26 de junio, 2026
Nota de Portada

En diciembre de 2002, el exmilitar Luis Oscar Ferrari fue asesinado y descuartizado en un paraje cercano a Loreto. La investigación reveló una trama donde se mezclaban sospechas de una relación prohibida y un violín Stradivarius valuado en más de un millón de dólares. Más de 20 años después, el crimen sigue impune y el destino final del legendario instrumento continúa siendo un misterio.

Por momentos parece una novela policial. Un militar retirado aparece descuartizado en las aguas del río Dulce. Un violín Stradivarius valuado en más de un millón de dólares desaparece. Un hermano acusado de homicidio. Una supuesta historia de celos. Un juicio que termina sin culpables. Y, como si la trama necesitara un último giro, el instrumento musical que pudo haber explicado todo también termina desapareciendo.

Sin embargo, no ocurrió en la ficción. Ocurrió en Santiago del Estero. Y más de veinte años después, sigue siendo uno de los crímenes más enigmáticos de la historia policial de la provincia.

El misterio comenzó en diciembre de 2002, cuando pescadores que recorrían las aguas del río Dulce encontraron restos humanos flotando cerca de la zona de La Dormida, un paraje ubicado en el departamento Loreto, a unos 70 kilómetros de la capital santiagueña. La escena era estremecedora. El cuerpo había sido descuartizado. La cabeza nunca apareció.

La ausencia del cráneo dificultó enormemente la identificación y obligó a los investigadores a recurrir a estudios de ADN. Recién entonces se pudo confirmar que los restos pertenecían a Luis Oscar Ferrari, un militar retirado que había alcanzado el grado de mayor y que, tras dejar el Ejército, se dedicaba a organizar excursiones de caza y pesca para visitantes de la región.

Ferrari era una persona conocida en la zona. Aunque tenía una posición económica holgada, desde que se retiró del Ejército, se dedicaba a acompañar a personas que practicaban la caza y la pesca. Para su nueva actividad, utilizaba una pequeña vivienda en La Dormida, un paraje en el departamento Loreto, a la vera del río Dulce, en una zona conocida por los enormes ejemplares de dorados que se pescan allí.  Nadie imaginaba entonces que detrás de su muerte se escondía una historia que terminaría involucrando a uno de los instrumentos musicales más codiciados por coleccionistas de todo el mundo, valuado en una fortuna.

La causa judicial transitó por un camino donde se mezclaban ambición, secretos familiares, sospechas de traición, una posible historia de amor prohibido y un crimen que, más de veinte años después, sigue sin resolverse.

El crimen de Ferrari no sólo se convirtió en uno de los casos policiales más desconcertantes de Santiago del Estero. También dio origen a una historia en la que la realidad superó cualquier novela: la de un hombre que pudo haber muerto por un instrumento musical legendario.

EN LA MIRA

Las primeras investigaciones apuntaron rápidamente hacia quienes habían compartido sus últimos días. Entre ellos estaban su hermano, Enrique Arold Ferrari, también militar retirado y excombatiente de Malvinas con el grado de Cabo 1°, y un indigente identificado como Martín Rafael Guines.

Ambos fueron señalados como las últimas personas que tuvieron contacto con Luis Ferrari antes de su desaparición. Pero el expediente avanzaba lentamente. No había testigos directos. No había confesiones. Y tampoco existían pruebas concluyentes que permitieran reconstruir cómo había ocurrido el crimen.

Mientras la investigación parecía estancarse, comenzaron a surgir datos sobre una conflictiva relación familiar.

LA SOMBRA DE LA DISPUTA SENTIMENTAL

Una de las primeras hipótesis hablaba de una disputa pasional, pues, según declaraciones incorporadas a la causa, habría existido una relación especialmente cercana entre Luis Ferrari y la esposa de su hermano.

Incluso trascendió que la madre de ambos les había advertido sobre el creciente enfrentamiento familiar. Algunos testimonios aseguraron que las discusiones eran frecuentes y que la tensión entre los hermanos llevaba años.

Sin embargo, la mujer señalada aseguró que los rumores eran infundados, que nunca había mantenido ningún tipo de relación sentimental con su cuñado.

