02 de abril, 2025
Nota de Portada

Hace 45 años, Hugo Alfredo Irurzun se encargó de ejecutar al dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Fue uno de los revolucionarios más reconocidos de América Latina. Era hijo de una de las familias más tradicionales de La Banda. Una historia que vale la pena recordar

Durante el régimen de dictadura de Alfredo Stroessner, Paraguay recibió el apodo de “Basurero del Mundo”, por parte de la prensa internacional, debido a la cantidad de personajes nefastos que recibieron asilo y resguardo en esas tierras. Desde criminales nazis como Josef Mengele hasta narcotraficantes y estafadores, todos encontraron refugio y libertad absoluta en ese país, tal cual lo hizo el nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, otro dictador latinoamericano. Con 54 años, luego de su padre y hermano, fue el último miembro de la dinastía somocista que ejerció el poder dictatorial en Nicaragua desde 1934.

El día viernes 17 de agosto de 1979, Somoza llegó a Paraguay, procedente de Miami, donde había estado tras huir de Managua, el 17 de julio del mismo año, ante el avance de las fuerzas sandinistas. Su derrocamiento puso fin a más de cuatro décadas de dictadura dominando directa o indirectamente por su familia en Nicaragua.

El ex dictador llegó a Paraguay acompañado de su nueva pareja sentimental, Dinorah Sampsom, desde Miami, ya que el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, le hizo saber que era persona non grata en ese territorio y fue así que no tuvo otra opción más que elegir al país de su amigo Stroessner.  Ambos tenían demasiado en común: el anti comunismo recalcitrante, el terrorismo de Estado y los mandatos eternos.

De modo tal que el Paraguay de la dictadura era lo mejor que le podía pasar a Somoza. El General, siempre era muy hospitalario con sus invitados, ofreciéndoles todo lo que pedían, organizándoles fiestas y, de paso, venderle a un bajo costo, unas 8 mil hectáreas de tierras, destinadas a la reforma agraria.

Aunque, en reiteradas oportunidades, su amigo Stroessner le había garantizado su seguridad, un año después de su llegada, el 17 de septiembre de 1980, Somoza era asesinado en el país en el que se creía absolutamente seguro y libre de todos sus opositores.

A ninguno le cabía la idea que alguien podría atreverse a preparar un atentado contra un “asilado” de tal envergadura como Somoza. Sin embargo, el ex presidente de Nicaragua había caído víctima del impacto directo de una granada de bazuca y de ráfagas de ametralladora que explotaron contra el vehículo se desplazaba por la avenida España, a la altura de las calles América y Venezuela.

Mucho menos podían imaginar que Hugo Alfredo Irurzun, un santiagueño de 34 años, sería el brazo ejecutor de aquella emboscada, comandada por Enrique Gorriarán Merlo.

 

ATENTADO  

El “Capitán Santiago”, nombre de guerra con el que se identificaba a Irurzun, era parte del grupo guerrillero, integrado por miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que se había incorporado a las fuerzas sandinistas nicaragüenses en 1979. Hicimos una serie de cursos sobre métodos conspirativos, seguimiento, chequeo de objetivos, utilización de distintos tipos de comunicaciones” relataba Gorriarán Merlo en sus “Memorias”.

Simulando diferentes nacionalidades e identidades, el grupo fue llegando a Asunción a partir de febrero de 1980. Eran 7 en total.

Una de las primeras tareas fue conocer el domicilio de Somoza. Habían obtenido uno, pero estaba desactualizado. A esas alturas, la búsqueda ya llevaba varios meses. Harta de merodear sin resultados positivos, una mujer, miembro del grupo, decidió ir a una comisaría e inventó una pregunta: “¿Dónde queda la peluquería, que está a una cuadra de la casa de Somoza?”. La peluquería existía, y estaba a tres cuadras de la casa de Somoza, sobre avenida España.

