Treinta y tres años de periodismo, historias e investigaciones que dejaron huella en Santiago del Estero. Desde aquel primer número publicado el 3 de septiembre de 1993, LA COLUMNA construyó una identidad propia y mantuvo intacta su vocación de informar, investigar y acompañar a sus lectores. Una historia escrita con pasión, convicción y memoria.
Hoy, 3 de septiembre, LA COLUMNA cumple 33 años de presencia ininterrumpida en el periodismo santiagueño. Tres décadas atravesadas por cambios políticos, sociales y tecnológicos, pero sostenidas por una misma decisión: contar lo que sucede, investigar aquello que otros prefieren callar y permanecer junto a los lectores.
Hay aniversarios que se cuentan con números y hay otros que se cuentan con historias. El de LA COLUMNA pertenece, sin dudas, a estos últimos. Este 3 de septiembre, la revista cumple 33 años, desde aquel día de 1993 en que una idea que para muchos podía parecer demasiado arriesgada se transformó en una publicación que, semana tras semana, fue construyendo su propio lugar en la historia del periodismo santiagueño.
Han pasado 33 años. Han cambiado gobiernos, nombres, épocas, tecnologías y maneras de comunicarnos. Cambió la provincia, cambió el país y cambió también el modo en que las personas se informan. Pero hay algo que permaneció intacto: la voluntad de hacer periodismo.
Sin dudas, LA COLUMNA nació en tiempos difíciles. Su primer número apareció el 3 de septiembre de 1993, pocos meses antes de uno de los acontecimientos que marcarían para siempre la historia contemporánea de Santiago del Estero: el Santiagueñazo. Aquella primera edición ya llevaba en sus páginas una mirada propia, una forma diferente de observar la realidad y una decisión que con el paso del tiempo se convertiría en su sello: investigar, preguntar, incomodar cuando fuera necesario y tratar de acercar al lector aquello que muchas veces permanecía oculto detrás de los discursos oficiales.
El proyecto nació de la mano de Aldo César Corbalán, quien decidió entonces apostar por un periodismo alternativo cuando no existían demasiadas certezas acerca del futuro. Era, en definitiva, una apuesta. Una de esas apuestas que solamente pueden sostenerse cuando detrás de ellas existe una profunda convicción.

El tiempo terminó dando su respuesta. LA COLUMNA sobrevivió a las dificultades económicas, a los cambios políticos, a las transformaciones del sistema de medios y a una revolución tecnológica que modificó para siempre la manera de producir y consumir información. Y lo hizo sin abandonar aquella identidad que había comenzado a construir desde sus primeras páginas.
Tres décadas después, aquella revista que algunos imaginaron de vida breve continúa escribiendo. Y eso, en el mundo del periodismo, tiene un valor enorme.
Durante estos 33 años, sus páginas fueron testigos de buena parte de la historia reciente de Santiago del Estero. Por ellas pasaron dirigentes políticos, funcionarios, jueces, empresarios, artistas, deportistas, investigadores, trabajadores y ciudadanos anónimos cuyas historias merecían ser contadas. Hubo entrevistas, crónicas, análisis, investigaciones y relatos que intentaron poner en palabras aquello que una sociedad necesitaba conocer.
La política ocupó un espacio importante, pero nunca fue el único territorio recorrido. También estuvieron los casos judiciales y policiales que conmovieron a la provincia, las historias sociales, la cultura, los espectáculos, el deporte y cada uno de aquellos acontecimientos que fueron dejando una huella en la memoria colectiva.
Hubo momentos especialmente difíciles. Hubo puertas que se cerraron y otras que costó mucho abrir. Hubo presiones, discusiones y decisiones que exigieron coraje. Pero también hubo satisfacciones, reconocimientos y, fundamentalmente, la certeza de que el esfuerzo tenía un sentido.
La investigación periodística se convirtió en una de las banderas de LA COLUMNA. Con el paso de los años, esa manera de trabajar permitió que la revista se transformara en una referencia para quienes buscaban información propia y una mirada diferente sobre la realidad provincial.
Muchas de las historias que ocuparon sus páginas forman hoy parte de la memoria de Santiago del Estero. El doble crimen de La Dársena, los juicios de lesa humanidad, el caso Maccarone, el crimen de la familia Curi, los conflictos por la tierra, los grandes casos de corrupción y tantos otros acontecimientos que atravesaron a la sociedad santiagueña fueron registrados desde estas páginas.
Pero una revista no está hecha solamente de sus grandes investigaciones. También está hecha de las pequeñas historias. De la entrevista que llevó horas preparar. De la fotografía que consiguió captar un instante irrepetible. De la nota que obligó a revisar una y otra vez cada dato. Del llamado telefónico de un lector que aportó una información. De la persona que, después de leer una publicación, decidió acercarse a contar su propia historia.
