22 de octubre, 2026
Entrevistas

Con más de treinta telenovelas en su trayectoria, el actor argentino recuerda con alegría sus años de televisión, analiza el presente de las ficciones y habla de su admiración por las grandes producciones teatrales.

Hay actores cuya trayectoria queda asociada para siempre a una época dorada de la televisión. Jorge Martínez es, sin dudas, uno de ellos. Protagonista de numerosas telenovelas y dueño de una extensa carrera que atravesó décadas, el actor argentino supo conquistar al público con personajes que quedaron en la memoria de varias generaciones.

Sin embargo, cuando mira hacia atrás, no habla de la fama ni de los flashes como aquello que más extraña. Su recuerdo está relacionado con algo mucho más sencillo y, a la vez, más profundo: el placer de trabajar.

“La alegría que daba levantarme a las 6 de la mañana para ir a grabar”, recuerda. Y detrás de esa frase aparece toda una época de la televisión argentina, cuando las producciones de ficción ocupaban un lugar central en la pantalla y los actores podían encadenar una novela tras otra.

Martínez calcula que realizó “alrededor de treintipico de novelas”, una cifra que resume una carrera extensa y prolífica. Fueron años de trabajo intenso, de estudios de televisión, largas jornadas de grabación y personajes que alcanzaron una enorme popularidad.

Pero hay algo que llama especialmente la atención cuando se refiere a aquella exposición pública: no parece sentir nostalgia por la fama.

“No extraño la fama, pues nunca me sentí famoso”, afirma.

La frase resulta reveladora porque permite comprender su relación con una profesión que le dio reconocimiento y popularidad, pero que él parece haber vivido fundamentalmente desde el lugar del actor y del trabajador de la televisión.

 

El presente de las telenovelas

Cuando se le pregunta por las razones que llevaron a que las telenovelas perdieran parte del espacio que tuvieron históricamente en la televisión argentina, Martínez no descarta los cambios en los gustos del público, pero pone el acento en otro aspecto: el económico.

“Creo que las dos, pero más por presupuesto”, señala.

Y rápidamente propone mirar hacia otros mercados que demostraron que el género todavía tiene una enorme capacidad para atraer espectadores: “Pero mirá las brasileñas o turcas cómo funcionan”.

Su observación apunta a una realidad evidente: mientras en nuestro país la producción de telenovelas se redujo considerablemente, las ficciones de otros países consiguieron convertirse en productos internacionales y mantener vivo un género que, lejos de desaparecer, encontró nuevas formas de llegar a las audiencias.

Para Martínez, entonces, la televisión de ficción está lejos de tener los días contados.

“Creo que las producciones televisivas nunca morirán”, sostiene.

Una convicción que también aparece cuando se le pregunta si extraña aquella televisión de otros tiempos. Su respuesta es matizada: “Un poco sí”, aunque inmediatamente reafirma su confianza en que las producciones televisivas seguirán existiendo.

 

Entre la televisión y el teatro

La mirada de Martínez no se limita a la televisión. También reconoce el enorme valor de quienes consiguieron transformar al teatro en grandes espectáculos capaces de convocar multitudes.

Consultado sobre si alguna vez se pondría al frente de un canal de televisión, es categórico: “Nunca me pondría a la cabeza de un canal, pues no es lo mío”.

Pero, lejos de quedarse solamente en la negativa, imagina qué haría si tuviera que asumir una responsabilidad de ese tipo. Y allí aparece un nombre que admira especialmente: Rottemberg.

“Creo que haría lo mismo que Rottemberg… un genio de las producciones teatrales y de los números”, sostiene.

La referencia habla también de una concepción del espectáculo en la que la producción, la creatividad y la capacidad de generar propuestas para el público ocupan un lugar fundamental.

Martínez parece sentirse más identificado con ese universo creativo que con la conducción de un canal. Su lugar, después de todo, siempre estuvo frente a las cámaras, interpretando personajes y formando parte de historias que llegaban diariamente a millones de espectadores.

 

Una carrera ligada a la pasión

Después de más de treinta telenovelas, Jorge Martínez puede mirar su trayectoria con la tranquilidad de quien disfrutó aquello que hizo.

No parece definir su carrera por la fama alcanzada, sino por las experiencias acumuladas y, sobre todo, por la posibilidad de trabajar en aquello que eligió.

La imagen del actor levantándose a las seis de la mañana para ir a grabar resume, quizás mejor que cualquier otra, su vínculo con la profesión. No era solamente un trabajo: había entusiasmo, expectativa y una genuina alegría por llegar al estudio.

Hoy, cuando la televisión atraviesa transformaciones profundas y las plataformas modificaron las formas de producir y consumir ficción, Martínez mantiene una certeza: las historias seguirán encontrando su lugar. “Las producciones televisivas nunca morirán”, dice con convicción.

Y tal vez esa frase sea también una manera de defender aquello que marcó buena parte de su vida profesional: una televisión que producía ficción, que generaba personajes populares y que hacía que millones de personas se sentaran frente a una pantalla para seguir, día tras día, una historia.

Jorge Martínez fue parte de esa televisión. Y aunque asegura que no extraña la fama porque nunca se sintió famoso, todavía conserva el recuerdo de aquella alegría de levantarse temprano para ir a grabar.

Después de tantas novelas, tantos personajes y tantos años de profesión, esa parece ser la verdadera medida de su carrera: haber disfrutado el oficio.

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