11 de junio, 2026
Salud

En el Día Mundial de la Fertilidad, especialistas advierten sobre el aumento de los problemas reproductivos y el impacto que tiene la postergación de la maternidad. En Argentina, mientras la natalidad continúa en descenso, crece la necesidad de hablar de infertilidad sin prejuicios y con acceso a información confiable.

 Cada 4 de junio se conmemora el Día Mundial de la Fertilidad, una fecha que busca visibilizar las dificultades que enfrentan millones de personas para lograr un embarazo y promover el acceso a información, prevención y tratamientos adecuados. Esta fecha se enmarca además en el Mes Internacional del Cuidado de la Fertilidad, una iniciativa global destinada a generar conciencia sobre la salud reproductiva y derribar mitos en torno a la infertilidad.

Lejos de tratarse de una problemática aislada, las dificultades para concebir son cada vez más frecuentes. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas en edad reproductiva experimentará infertilidad en algún momento de su vida, una cifra que pone de manifiesto la magnitud de una enfermedad que afecta a millones de familias en todo el mundo.

En Argentina, el contexto  también refleja cambios profundos. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación, en 2023 se registraron 460.902 nacidos vivos, lo que representa una caída cercana al 48% respecto del año 2000.

La tendencia se mantiene desde hace varios años y responde a múltiples factores sociales, económicos y culturales, entre ellos la postergación de la maternidad y la paternidad. Además, registros citados por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) muestran que las consultas por la búsqueda de un segundo hijo disminuyeron más del 50% en la última década.

Uno de los objetivos centrales de esta fecha es recordar que esterilidad e infertilidad no son sinónimos. La esterilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo luego de un año de relaciones sexuales frecuentes sin utilizar métodos anticonceptivos. La infertilidad, en cambio, también incluye las dificultades para llevar adelante una gestación hasta el nacimiento, lo que puede manifestarse mediante pérdidas gestacionales recurrentes.

Se trata de una enfermedad reconocida por la OMS, aunque todavía continúa rodeada de prejuicios, silencios y desinformación. Para muchas personas, el diagnóstico implica atravesar un fuerte impacto emocional, marcado por la ansiedad, la frustración y la incertidumbre.

A ello se suma el desgaste físico, económico y psicológico que pueden demandar los tratamientos, por lo que los especialistas insisten en la necesidad de abordar la infertilidad desde una perspectiva integral que contemple tanto la salud física como el acompañamiento emocional.

 

Tratamientos cada vez más avanzados

La medicina reproductiva ha experimentado importantes avances en las últimas décadas, permitiendo ofrecer alternativas eficaces para distintos tipos de infertilidad.

Actualmente existen tratamientos adaptados a cada diagnóstico, que pueden incluir terapias hormonales, intervenciones quirúrgicas para corregir alteraciones anatómicas, técnicas de reproducción asistida de baja complejidad, como la inseminación intrauterina, o procedimientos de alta complejidad, como la fecundación in vitro.

Los especialistas estiman que entre el 85% y el 90% de los casos pueden abordarse mediante tratamientos médicos convencionales. Cuando estas estrategias no son suficientes, también existen opciones como la donación de óvulos o espermatozoides, que permiten ampliar las posibilidades de lograr un embarazo.

La relevancia creciente de estas prácticas se refleja en la actividad científica del sector. La Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, que nuclea a más de 600 profesionales y más de 20 centros acreditados en el país, continúa impulsando capacitaciones y programas específicos sobre preservación de la fertilidad, reproducción asistida y salud reproductiva. Además, en septiembre de 2026 realizará el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, uno de los encuentros más importantes de la especialidad en la región.

 

La edad, un factor clave

Entre los distintos factores que influyen sobre la fertilidad, la edad continúa siendo uno de los más determinantes. La fertilidad disminuye de forma natural con el paso de los años, especialmente en las mujeres, debido a la reducción progresiva de la cantidad y calidad de los óvulos.

Por esta razón, la postergación de la maternidad, una tendencia cada vez más frecuente en Argentina y en gran parte del mundo, plantea desafíos biológicos que muchas veces son desconocidos. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan realizar consultas preventivas para conocer el estado de la fertilidad y evaluar estrategias de preservación, como la vitrificación de óvulos o la criopreservación de semen. La preservación de la fertilidad se ha convertido, de hecho, en uno de los ejes de trabajo y formación destacados por SAMeR durante 2026.

La recomendación general es consultar a un especialista en medicina reproductiva después de un año de relaciones sexuales frecuentes sin lograr embarazo. Sin embargo, cuando la mujer tiene más de 35 años, los expertos aconsejan reducir ese plazo a seis meses, ya que el tiempo adquiere una importancia fundamental para el éxito de los tratamientos.

Los expertos recuerdan que la edad también influye en la fertilidad masculina. Aunque los hombres conservan la capacidad reproductiva durante más tiempo que las mujeres, el envejecimiento puede afectar la calidad del semen y aumentar el riesgo de ciertas alteraciones genéticas, por lo que el cuidado de la salud reproductiva debe considerarse una responsabilidad compartida.

De igual manera, los especialistas señalan que la calidad seminal puede verse afectada por diversos factores vinculados al estilo de vida. El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y drogas, el sobrepeso, el sedentarismo y el estrés crónico pueden disminuir la cantidad y movilidad de los espermatozoides. Por ello, recomiendan mantener hábitos saludables, realizar actividad física de manera regular y llevar una alimentación equilibrada.

También es importante evitar la exposición prolongada al calor en la zona genital. El uso frecuente de saunas, baños muy calientes. Asimismo, se aconseja utilizar elementos de protección adecuados en ámbitos laborales donde exista exposición a sustancias químicas, pesticidas o metales pesados.

Algunas afecciones como el varicocele, una dilatación de las venas del cordón espermático, infecciones, trastornos hormonales o enfermedades crónicas pueden impactar sobre la fertilidad masculina sin presentar síntomas evidentes.

Hablar de fertilidad implica mucho más que abordar la posibilidad de tener hijos. Significa reconocer la salud reproductiva como parte integral del bienestar, promover diagnósticos tempranos y garantizar que quienes enfrentan dificultades para concebir puedan acceder a información, acompañamiento y atención médica de calidad.

En un contexto donde la natalidad continúa descendiendo y las decisiones reproductivas son cada vez más complejas, la consulta temprana y la educación siguen siendo herramientas fundamentales para cuidar la fertilidad y ejercer el derecho a decidir sobre el propio proyecto de vida.

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