Por primera vez la artista ancida ern Túcuman pisa suelo santiagueño en una gira que busaca reinvindicar su trayectoria y el trabajo preparada para este verano.
La llegada de Melina Cabocota por primera vez a Santiago del Estero abrió un capítulo especialmente significativo en la trayectoria de la artista tucumana. Con una carrera construida desde las raíces del folklore y atravesada por escenarios tan importantes como Cosquín, Cabocota desembarcó en tierras santiagueñas para compartir su música y encontrarse con una de las culturas populares más profundas del país. Su agenda incluyó presentaciones en Patio Santiagueño “Upianita”, una participación especial en Peña Las Dos Lunas como invitada de Musha del Monte, una actuación en el Patio del Indio Froilán y su presencia en la noche especial de Vislumbre del Esteko en Patio de Oli, en La Banda. Más allá de la intensidad de la agenda, cada escenario representó para la artista una oportunidad de estrechar lazos con músicos, espacios culturales y públicos de una provincia que ocupa un lugar fundamental en la historia del folklore argentino.
Para Cabocota, esta primera visita significó también llevar la identidad tucumana a nuevos territorios, ampliar el horizonte de su carrera y comenzar a escribir, desde Santiago del Estero, un nuevo capítulo de una historia artística que continúa creciendo y que tiene por delante una temporada de verano cargada de proyectos, música y nuevos encuentros.Desde sus primeros escenarios a los cuatro años hasta su consagración en Cosquín, construyó una trayectoria ligada profundamente al folklore argentino. La artista tucumana fue la primera mujer de su provincia en ganar el certamen de Espectáculos Callejeros de Cosquín y, tras su regreso al escenario mayor Atahualpa Yupanqui en 2026, trabaja en su segundo material discográfico, con una propuesta que combina tradición, identidad y una renovada potencia interpretativa.
Un inicio desde la niñez
La cantante tucumana comenzó su recorrido artístico cuando apenas tenía cuatro años, participando en distintos escenarios con poesías gauchescas. Aquellos primeros pasos fueron el comienzo de una relación con la música y la cultura popular que, con el paso del tiempo, se convertiría en una carrera profesional marcada por el compromiso con las expresiones tradicionales y por una voz capaz de transitar distintos matices del repertorio folklórico.
En 2005 ocurrió uno de los encuentros determinantes de su carrera. El recordado Luis Pérez Aguirre descubrió en la joven artista una potencia vocal y una manera de interpretar que, según la mirada de quienes acompañaron su crecimiento, se distinguían por su fuerza y nobleza. Ese reconocimiento significó un impulso importante para una trayectoria que ya mostraba desde sus comienzos una marcada vocación artística.
Desde entonces, Melina Cabocota fue consolidando una identidad propia dentro del folklore argentino. Su camino estuvo acompañado por escenarios, encuentros con el público y una búsqueda permanente por preservar las raíces sin dejar de incorporar nuevas formas de expresión.

Cosquín, un escenario que marcó su historia
La relación de Melina con Cosquín ocupa un capítulo central dentro de su carrera. En 2012 alcanzó uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria al ganar el certamen de Espectáculos Callejeros de Cosquín, convirtiéndose en la primera mujer de Tucumán en obtener esta distinción entre más de 800 artistas provenientes de distintos puntos del país.
Aquel logro significó mucho más que un premio. Representó la consolidación de una artista tucumana en uno de los espacios de mayor tradición y trascendencia para el folklore argentino. También reafirmó el vínculo que Melina había comenzado a construir con el público y con una escena cultural donde la presencia de las nuevas generaciones resulta fundamental para mantener viva la música de raíz.
Su vínculo con Cosquín continuó durante los años siguientes. En 2025 fue convocada para participar de la Cacharpaya del Festival de Cosquín, una propuesta que volvió a poner en primer plano su trabajo y su dedicación al folklore.
Pero sería 2026 el año de un nuevo capítulo en esa historia.