El grupo intentó establecer la rutina de movimientos de Somoza, pero para un hombre ya retirado del poder, sus salidas eran imprevisibles. Entonces decidieron observarlo desde un punto fijo. Un miembro del grupo se ofreció como socio en un kiosco, que estaba a menos de dos cuadras de la casa de Somoza. Le ofreció al dueño poner un puesto de ventas de revistas en la vereda. Esto le permitió observar los movimientos de la casa, y no sólo eso: también empezó a venderles revistas pornográficas a los custodios de Somoza, que jugaban al bowling en el local contiguo.

El ex presidente nicaragüense vivía en una de las zonas más exclusivas de la capital paraguaya. Con el fin de conseguir una residencia cerca de la de Somoza, integrantes del grupo comando se hicieron pasar por representantes del cantante español Julio Iglesias. Alquilaron una casa sobre Avenida España aduciendo que acondicionarían el lugar antes de la llegada del famoso intérprete.

Pero cuando ya estaba toda la logística preparada, Somoza desapareció por casi un mes. Los guerrilleros estuvieron a punto de suspender la operación. Pero, finalmente, el Mercedes que lo trasladaba diariamente volvió a aparecer. Entonces decidieron que era mejor realizar el atentado apenas lo vieran.

 

LA EMBOSCADA

En la mañana del 17 de septiembre, el walkie takie dio la señal de ataque. Era las 10:30 del 17 de setiembre. Del garage de la casa alquilada salió una camioneta que detuvo el paso del Mercedes.

El transito se detuvo. El Capitán Santiago apuntó con su Bazooka RPG 2 y disparó, pero el proyectil queda atorado. Al fallar el primer tiro, el santiagueño se arrodilló, sacó el proyectil defectuoso y la volvió a cargar. Mientras tanto, se desató un tiroteo entre los custodios de Somoza y el grupo comando.

El Capitán Santiago apuntó nuevamente. Sabía que esta vez no podía errar al blanco. Disparó. El Mercedes voló en pedazos. Sus ocupantes murieron.

Para los guerrilleros, la misión estaba cumplida. El ex dictador nicaragüense había sido asesinado.

Los siete integrantes que planearon el atentado, se dispersan. Con sus pasaportes falsos, intentaron escapar lo antes posible de Paraguay. Todos iban a lograrlo, menos uno: el Capitán Santiago.

TORTURA Y MUERTE

Tras la muerte de Somoza, el régimen de Stroessner organizó un cruel rastrillaje por toda Asunción y alrededores. El Ministro del Interior ofreció una recompensa de 5 millones de guaraníes para encontrar a los responsables.

Al día siguiente, el 18 de setiembre, las fuerzas de seguridad paraguayas presentaron ante la prensa el cuerpo sin vida de Santiago. Dijeron que lo habían descubierto en una de las casas que el grupo comando alquiló en Asunción, y que fue muerto cuando intentaba escapar del lugar. Al parecer, fue delatado por su imponente presencia física, pues medía más de un metro noventa de estatura y tenía una barba cobriza.

El cuerpo tenía una perforación de bala arriba de la ingle a la derecha, pero también se podían ver marcas de abusos en el tórax y la cabeza.

En realidad, el santiagueño volvió a la vivienda que habitaba desde hacía seis meses para retirar 4.000 dólares y unas armas, según relató años más tarde Gorriarán Merlo.
Periodistas de ABC que inspeccionaron el cuerpo en el Policlínico Policial, mucho antes de que se lo presentara oficialmente a la prensa, comprobaron que el cuerpo de Irurzun presentaba escoriaciones y hematomas alrededor de los tobillos, marcas de los grilletes utilizados habitualmente en las sesiones de tormento por la policía política del régimen.  El jean todavía mojado, de color oscuro, que vestía Irurzun, estaba arremangado justamente para dar lugar a los grilletes, despedía un olor nauseabundo, presumiblemente del agua de cloaca usada por los torturadores en la tenebrosa "pileta" de la sala de torturas.

 

HIJO DE LA BANDA

¿Quién era ese santiagueño que se había atrevido a ajusticiar al dictador? ¿Quién era el Capitán Santiago?