La investigación avanzó durante mucho tiempo sobre esa línea. Pero entonces apareció un elemento inesperado. Un objeto capaz de cambiar por completo el sentido de la causa: un violín.

 

EL TESORO ESCONDIDO

No era un violín cualquiera. Era un Stradivarius, o al menos eso creía Luis Ferrari.

El instrumento había llegado décadas atrás desde Italia como parte del patrimonio familiar. Durante años permaneció prácticamente olvidado, hasta que Ferrari comenzó a investigar su origen. Lo hizo con obsesión. Consultó especialistas, reunió documentación y encargó estudios para verificar su autenticidad.

Una prueba de carbono 14 realizada por expertos confirmó que la madera utilizada tenía aproximadamente tres siglos de antigüedad. Todo parecía indicar que se trataba de una pieza auténtica.

Los Stradivarius son considerados los instrumentos musicales más valiosos del mundo. Construidos por el legendario luthier italiano Antonio Stradivari entre los siglos XVII y XVIII, son extremadamente escasos.

Se estima que sobreviven menos de 700 ejemplares auténticos. Y algunos de ellos alcanzan valores multimillonarios.

 

PREMONICIÓN CUMPLIDA

A medida que avanzaban las verificaciones, comenzaron a llegar ofertas. Primero se habló de una tasación cercana a los 700 mil dólares. Después aparecieron propuestas que superaban el millón.

"Contrató servicios e hizo todas las gestiones posibles para asegurarse de que era auténtico, realmente quería venderlo", contó en su momento el abogado de la madre del militar.

Precisamente, la mujer fue quien aportó más datos ciertos sobre el origen del violín y la relación entre ambos hermanos. Declaró que hubo discusiones entre sus hijos e incluso le habría escrito una carta a la víctima, advirtiéndole que su hermano lo quería matar.

“Sabemos que el instrumento es original porque se le hizo una prueba de carbono 14, dijo en su momento el juez Gustavo Herrera, que estaba a cargo de la investigación del caso, sobre el procedimiento que mide la “edad” de los materiales.

Según distintas versiones, museos, coleccionistas y casas de remate de Europa y Estados Unidos habrían mostrado interés por adquirir la pieza.

Pero Ferrari no vendió. Creía que el instrumento valía mucho más. Algunos allegados afirmaron que esperaba duplicar el monto ofrecido. Otros recordaron una frase que pronunció poco antes de morir: "Si viajo al exterior con el violín, no sé si llego. Y si lo vendo, no sé si vuelvo con el dinero".

La frase quedó registrada años después en declaraciones judiciales. Y terminó alimentando las sospechas de que el militar se sentía amenazado.

IDAS Y VUELTAS DEL VIOLÍN

Ante la noticia de la existencia del Stradivarius, los investigadores allanaron la vivienda de Ferrari, pero el violín ya no estaba. La búsqueda del instrumento se transformó entonces en una prioridad.

Durante más de tres años nadie supo dónde se encontraba, hasta que en julio de 2006 la Justicia logró localizarlo en una vivienda de la calle 25 de Mayo, en San Miguel de Tucumán.

Según se pudo determinar, quince días antes de su muerte, Ferrari tomó una decisión extraña. Entregó el Stradivarius a un amigo que vivía en Tucumán. Su intención, según se explicó posteriormente, era que el hombre que guardaba el instrumento se convirtiera en el gestor de una posible venta.

El propietario de la casa aseguró que Ferrari se lo había entregado antes de morir. La explicación parecía razonable. Pero surgió una nueva pregunta: ¿Había sido realmente Ferrari quien dejó allí el violín? ¿O alguien lo había llevado después de asesinarlo?

La respuesta nunca apareció.

 

EL JUICIO QUE NO RESOLVIÓ NADA

En julio de 2006, Enrique Ferrari, hermano del militar descuartizado, fue detenido acusado del asesinato de su hermano. Pasó casi cinco años preso. Sin embargo, en octubre de 2010 recuperó la libertad al vencerse los plazos legales de detención preventiva.

Finalmente, en abril de 2012 comenzó el esperado juicio oral. Las expectativas eran enormes. Después de una década de investigación, parecía haber llegado el momento de conocer la verdad. Pero ocurrió exactamente lo contrario.

