07 de mayo, 2026
Emprendedor

En plena pandemia y sin herramientas, Carla Padilla convirtió la necesidad en oficio. Entre la adversidad, Dulces Luanita creció como refugio económico y emocional en tiempos difíciles.

Al principio no había recetas exactas ni utensilios adecuados: todo era a ojo, a mano, como se podía.

En una cocina improvisada y en medio del aislamiento por la pandemia, los primeros alfajores de maicena y chocolate empezaron a tomar forma entre la urgencia y la intuición.

Afuera, el mundo estaba detenido; dentro

Carla Padilla buscaba cómo sostener un alquiler, criar a su hija y resistir la incertidumbre. Así nació Dulces Luanita, no como un proyecto planificado, sino como una respuesta inmediata a la necesidad.

Con el paso de los días, y de las ventas, llegaron la batidora, el horno, el aprendizaje formal y la posibilidad de pensar en algo más que sobrevivir.

Pero el crecimiento no fue fácil ni lineal.  Estuvo atravesado por una maternidad en soledad y falta de apoyo económico.

Aun así, entre tartas, tortas y ferias, el emprendimiento se consolidó como sustento y también como identidad. Hoy, detrás de cada producto, hay una historia de esfuerzo silencioso, de decisiones difíciles y de una convicción: salir adelante, incluso cuando todo parece en contra.

Dulces Luanita no es solo un emprendimiento de pastelería, sino el resultado de su fuerza como mujer y como madre.

 

En una entrevista exclusiva con LA COLUMNA, Carla Padilla comenta como ha sido su recorrido emprendiendo.

 

-¿Cómo nace Dulces Luanita?

-Bueno, mi emprendimiento se llama Dulces Luanita. He comenzado en época de pandemia vendiendo alfajores, alfajores probando diferentes recetas para ver cuál me salía mejor porque no sabía hacerlo, porque no había hecho un curso previo, digamos. Entonces he empezado haciendo alfajores de maicena y de chocolate. Y con eso he empezado. He tenido buenas ventas y ahora mi emprendimiento es de pastelería artesanal y de panificados.

 

-¿Qué te impulsó a emprender en ese momento?

-Y lo que me ha llevado a emprender es la necesidad, porque si bien yo trabajaba en relación de dependencia en otros lugares, al no poder cumplir, no poder salir por el aislamiento de la pandemia, por lo preventivo que estaba presente en ese tiempo, entonces he tenido que buscar una salida.

 

-¿Cómo era tu situación personal y económica en aquel entonces?

-Yo en ese tiempo era mamá soltera, actualmente estoy en pareja, estoy con mi marido, pero en ese tiempo no tenía una ayuda económica, entonces de una forma,  así vulgar, me he tenido que “ rebuscar” para poder pagar el alquiler, mantener a mi hija.

-¿Por qué elegiste dedicarte a ese rubro?

-He elegido ese rubro porque yo siempre he tenido facilidad para todo lo que es cosas dulces, cocinar. Es algo que es fácil para mí, no me cuesta, entonces he tratado de encararlo por ese lado.

 

- ¿Con qué recursos contabas para empezar a producir?

- Lo que no tenía eran las herramientas, por ejemplo, para poder hornear, no tenía batidora, todo lo hacía a mano, no tenía balanza, o sea, lo hacía, lo que vulgarmente se dice, hacía todo a ojo, porque no tenía dónde pesar, dónde medir. Entonces, bueno, a medida que yo iba vendiendo, iba guardando, separando la plata para cada cosa que necesitaba, entonces me he ido comprando de a poquito una batidora, después me he comprado un hornito.

 

— ¿Cómo fue llevar adelante la maternidad y el emprendimiento?