Está hecha de periodistas que llegaron, aprendieron, crecieron y luego continuaron sus caminos en otros medios. De quienes dejaron una parte de su vida entre estas paredes. De quienes todavía recuerdan aquellas jornadas interminables de cierre. De quienes aprendieron aquí el oficio y llevan consigo algo de aquella escuela periodística, porque LA COLUMNA también fue y sigue siendo eso: una escuela, de periodismo, pero también de perseverancia.
En 33 años, muchas personas dejaron su huella. Algunas permanecieron durante mucho tiempo; otras estuvieron apenas una etapa. Pero todas, de una u otra manera, forman parte de esta historia.
Y están, por supuesto, los lectores. Los que compraron aquella primera edición. Los que esperaron cada semana la llegada de la revista. Los que discutieron alguna nota, celebraron otra, llamaron para aportar información o simplemente guardaron un ejemplar porque aquella edición contaba algo que no querían olvidar. Los que hoy la siguen a través de su página web.
Ellos son una parte fundamental de esta historia, porque ningún medio de comunicación existe realmente sin lectores. Y la permanencia de LA COLUMNA durante 33 años tiene una explicación que va mucho más allá de una decisión empresarial o de una línea editorial: existe porque hubo y hay una comunidad que decidió acompañarla.
El periodismo también es memoria. Y una publicación que atraviesa 33 años termina convirtiéndose, inevitablemente, en parte de la memoria de una sociedad.
En sus páginas quedan registrados los cambios de Santiago del Estero, sus conflictos, sus protagonistas, sus tragedias, sus transformaciones, sus personajes y sus sueños. Cada edición es, de algún modo, una pequeña pieza de esa enorme historia colectiva.
Por eso este aniversario invita también a mirar hacia atrás. A recordar aquella primera sede, aquellas primeras ediciones, los primeros periodistas, las primeras investigaciones, las primeras tapas. A recordar los tiempos en los que cada página tenía otro ritmo, cuando el papel era el centro de todo y la tecnología todavía no había transformado las redacciones.
Este aniversario también invita a mirar hacia adelante, porque cumplir 33 años no significa vivir del pasado. Significa haber demostrado que todavía existe un futuro por construir.
LA COLUMNA atravesó la transformación del periodismo gráfico hacia el universo digital y, como tantas veces ocurrió a lo largo de su historia, tuvo que adaptarse sin perder su esencia. Hoy, las noticias circulan a una velocidad impensada tres décadas atrás. Los lectores pueden acceder a la información desde cualquier lugar y en cualquier momento. Las formas cambiaron, pero la responsabilidad continúa siendo la misma: informar con seriedad.
Quizás allí se encuentre una de las claves de esta permanencia. Los formatos pueden cambiar. Las herramientas pueden cambiar. La tecnología puede cambiar. Pero la necesidad de contar la verdad, de investigar, de preguntar y de dejar testimonio permanece.
Treinta y tres años después de aquel primer número, LA COLUMNA continúa intentando hacerlo. Con aciertos y con errores, como cualquier obra humana. Con momentos de mayor fortaleza y otros de incertidumbre. Con la experiencia que solamente puede proporcionar el paso del tiempo y con la energía necesaria para seguir mirando hacia adelante.
Porque detrás de cada edición hay mucho más que una publicación. Hay personas. Hay historias. Hay vocación. Hay horas de trabajo que muchas veces no aparecen en las páginas. Hay reuniones, llamadas, archivos, entrevistas, viajes, fotografías, correcciones y cierres. Hay periodistas que siguen buscando una respuesta cuando el resto ya decidió que no vale la pena preguntar.
Y hay una convicción que se mantiene desde aquel 3 de septiembre de 1993: que el periodismo tiene sentido cuando ayuda a una sociedad a comprender mejor lo que le ocurre.
Hoy, al celebrar sus 33 años, LA COLUMNA puede mirar hacia atrás con orgullo, pero también con gratitud. Gratitud hacia quienes soñaron aquella primera revista. Hacia quienes trabajaron en ella. Hacia quienes la hicieron crecer. Hacia los periodistas que dejaron sus conocimientos y sus historias. Hacia las personas que alguna vez fueron protagonistas de sus páginas. Y, especialmente, hacia los lectores que durante todos estos años estuvieron del otro lado.
33 años no se cumplen todos los días, y detrás de ese número hay una historia que comenzó cuando todo parecía incierto y que todavía continúa escribiéndose.
LA COLUMNA nació como una apuesta. Con el tiempo se convirtió en una parte del periodismo santiagueño. Hoy, aquella apuesta sigue de pie.
Quizás esa sea la mejor manera de celebrar un aniversario: no solamente recordando lo que pasó, sino reafirmando la voluntad de seguir estando. Estar para contar. Estar para investigar. Estar para preguntar. Estar para escuchar. Estar para dejar memoria. Estar, finalmente, junto a los lectores.
Mientras haya una historia que merezca ser contada, una pregunta que necesite respuesta y alguien dispuesto a leerla, habrá una razón para que LA COLUMNA siga escribiendo su propia historia.
¡Feliz aniversario LA COLUMNA! ¡Por estos 33 años, y por todos los que todavía faltan escribir!