijar un monto determinado, por ejemplo, de 100.000 pesos, y acordar que se actualice cada tres meses. Eso puede evitar que sea necesario iniciar otro proceso judicial para solicitar una actualización frente a la inflación o al aumento de los gastos. También se puede establecer un porcentaje de los ingresos. De esa manera, si aumenta o disminuye el sueldo de quien paga, la cuota puede acompañar esa variación sin que necesariamente haya que iniciar un proceso para modificarla.
Otra alternativa es establecer una modalidad combinada: una suma de dinero y, además, el pago de determinados gastos. Por ejemplo, uno de los progenitores puede hacerse cargo de comprar mercadería, pagar las expensas, el servicio de internet, el transporte o la escuela.
Las posibilidades son muchas y deben definirse según las necesidades de cada familia.
La dinámica familiar es más amplia que la dinámica judicial. Las actividades de una familia cambian constantemente y los tiempos de la Justicia son distintos. Por eso, siempre es aconsejable buscar el diálogo y tratar de evitar que un tercero tenga que resolver todos los problemas.
Los propios padres conocen las consecuencias económicas de cada decisión, las necesidades de sus hijos, sus posibilidades y sus horarios. También saben cómo pueden organizarse. El juez debe conocer esa dinámica para resolver el conflicto, pero es importante que los progenitores intenten alcanzar acuerdos.
-¿Por eso se busca una instancia de mediación antes de llegar a un juicio?
-Sí. En el Poder Judicial se viene trabajando desde hace varios años con una instancia de mediación previa a la judicialización. Antes de llegar a los tribunales, las personas tienen la posibilidad de conversar y buscar un acuerdo. Lo más saludable es hablar con respeto y honestidad, escuchar al otro y tratar de encontrar una solución que funcione para ambos.
Muchas veces, las circunstancias familiares cambian y un acuerdo puede adaptarse mejor a esas modificaciones. Por ejemplo, una persona trabaja por la mañana y la otra por la tarde. Pueden organizarse para que una se haga cargo del niño durante la mañana y la otra en otro momento del día. Pero esa organización puede cambiar si el chico comienza una actividad nueva, cambia de escuela o necesita un tratamiento.
Hay que contemplar esas variaciones. Muchas veces, la mejor solución es la que pueden construir los propios padres, porque son quienes conocen de cerca la vida cotidiana de sus hijos. Esto demuestra que la organización familiar necesita flexibilidad y que los acuerdos deben tener en cuenta las necesidades reales de los chicos, no solamente lo que parece conveniente en el papel.
-Sin embargo, cuando existe un conflicto, muchas veces las personas no pueden dialogar. ¿Cómo se puede superar esa situación?
-Cuando hay un conflicto por hechos del pasado, acciones que hicieron daño o interpretaciones equivocadas, las personas se distancian y evitan hablar. Piensan que, si se sientan a conversar, van a terminar peleándose. Por eso, hay que identificar cuál es el problema concreto. Si el conflicto es alimentario, hay que trabajar sobre la cuestión alimentaria. Si existe un problema con los horarios o con el régimen de comunicación, hay que tratar ese tema.
También es importante la confianza. Puede ocurrir que una persona diga que gana 100.000 pesos y que la otra considere que, en realidad, gana 300.000. Si no hay confianza ni sinceridad, el conflicto se agrava.
Cuando una persona falta a la verdad o no expresa con claridad su situación, puede generarse un problema que se prolongue y termine ocasionando mayores costos: tiempo, honorarios de abogados, traslados y, en ocasiones, atención psicológica para abordar las consecuencias emocionales. Hay que analizar esos costos y entender que buscar acuerdos a corto o mediano plazo, con confianza y honestidad, puede ser una herramienta importante para evitar que el conflicto siga creciendo.
-Aun con las herramientas legales disponibles, hay padres y madres que incumplen con el pago de la cuota alimentaria. ¿Por qué sucede?
-Estamos hablando de conductas humanas que tienen una gran carga emotiva. Puede haber una relación de pareja de muchos años, frustraciones, proyectos que no se cumplieron y situaciones en las que una persona siente que la otra le hizo daño emocionalmente. Todo eso influye en la conducta.
En algunas familias hay varios hijos, cada uno con su carácter y sus necesidades. El cuidado y la atención cotidiana también tienen un valor económico, aunque muchas veces no se los tenga suficientemente en cuenta.
-Cuando hay incumplimientos reiterados de la cuota alimentaria, ¿qué herramientas tiene la Justicia para intervenir?
-El artículo 553 del Código Civil y Comercial establece que el juez puede imponer a quien incumple reiteradamente la obligación alimentaria medidas razonables para asegurar el cumplimiento del acuerdo o de la resolución judicial. Por ejemplo, si se establece que la cuota debe pagarse hasta el día 10 de cada mes, el incumplimiento puede dar lugar a medidas destinadas a procurar que se cumpla lo ordenado. Si la persona no paga a tiempo o abona menos de lo que corresponde, pueden evaluarse las consecuencias previstas para esa situación.
También existen antecedentes judiciales en los que se dispuso que el pago se descuente directamente de los ingresos de la persona obligada, a través de su empleador. A nivel nacional se han adoptado otras medidas vinculadas con servicios y restricciones para procurar el cumplimiento de estas obligaciones. Cada caso debe analizarse de acuerdo con sus circunstancias y con las medidas legalmente aplicables.
