14 de mayo, 2026
Actualidad

Dos acontecimientos que pusieron a la moda en primer lugar. Uno, la MET Gala, y el otro, el estreno de la película “El diablo se viste de Prada”, hechos que llevaron a la moda a los titulares. La pregunta es si se trata de una frivolidad, un valor o si estamos en una invasión hegemónica.

La ética estudia la moral, el deber y las acciones humanas (lo bueno), mientras que la estética se ocupa de la belleza y la percepción sensorial (lo bello). Ambas disciplinas filosóficas están interconectadas: la ética busca la rectitud, y la estética, la armonía, influyendo juntas en la construcción de la identidad, el arte y la convivencia social.

Esto estudiábamos de chicos en el colegio. Con lo cual quiero decir que la estética es un valor, que desarrollaremos más adelante.

 

DOS HECHOS, DOS SÍNTOMAS

La Met Gala, conocida formalmente como el Costume Institute Benefit, es una gala benéfica anual que recauda fondos para el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Considerada "la gran fiesta de la moda" y el evento más exclusivo de la industria, marca la inauguración de la exposición anual de moda del museo.

Jeff Bezos fue uno de los principales patrocinadores y presidente honorario del evento junto a su esposa.

Esto generó muchísimas críticas y protestas incluso antes de que comenzara la gala.

Activistas y parte del público criticaron que se celebre una fiesta ultraexclusiva (con entradas carísimas) mientras hay desigualdad económica. Además, Bezos representa una enorme concentración de riqueza y ha sido cuestionado por condiciones laborales en Amazon.

Hubo una campaña anti-Bezos en Nueva York. Carteles, intervenciones en el metro y hasta acciones simbólicas (como botellas de “orina” falsas recordando denuncias de trabajadores).

Algunos famosos incluso decidieron no asistir o mostraron incomodidad. Aunque la mera asistencia ya era un verdadero oxímoron. O se está o no se está. A la dignidad, muchos artistas la dejaron en la casa.

En medios y TV lo criticaron por “celebrar su riqueza” mientras mucha gente tiene dificultades económicas.

En redes, el evento fue apodado con ironía como: “La gala de Amazon” o “El baile de Bezos”.

Adentro, la gala siguió normalmente: celebridades, looks extravagantes y espectáculos.

Pero todo quedó marcado por el contraste entre lujo y crítica social.

No es que Bezos haya hecho algo escandaloso en la alfombra roja, sino que su presencia y financiamiento convirtieron la Met Gala 2026 en una de las más polémicas, con protestas, críticas políticas y debate sobre riqueza y desigualdad.

Por su parte, el estreno de “The Devil Wears Prada” (en español, “El diablo viste de Prada” o, en Argentina, “El diablo se viste a la moda”) fue uno de esos eventos que mezclaron cine, moda y cultura pop de una forma muy poco común para la época.

Con su premier principal en New York City, un lugar perfecto porque la historia transcurre justamente en el mundo editorial de la moda neoyorquina.

Desde el inicio generó mucha expectativa porque estaba basada en la novela de Lauren Weisberger, que había trabajado en Vogue y se decía que el personaje principal estaba inspirado en Anna Wintour.

Especialmente, la actuación de Meryl Streep fue tan destacada que terminó siendo nominada al Oscar.

 

ALFOMBRA ROJA

A diferencia de otras películas, este estreno tuvo un foco enorme en la moda. Diseñadores reales participaron en el vestuario, celebridades del mundo fashion asistieron y se sentía más como un desfile que como una premier común

La industria de la moda estaba expectante… y también un poco incómoda, porque la película mostraba su lado más exigente y elitista.

Fue muy bien recibida por el público, la crítica destacó el equilibrio entre comedia y drama. Muchos debatían cuánto había de “real” en la historia. Con el tiempo, se convirtió en una película de culto.

El estreno marcó algo más grande que una simple película. Acercó el mundo de la moda al público masivo, instaló frases icónicas (como la famosa escena del “cerúleo”. Transformó a Miranda Priestly en un personaje legendario

El estreno de “El diablo viste de Prada” no solo presentó una película exitosa, sino que capturó la atención de Hollywood y la moda al mismo tiempo, dejando una huella que todavía sigue vigente.

 

¿ESTAMOS DESBORDADOS DE FUTILIDAD?

La pregunta básica de esta nota no es presentar las alfombras rojas de ambos acontecimientos, que de ellos se dedicaron ampliamente los medios de todo el mundo. Sino, saber si estamos pasados, como consumidores pasivos, de exceso de estímulos visuales.

Si bien la moda es belleza y la belleza hace ver el mundo gris con ojos de luz, todo exceso es innecesario. Ver la vida desde las proporciones justas es lo que permitió la existencia de las grandes obras arquitectónicas, escultóricas y pictóricas que nos legaron los artistas más famosos. Sin embargo, de lo que se trata aquí es de morigerar las fruslerías que significan estos acontecimientos, a veces rayanos con el vacío de valores.

Vacío éste que se agudizó durante los últimos tiempos, por la existencia de las aplicaciones que entrampan a los visualizadores, presos de las extrañas garras de las redes sociales.

Vemos vidas perfectas, en la gala del MET, excentricidades que colman vacíos existenciales, y en el medio hay un doble discurso: el de los odiadores seriales del capitalismo pero que acuden a estos acontecimientos, por caso Bad Bunny que en el Super Bowl se “plantó” ante el epítome del capitalismo, Donald Trump, con su demagógico show

Pero todos se dejan llevar por las veleidades que supone una alfombra para “elegidos”, y nadie se resiste a los beneficios de ser millonario y famoso, aunque queden temblando sus supuestos defendidos valores.

En definitiva. Estamos todos enredados en esta nueva selva de algoritmos en la que miramos -cual consumidores inanes- cómo se sobrepasaron los estándares de belleza que nos enseñó la estética en filosofía, y vemos oquedades que sólo segregan dopamina en exceso y dejando cada vez más atrás aquello para lo que existe la estética como un bien que puede mejorar el aspecto, muchas veces sombrío de la sociedad moderna.

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