Era el sobrenombre de guerra con el que se conocía a Hugo Alfredo Irurzun, quien había nacido el 31 de marzo de 1946, en la ciudad de La Banda, en el seno de una de las familias más tradicionales de la provincia, que cuenta en su árbol genealógico con destacadas figuras de la cultura local. Don Bernardo Irurzun –abuelo de Hugo- fue uno de los fundadores del Partido Socialista santiagueño y mentor del periódico “El interrogante”, el cual circuló por varios años. El 9 de julio de 1902, junto a su esposa, Mercedes Sallaverry, fundó la escuela “Libertad”, el primer establecimiento educativo de La Banda.

Por su parte, René Federico Irurzun, padre de Hugo, fue –además de empleado bancario- candidato a gobernador de la provincia por el Partido Socialista.

Blanca Irurzun, tía de Hugo, fue una de las más reconocidas escritoras de esta tierra, e integró, junto con otros escritores santiagueños, el mítico círculo literario de “La Brasa”. En su memoria, una biblioteca de esta provincia lleva su nombre. 

En el seno de esa familia, con raíces socialistas, nació Hugo Alfredo, quien era el cuarto de cinco hermanos: Pipi, Tuky, René, Hugo y Margarita

“Yo vivía en una casa  donde las paredes estaban forradas de libros. ¿Dónde aprendió  Santiago sus primeros conceptos teóricos? Estirando la mano y sacando un libro de la biblioteca familiar. Él tenía la característica de haber sido muy autodidacta, se formó desde muy jovencito”, recordó su hermano René Irúrzum, en una entrevista que mantuvo con LA COLUMNA.

 

SU LUCHA

Hugo Alfredo Irurzún realizó sus estudios primarios en la escuela 27 de Abril, y los secundarios en la “Industrial”, ambos de su ciudad natal. Sus primeros acercamientos a la lucha por sus ideales arrancan en su adolescencia, cuando “querían imponer la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en los colegios primarios y secundarios. Habíamos avanzado tanto en educación que no íbamos aceptar que se imponga una cosa de esta manera, sin que haya consenso de los estudiantes, que no teníamos ningún tupo de participación, salvo a través de los centros de estudiantes. Se dieron duros enfrentamientos con la policía, no sólo en La Banda, sino también en la plaza Libertad”, recordaba su hermano René.

“Imaginen los antecedentes de lucha para una juventud que se encuentra contra la represión de la policía, sobre todo la Montada, muy feroz. Recuerdo cómo empezamos a usar las bolitas para frenar a los caballos, alambres que cruzaban de calle a calle, para detener a los caballos. Fueron movidas muy importantes, y eso impactó fuertemente en su vida. Debemos haber tenido 16 años.  Estábamos muy comprometidos porque, además, esas luchas iban impactando muy fuertemente”, aseguraba René.

Una vez que terminó la secundaria, Hugo se fue a estudiar Ingeniería en Rosario. Allí se comenzó a vincular con quienes luego formarían las primeras células del ERP. “Santiago cae preso en la ciudad de Rosario, pero era tal ebullición que tomamos la comisaría y lo liberamos”, señalaba su hermano. Era una época de creciente politización de la juventud, más aun, en las universidades de las principales ciudades argentinas.

Durante la segunda mitad de los 60, cuando Juan Carlos Onganía era presidente de facto, Hugo Alfredo conoció a Enrique Gorriarán Merlo, quien tiempo después sería uno de los principales dirigentes del ERP.

Cuando tuvo lugar aquella enorme movilización popular recordada como el “Rosariazo”, en 1969, Hugo integraba el Comité de Relaciones Obreras Estudiantiles (CREO), en la cual intervenían todas las organizaciones estudiantiles contra la dictadura.

También en Rosario, Hugo conoció a su mujer, María Cristina Bolatti. Con ella tuvo un hijo, Federico, que nació mientras ella se encontraba en cautiverio, razón por la cual, en 1976, el niño fue entregado a su abuela materna, Ada Corghi de Irurzun, y fue criado en la Banda con sus abuelos, hasta que su mamá salió de prisión.