La misma preocupación existe respecto del cumplimiento de los regímenes de comunicación. No alcanza con mirar solamente el pago de la cuota: también hay que considerar las obligaciones relacionadas con el contacto entre los hijos y sus progenitores. Los jueces deben apelar a la creatividad dentro de las herramientas legales disponibles y preguntarse qué medidas pueden resultar eficaces para lograr que una persona cumpla.
-¿Qué ocurre cuando los progenitores incumplen el régimen de comunicación o involucran a sus hijos en el conflicto?
-Los problemas relacionados con los regímenes de comunicación suelen ser de los más difíciles y desgastantes. Hay chicos pequeños, de cinco o siete años, que quedan en medio de padres que no dialogan y que mantienen agresiones verbales o actitudes de indiferencia. Eso termina perjudicándolos. Si uno de los progenitores habla mal del padre o de la madre delante de su hijo, puede hacerle daño.
Muchas veces, esas conductas se relacionan con la forma en que las personas fueron criadas y con los aprendizajes que tuvieron, pero eso no quita que puedan tener consecuencias en los niños.
El juez tiene que identificar dónde está el problema y procurar que el conflicto no siga afectando a los hijos. Los adultos deben entender que sus diferencias no pueden convertirse en una carga para los chicos.
-Si una persona inicia un juicio de alimentos y no se llega a un acuerdo, ¿qué sucede durante el proceso?
-Si se inicia un juicio de alimentos y no se alcanza un acuerdo, el juez puede fijar una cuota provisoria mientras continúa el proceso. Esa cuota debe cumplirse durante la tramitación. Si el incumplimiento continúa, puede corresponder la inscripción en el Registro de Deudores Alimentarios, de acuerdo con los requisitos aplicables. La inscripción puede generar restricciones para realizar determinados trámites o actividades.
Si el juicio continúa y luego se dicta una sentencia, se debe realizar la liquidación de las sumas que correspondan. Ese cálculo incluye lo adeudado y puede requerir un trabajo adicional para determinar los montos. Una vez practicada la liquidación, se da intervención a las partes y el juez resuelve lo que corresponda. Si la deuda no se paga, puede ser necesario iniciar la ejecución para procurar su cobro.
-Cuando una pareja se divorcia, ¿qué cuestiones debe contemplar la propuesta que presenta ante la Justicia?
-Cuando una persona quiere divorciarse, debe acompañar una propuesta que contemple los efectos del divorcio. Si tienen hijos, pueden proponer cuánto dinero va a aportar cada uno, teniendo en cuenta sus ingresos, y cómo se van a organizar los tiempos de convivencia y el contacto con los chicos.
Pueden acordar qué fines de semana estarán con cada progenitor, cómo se distribuirán Navidad y Año Nuevo de manera alternada, cómo se organizarán los cumpleaños y cómo se repartirán las vacaciones de invierno y de verano. Por ejemplo, podrían establecer una semana con cada uno durante las vacaciones de invierno y veinte días con cada uno durante las de verano, siempre considerando la edad y las necesidades de los chicos.
También deben contemplarse, cuando corresponda, los bienes y la forma en que se van a dividir, además de la cuota alimentaria y el régimen de comunicación. Todas esas cuestiones pueden incluirse en la propuesta. Si no hay acuerdo sobre algún aspecto, el juez dicta la sentencia de divorcio y las cuestiones que no pudieron resolverse de común acuerdo continúan por los procesos correspondientes.
La cuota alimentaria tiene su proceso, el régimen de comunicación tiene el suyo y la división de los bienes también debe tramitar por la vía que corresponda.
-¿Los incumplimientos de las cuotas alimentarias aumentaron en los últimos tiempos o simplemente están más visibilizados?
-En situaciones de crisis económica, aumenta la morosidad. Hay una cuestión real relacionada con la disminución de los ingresos: cuando una persona gana menos, puede tener dificultades para cumplir con sus obligaciones.
También hay épocas del año en las que las familias enfrentan mayores gastos. A veces aparecen dificultades relacionadas con los hijos, se acercan las fiestas de fin de año, los egresos escolares, las materias que deben preparar y rendir, las clases particulares, los viajes y las vacaciones. Todos esos gastos se presentan en las familias, tanto si viven juntas como si están separadas. Si los ingresos no aumentan en la misma proporción, esas obligaciones pueden generar dificultades.
-Es un conjunto de situaciones que parece agravarse hacia fin de año.
-Exactamente. En nuestra experiencia, los períodos de mayor crisis suelen ser a principios del invierno, a fin de año y al comienzo del ciclo escolar, cuando aparecen gastos de adaptación, uniformes, libros, vestimenta y todo lo que necesitan los chicos para ir a la escuela. Después, hacia fin de año, llegan los egresos, las actividades y los demás gastos propios de esa época.
A eso se suma que, cuando la familia se reúne y no existe un buen diálogo, pueden aparecer discusiones. Si las personas no practican el diálogo, la situación se vuelve más difícil.
Una separación puede ser beneficiosa para el grupo familiar en determinadas circunstancias, pero eso no significa que los conflictos desaparezcan automáticamente. Es importante aprender a comunicarse y acordar cómo se van a criar los hijos.