Durante la edición 2026 del festival, Melina Cabocota regresó al escenario mayor Atahualpa Yupanqui. La convocatoria llegó para la segunda noche de Cacharpaya, durante la Octava Luna, donde la artista tucumana volvió a encontrarse con una Plaza Próspero Molina que conoce desde distintos lugares y que forma parte de su recorrido artístico.
Su presentación combinó la profundidad de sus raíces con la fuerza de una interpretación actual. La propuesta escénica puso en primer plano una identidad artística construida sobre el folklore del NOA, pero atravesada por una mirada contemporánea y una presencia escénica propia.
El regreso al escenario mayor no fue el único desafío de aquella experiencia. Durante su paso por Cosquín, Melina también recorrió algunas de las peñas más emblemáticas, profundizando el contacto directo con el público y reafirmando un vínculo que se viene construyendo desde hace años.
La experiencia volvió a demostrar la importancia que tiene para la artista ese encuentro entre escenario y audiencia. En su propuesta, la canción folklórica no aparece solamente como una expresión musical, sino también como una manera de contar una identidad, una geografía y una historia.
Una embajadora cultural de Tucumán
El camino recorrido por Melina Cabocota también recibió diferentes reconocimientos fuera de los escenarios. Su labor como representante y embajadora cultural de Tucumán fue distinguida por diferentes instituciones.
La Legislatura de Tucumán reconoció su trayectoria y su tarea de representación provincial, mientras que ANCROF la distinguió a través de un reconocimiento otorgado por comunicadores a voces que inspiran y dejan huella.
A estos reconocimientos se suma su distinción en Mujeres que Inspiran, iniciativa mediante la cual el Gobierno de Tucumán y la Municipalidad de Las Talitas destacaron su aporte a la cultura.
Cada una de estas distinciones acompaña una carrera que excede la presentación de un repertorio musical. En el caso de Cabocota, la identidad tucumana aparece como uno de los ejes de su propuesta, tanto en la selección de sus canciones como en la manera de interpretar y presentar su trabajo.
La artista representa así una generación de intérpretes que encuentra en el folklore un punto de partida para dialogar con nuevos públicos, sin perder el contacto con las tradiciones que forman parte de su historia.
Una voz entre la tradición y el presente
Uno de los rasgos que definen a Melina Cabocota es precisamente esa búsqueda de equilibrio entre tradición y renovación. Su propuesta parte de las raíces del folklore del NOA, pero busca transmitirlas desde una interpretación que conserve frescura y capacidad de conexión con el público actual.
Su voz es uno de los principales recursos de esa identidad. La potencia vocal que fue reconocida en sus primeros años continúa siendo un elemento central de sus presentaciones, acompañada por una madurez artística que se fue desarrollando a través de una extensa experiencia sobre los escenarios.
Después de su histórica presentación en Cosquín 2026, la artista tucumana atraviesa una nueva etapa de crecimiento profesional. Actualmente trabaja en la producción de su segundo material discográfico, junto al director musical Axel Giménez.
El nuevo proyecto representa otro paso dentro de una carrera que continúa evolucionando. Durante sus giras actuales, Cabocota ya comenzó a presentar algunos adelantos de ese nuevo sonido, generando expectativas alrededor de un material que buscará profundizar su identidad musical y, al mismo tiempo, abrir nuevas posibilidades dentro de su propuesta artística.
La producción del segundo disco llega después de una etapa especialmente significativa, marcada por su regreso al escenario mayor de Cosquín y por una agenda que la mantiene en contacto con públicos de diferentes lugares.
La historia de Melina Cabocota puede leerse también como la historia de una artista que nunca dejó de estar vinculada con sus raíces. Desde aquellas primeras apariciones con poesías gauchescas cuando tenía cuatro años hasta la Plaza Próspero Molina, su recorrido mantiene un hilo conductor: la necesidad de expresar, a través de la música, una identidad cultural.