LA GUERRILLA

Compartió con Gorriarán Merlo el mando de la Compañía “Héroes de Trelew” en el asalto a la guarnición militar de Azul, el 19 de enero de 1974 durante el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.

Sin embargo, la mayor parte de su actividad militar la desarrolló al frente de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, en los montes tucumanos.

Al frente de la guerrilla rural del ERP, dirigió el fracasado ataque al Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca, en agosto de 1974. Si bien Irurzun, junto a su Estado Mayor, logró replegarse desde esa ciudad al campamento en los montes tucumanos, luego de varios días el ejército mataría a los doce guerrilleros que habían quedado cercados, en la llamada Masacre de Capilla del Rosario.

También bajo su mando se desarrolló el Combate de Manchalá, el 28 de mayo de 1975, en el que una gruesa columna del ERP fue derrotada por el Ejército en campo abierto, cuando se dirigían a atacar el comando del Operativo Independencia, que estaba en la localidad de Famaillá. En aquel combate, el Capitán Santiago resultó herido en una pierna.

En los días previos del ataque al cuartel de Monte Chingolo fue convocado, desde Tucumán, para dirigir a la Compañía “Juan de Olivera”, que estuvo a cargo de las contenciones en las periferias del cuartel y de cortar algunos puentes sobre el Riachuelo.

 

EXILIO Y NICARAGUA

Una vez que la junta militar, al mando de Jorge Rafael Videla, derrocó a la viuda de Perón, la pulverización de los grupos guerrilleros se aceleró notablemente.  En medio de ese desfavorable escenario para la lucha armada, muchos se exiliaron.

Así es que el Capitán Santiago partió rumbo a Europa. Una vez se encontró con Gorriarán Merlo en Italia; estuvo también un tiempo en Colombia; luego se fue a España, en donde estuvo hasta 1979, cuando viajó -junto a cinco compañeros- a la Nicaragua de Somoza. El objetivo era incorporarse a la lucha armada por la liberación de América Latina.

En aquél país centroamericano se preparaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional (F.S.L.N.) con el objetivo de derrocar a Anastasio Somoza, quien pertenecía a una familia que había impuesto una dictadura nepotista y sangrienta. Su padre y uno sus hermanos también habían sido presidentes de este país.

Después de una dura preparación, los guerrilleros argentinos que se habían sumado a los sandinistas, comenzaron a actuar. La primera acción de Irurzun consistió en volar, de un cañonazo, una casa en la que se realizaba una reunión de miembros del estado mayor nicaragüense.  

La revolución sandinista triunfó cuando logró hacer renunciar a Somoza en julio de 1979.  Sin embargo, desde el gobierno revolucionario de Nicaragua tomaron la decisión de pergeñar el asesinato del ex presidente. Temían que éste organizara una contrarrevolución que lo llevara nuevamente al poder.  Para esto eligieron a los guerrilleros argentinos, provenientes del ERP e incorporados hace meses en las fuerzas sandinistas, entre ellos estaba el Capitán Santiago.

 

Lo que vino después es historia conocida. Con este atentado caía el mito de que Paraguay era el país más seguro gracias a Stroessner, que a la policía no se le escapaba nada y que eran impenetrables. Sin embargo, la emboscada que terminó con Somoza puso en ridículo a las autoridades stronistas. Pero además fue un severo cuestionamiento para todos los dictadores latinoamericanos que atentaban contra la democracia sobre el rol de los insurgentes.

El santiagueño Hugo Irurzun fue uno de los protagonistas de ese pedazo de la historia, a tal punto que varias calles y plazas de Nicaragua llevan su nombre. Muchas canciones populares lo recuerdan. Sin embargo, continúa siendo casi un desconocido en su tierra natal. Un desconocido, cuyos restos permanecen desaparecidos en Paraguay.

 

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