— Lo que más me ha costado es que no tenía ayuda de nadie, porque ha sido una pérdida de tiempo ir a tribunales; me exigían a mí como mamá que el padre biológico la vea a mi hija, pero en ningún momento exigían que él pueda solventar gastos. Entonces yo he decidido no luchar esa batalla del tema de alimento y hacerme cargo yo sola, y de no andar rogando a nadie que le dé algo a mi hija. En ese tiempo era muy difícil para mí porque tenía una restricción, una perimetral con el padre de mi hija,  la perimetral era para las dos porque lo único que hacía era venir a molestarnos, a atosigarme psicológicamente muy mal. Yo he puesto límites ante esas cosas porque al estar sola y llevar una maternidad sola no podía permitir que una persona así venga y nos atosigue.

 

-¿Recibiste algún tipo de apoyo que te haya permitido mejorar tu trabajo?

— Bueno, para ser muy sincera, mi emprendimiento cuando ya ha estado establecido, he participado de un programa del Ministerio de la Mujer. Yo he sido parte del Programa Acompañar. Durante tres meses, y gracias a eso he podido hacer crecer mi emprendimiento. Con eso he podido comprar un horno, una batidora planetaria. He podido hacerme un banner,  comprarme un mostrador. Gracias a mi psicóloga que tenía ahí y a la trabajadora social que me han ayudado. He podido levantar de otra forma mi emprendimiento.

 

-¿Te has capacitado profesionalmente después de esos inicios "a ojo"?

- Sí, son productos artesanales, pero yo me he capacitado en una escuela que se llama Anunciata Cochetti. Ahí he hecho este curso de pastelería fina y de panadería. También, en un tiempo he estado estudiando profesorado de tecnología, pero lo he tenido que dejar justamente por el tema de la pandemia para trabajar. Y ahora estoy estudiando licenciatura, profesorado y tecnicatura en educación para la salud.

 

-¿Cómo funciona Dulces Luanita hoy en día?

- Yo trabajo por pedido, yo no hago productos para stock. Yo trabajo con productos realizados en el momento, me piden una semana antes o por lo menos  con cinco días de anticipación para que ese día esté fresco, más si es con frutas.

 

-¿Cuáles son los productos qué más vendes?

-El producto que más he vendido han sido tartas: cabsha, de frutilla, de durazno, multifrutas y algo que gusta mucho es la torta Red Velvet, esa es furor. Tengo una que es de vainilla velvet y otra de chocolate también velvet. Los alfajores de maicena también son espectaculares.

- Participaste en ferias locales, ¿qué te dejó esa experiencia?

- He participado en ferias, he sido parte de la feria de Santiago Diversidad, que está en la UNSE. He tenido a mi coordinadora, Fabiana, excelente. Me ha enseñado a cómo preparar una mesa, que la verdad que no sabía; nos decía que los productos tienen que tener altura, entonces ahí he implementado el comprar un candybar. Hace dos años me he ido a feriar con ellos a la feria del Parque Aguirre, que se hace para junio-julio. Una experiencia inolvidable, muy cansadora, pero la mejor. He tenido que dejar, lamentablemente, para no fallarles a mis compañeros ni a la coordinadora por razones personales, pero sé que tengo las puertas abiertas.

 

- ¿Cómo ves la situación actual para los emprendedores?

- Este último tiempo ha sido muy malo, muy difícil. Al ser un emprendimiento más chico es más elevado lo que uno tiene que pagar. Es muy difícil por la economía que se está viviendo, ha habido ventas muy bajas. Y sin contar el alto costo de la materia prima; hay veces que uno tiene que elegir hacer lo salado en vez de lo dulce porque no se puede. Es muy caro todo, no salen redondos los números.

 

-¿Cuál es tu meta o tu sueño para el futuro con Dulce Luanita?

- Mi meta siempre ha sido que mi emprendimiento crezca. Me hubiese gustado mucho poner una pastelería donde la gente pueda venir a degustar mis productos, donde puedan tomarse una taza de café, pasar un lindo momento, venir en familia... eso me hubiese encantado la verdad, pero hoy es un sueño imposible.

 

-¿Por dónde pueden contactarte para realizar un pedido?

-Se pueden contactar mediante mi cuenta de Instagram @dulces.luanita

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