La Fiscalía no logró reunir pruebas suficientes para sostener la acusación. La defensa insistió en la falta de evidencias concretas.

Frente a ello, la Cámara de Crimen de Segunda Nominación, integrada por Graciela Viaña de Avendaño, Juan Carlos Storniolo y Osvaldo Pérez Robertti, terminó absolviendo a Enrique Ferrari, único imputado por el homicidio del militar retirado. Con lo cual, el homicidio quedó sin ningún responsable.

La resolución fue contundente. Los jueces tomaron su decisión basados en el beneficio de la duda. Nadie fue condenado. Nadie fue declarado responsable. El crimen quedó oficialmente impune.

En esos momentos, en la sala de audiencias estaba presenta la madre de la víctima y también del hombre beneficiado por el fallo judicial. Ella fue quien se encargó de brindar numerosos datos con respecto a la relación que existía entre los hermanos, la cual no se distinguía por el amor fraterno.

 

EL ÚLTIMO MISTERIO

Sin embargo, la historia todavía guardaba una sorpresa. Terminada la causa penal, comenzó una disputa por la herencia del Stradivarius.

La familia Ferrari buscaba recuperar el instrumento. Algunas versiones sostenían que estaba guardado en una caja fuerte de la Cámara del Crimen, en sede judicial. Otras aseguraban que era custodiado por la policía provincial, en la sede de la Jefatura. Se pensaba que el valioso instrumento estaba muy bien resguardado, pues en aquel momento aún faltaba saber quiénes serían los herederos del preciado Stradivarius.

Pero con el paso del tiempo surgió una noticia inesperada, el violín habría desaparecido de su lugar de custodia. Incluso, se especulaba que la madre de Ferrari, convertida en su única heredera, habría previsto iniciar acciones legales contra el Estado Provincial, a quien consideraba responsable de la desaparición del Stradivarius.

Sin embargo, nunca quedó del todo claro cuándo ocurrió. Tampoco dónde estaba exactamente almacenado.

Lo cierto es que comenzaron a mencionarse posibles acciones judiciales contra el Estado provincial por la pérdida de una pieza que, de confirmarse su autenticidad, tendría un valor extraordinario.

Y así, el objeto que había atravesado toda la investigación terminó convirtiéndose en un nuevo enigma.

 

SIN RESPUESTAS

Más de dos décadas después, el asesinato de Luis Oscar Ferrari continúa rodeado de interrogantes. Nunca se encontró la cabeza de la víctima. Nunca se estableció con certeza el móvil del crimen. Nunca hubo condenados. Y tampoco existe una explicación definitiva sobre el destino final del Stradivarius.

Las preguntas aún se acumulan. ¿Fue una disputa familiar? ¿Un crimen pasional? ¿Un asesinato motivado por la codicia de un instrumento valuado en millones? ¿O una combinación de todas esas circunstancias?

Las respuestas se perdieron en el tiempo.

Lo único que permanece es una historia tan extraordinaria como inquietante: la de un militar santiagueño descuartizado a orillas del río Dulce y un legendario violín Stradivarius que, para muchos, pudo haber sido la llave para resolver el crimen perfecto.

 

CRIMEN IMPUNE

Los años pasaron, los expedientes se archivaron y los protagonistas de esta historia envejecieron esperando respuestas que nunca llegaron. El crimen de Luis Oscar Ferrari permanece impune. Nadie fue condenado por su asesinato. La cabeza de la víctima jamás apareció. Los verdaderos móviles del homicidio nunca pudieron establecerse con certeza.

Y el Stradivarius, aquel instrumento que durante años ocupó el centro de la investigación, terminó envuelto en un misterio tan grande como el crimen mismo. Según distintas versiones, desapareció de su lugar de custodia.

Así, el caso quedó suspendido entre la historia policial y la leyenda. En algún punto del camino se perdieron un asesino, un móvil y un violín que pudo haber valido millones. Lo único que quedó fue una pregunta que todavía resuena en las orillas del río Dulce: ¿quién mató a Luis Oscar Ferrari?

Quizás la respuesta haya desaparecido junto con la cabeza que nunca fue encontrada. O tal vez se haya marchado para siempre con aquel Stradivarius que, como en las mejores historias de misterio, terminó convirtiéndose en el último gran desaparecido del caso.

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