01 de octubre, 2026
Colaboración

Eliminar gluten, lácteos, carbohidratos, frutas, aditivos o grupos enteros de alimentos puede parecer una intervención “natural”. Pero en un niño selectivo, en crecimiento y con dificultades del neurodesarrollo, una dieta copiada de redes sociales puede convertirse en una nueva fuente de riesgo clínico.
21–76% Selectividad alimentaria reportada en niños y adolescentes con autismo en una revisión de 2024.
5.033 Personas incluidas en 15 meta-análisis sobre intervenciones dietarias en TEA, revisados en 2026.

 

 


EL PROBLEMA NO ES LA DIETA: ES INDICARLA SIN SABER QUÉ SE ESTÁ TRATANDO
En niños con neurodesarrollo, la alimentación puede formar parte de un tratamiento médico real. Celiaquía, alergia alimentaria, enfermedad gastrointestinal, errores metabólicos, epilepsias específicas, obesidad, desnutrición o deficiencias documentadas pueden requerir cambios concretos. El problema aparece cuando el diagnóstico se reemplaza por una lista viral: “sacale el gluten”, “sacale los lácteos”, “cero azúcares”, “cetogénica”, “sin histamina”, “sin oxalatos” o combinaciones de varias exclusiones al mismo tiempo.
En autismo esto es especialmente delicado porque la selectividad alimentaria ya es frecuente. Una revisión de 20 estudios publicada en 2024 encontró prevalencias entre 21% y 76%, incluso en chicos con capacidad intelectual dentro del rango normal. Otra revisión sistemática de 2025 vinculó la selectividad con ingestas insuficientes, alteraciones del peso, problemas gastrointestinales y mayor susceptibilidad a deficiencias de micronutrientes.
Es decir: muchas familias no empiezan desde una alimentación amplia. Empiezan desde un repertorio pequeño. Si a ese repertorio se le quitan alimentos por consejo de un grupo de Facebook, un influencer o el testimonio de otra familia, el margen nutricional puede achicarse todavía más. “Que una dieta sea popular en redes no demuestra que ese niño la necesite.”

¿Y SI SACAMOS EL GLUTEN “POR LAS DUDAS”?
Hay una razón adicional para no improvisar. En Argentina, el Ministerio de Salud indica que el diagnóstico de enfermedad celíaca debe realizarse antes de iniciar el tratamiento. Retirar el gluten por cuenta propia antes de estudiar al niño puede interferir con la evaluación diagnóstica y dificultar saber si existe realmente celiaquía. En un niño con síntomas digestivos, anemia, bajo crecimiento o antecedentes familiares, la secuencia correcta es investigar primero y tratar después.

NO TODO LO “NATURAL” ES INOCUO EN UN CEREBRO Y UN CUERPO EN CRECIMIENTO
La alimentación restrictiva puede tener consecuencias que no siempre se ven al comienzo. Quitar lácteos sin reemplazos adecuados puede reducir calcio y vitamina D; excluir cereales puede disminuir fibra y vitaminas del grupo B; restringir múltiples grupos puede comprometer energía, proteína, hierro, zinc y otros micronutrientes. La Academia Americana de Pediatría advierte que los chicos con autismo ya pueden presentar ingestas insuficientes y que las dietas especiales deben acompañarse de vigilancia nutricional.
Argentina tiene incluso un ejemplo clínico contundente: profesionales del Hospital Italiano de Buenos Aires publicaron el caso de un niño de 4 años con autismo que desarrolló escorbuto por una alimentación selectiva prolongada sin frutas ni verduras. No fue una discusión teórica: fue una enfermedad por déficit de vitamina C en un niño con un trastorno del neurodesarrollo.

LA CIENCIA DE 2026 NO DICE “LAS DIETAS NO SIRVEN”. DICE ALGO MÁS IMPORTANTE.
Una revisión paraguas publicada en 2026 reunió 15 meta-análisis, 118 estudios y 5.033 personas con TEA. Encontró efectos promedio pequeños en algunos resultados —como síntomas generales, comunicación, interacción social e hiperactividad—, pero no mejoras significativas en otros, y sus autores pidieron ensayos multicéntricos más grandes y seguimiento con indicadores objetivos. Esto no justifica una “dieta para el autismo” aplicada a todos. Refuerza justamente lo contrario: cualquier intervención nutricional debería tener una hipótesis clínica, una indicación individual, mediciones y seguimiento.

ANTES DE QUITAR ALIMENTOS, HAY QUE RESPONDER ESTAS PREGUNTAS
1. ¿Qué diagnóstico o problema clínico estamos tratando? Celiaquía, alergia, síntomas gastrointestinales, selectividad sensorial, obesidad o una deficiencia requieren estrategias distintas.
2. ¿Cómo está creciendo? Peso, talla, IMC, velocidad de crecimiento y, cuando corresponde, composición corporal deben formar parte del seguimiento.
3. ¿Qué come realmente? No alcanza con decir “come sano”. Hay que conocer variedad, cantidades, textura, proteínas, frutas, verduras, lácteos o equivalentes y alimentos fortificados.
4. ¿Necesita estudios? Los análisis se solicitan según historia clínica y hallazgos: no existe un panel universal de internet que reemplace la evaluación médica.
5. ¿Qué objetivo vamos a medir y cuándo lo revisamos? Dolor, deposiciones, crecimiento, sueño, conducta alimentaria o un déficit específico deben tener un punto de partida y una reevaluación.

UNA DIETA DE REDES SUELE TENER UNA PROMESA.
No se trata de enfrentar a los padres. Muchas familias llegan a las redes buscando respuestas que no encontraron en el sistema de salud. La respuesta sanitaria no debería ser ridiculizar esa búsqueda, sino ofrecer algo mejor: evaluación clínica completa, nutrición pediátrica, objetivos verificables y seguimiento. En neurodesarrollo, “probar por probar” también es una intervención, y una intervención sin control puede tener costo.

Por: Dra. Florencia Sanabria. Médica Pediatra y Psiquiatra Infantil

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