23 de julio, 2026
Actualidad

Hablar de Santiago del Estero es hablar del nacimiento mismo de la Argentina. Mucho antes de que existiera un país organizado, antes incluso de que Buenos Aires encontrara su lugar definitivo sobre las orillas del Río de la Plata, ya existía una ciudad que comenzaba a escribir las primeras páginas de nuestra historia. Esa ciudad, que hoy celebra 473 años de vida, es Santiago del Estero, la orgullosa Madre de Ciudades.
Cada 25 de julio, los santiagueños recuerdan la fundación realizada por Francisco de Aguirre en 1553. Sin embargo, detrás de esa fecha existe una historia mucho más extensa, llena de viajes, disputas políticas, decisiones estratégicas y enormes sacrificios. La verdadera historia de Santiago del Estero comienza incluso antes de ese día y tiene como protagonista a una población casi legendaria: la Ciudad del Barco.

La Ciudad del Barco: el primer capítulo
Para comprender el nacimiento de Santiago del Estero es necesario retroceder hasta el año 1550. En aquel entonces, el Virreinato del Perú buscaba extender la presencia española hacia el sur del continente. El gobernador de Chile, Pedro de Valdivia, encargó al capitán Juan Núñez de Prado fundar una ciudad que asegurara el dominio de esos territorios.
Así nació El Barco, llamada de esa manera en homenaje a la ciudad española de Barco de Ávila, lugar de nacimiento de La Gasca, presidente de la Real Audiencia del Perú.
Sin embargo, aquella primera fundación tuvo una vida muy agitada. Las dificultades para encontrar agua, tierras fértiles y una ubicación segura obligaron a trasladar la población en varias oportunidades.
Los historiadores suelen hablar de tres Ciudades del Barco.
La primera habría estado ubicada en el actual territorio de Tucumán, probablemente cerca de Monteros o de la margen del río Pueblo Viejo. Allí permaneció poco tiempo.
Posteriormente fue trasladada a otro lugar, también dentro del actual territorio tucumano, buscando mejores condiciones para sobrevivir.
Finalmente, Núñez de Prado decidió realizar un tercer traslado hacia las cercanías del río Dulce, donde las condiciones naturales eran mucho más favorables.

¿Por qué se dice que estaba en Tucumán?
Muchas personas se preguntan por qué la Ciudad del Barco estaba en Tucumán si Santiago del Estero celebra aquella fundación como el origen de su historia.
La explicación está en que, en el siglo XVI, las provincias actuales todavía no existían. Tampoco existían los límites que hoy conocemos entre Santiago del Estero, Tucumán, Salta o Catamarca.
El territorio formaba parte de una enorme región conocida como la Gobernación del Tucumán, cuya extensión era inmensa y comprendía gran parte del actual noroeste argentino.
Cuando los historiadores afirman que la Ciudad del Barco estuvo "emplazada en Tucumán", utilizan el nombre de la provincia actual únicamente como referencia geográfica moderna. No significa que perteneciera a una provincia distinta, ya que esas divisiones administrativas aparecerían muchos siglos después.
En otras palabras, cuando Núñez de Prado fundó El Barco, todavía no existía la provincia de Tucumán ni la de Santiago del Estero tal como hoy las conocemos.

La llegada de Francisco de Aguirre
Mientras Núñez de Prado organizaba aquella población, surgió un conflicto político de enorme importancia.
Pedro de Valdivia sostenía que esos territorios pertenecían a la Capitanía General de Chile. En cambio, Núñez de Prado respondía a las autoridades del Perú.
La disputa terminó resolviéndose por la fuerza.
En 1553, Francisco de Aguirre llegó acompañado por sus hombres, tomó posesión de la población, desplazó a Núñez de Prado y decidió realizar un nuevo traslado.
El 25 de julio de ese año estableció definitivamente la ciudad sobre la margen del río Dulce y la bautizó Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo.
Esa fecha quedó registrada oficialmente como la fundación de la ciudad que ha llegado hasta nuestros días.
Por eso muchos historiadores sostienen que Santiago del Estero posee una historia doble: por un lado, la fundación jurídica realizada por Francisco de Aguirre y, por otro, la continuidad histórica de la antigua Ciudad del Barco iniciada por Juan Núñez de Prado.

¿Quién fue realmente el fundador?
Este punto ha generado debates durante siglos.
La historia oficial reconoce a Francisco de Aguirre como fundador de Santiago del Estero, porque fue quien estableció la ciudad en su ubicación definitiva y bajo ese nombre.
Pero numerosos investigadores consideran que no puede ignorarse la obra de Juan Núñez de Prado, quien había organizado previamente la Ciudad del Barco y cuyos pobladores fueron, en gran medida, los mismos que luego habitaron Santiago del Estero.
No se trató de comenzar desde cero, sino de trasladar una población ya existente.
Por ello, algunos autores sostienen que Núñez de Prado fue el verdadero iniciador del proceso fundacional, mientras que Aguirre consolidó definitivamente la ciudad.
Más allá de la discusión historiográfica, ambos nombres permanecen unidos para siempre al nacimiento de la Madre de Ciudades.

¿Por qué Madre de Ciudades?
Pocas ciudades argentinas pueden exhibir un legado semejante.
Desde Santiago del Estero partieron expediciones que dieron origen a gran parte de las principales ciudades del noroeste argentino.
Desde aquí se impulsaron las fundaciones de Córdoba, San Miguel de Tucumán, Salta, La Rioja, Catamarca y Jujuy, entre otras poblaciones.
Por esa razón, Santiago del Estero recibió el título de Madre de Ciudades, una expresión que no constituye un simple reconocimiento honorífico sino una descripción histórica de su papel en la organización del territorio argentino.
Una ciudad que conservó su identidad
Pero si algo distingue a Santiago del Estero no es solamente su antigüedad.
Cinco siglos después continúa siendo una provincia profundamente orgullosa de sus raíces.
La lengua quichua santiagueña continúa hablándose en numerosas comunidades rurales y urbanas, constituyendo uno de los patrimonios culturales más importantes del país.
La chacarera sigue convocando a miles de bailarines en cada festival.
El bombo legüero continúa marcando el pulso de una tierra que aprendió a convertir la música en símbolo de pertenencia.
La Marcha de los Bombos, que reúne cada año a decenas de miles de personas, demuestra que las tradiciones no permanecen inmóviles en los museos: viven en el corazón de quienes las practican.
El río Dulce continúa siendo testigo del paso del tiempo, tal como lo fue para los primeros habitantes indígenas, para los conquistadores españoles y para cada generación de santiagueños.

Una ciudad que mira hacia adelante
Celebrar 473 años no significa quedarse mirando el pasado.
En las últimas décadas, Santiago del Estero ha experimentado un importante crecimiento urbano, deportivo, turístico, sanitario y cultural.
Nuevos hospitales, escuelas, rutas, espacios públicos, centros culturales y escenarios deportivos conviven con edificios históricos que recuerdan el origen de la ciudad.
La Feria Artesanal, los festivales folclóricos, las celebraciones patronales y las actividades culturales de julio muestran una ciudad viva, dinámica y orgullosa de mostrar al país su identidad.
Cada aniversario representa también una oportunidad para pensar el futuro.
Los desafíos de la educación, la producción, la ciencia, la tecnología, el cuidado ambiental y la generación de empleo exigen una sociedad preparada para seguir creciendo sin perder aquello que la hace única.

El verdadero patrimonio de Santiago
Los monumentos pueden restaurarse, los edificios pueden reconstruirse. Las calles pueden modificarse, pero existe un patrimonio imposible de reemplazar: la memoria de su pueblo.
Ese patrimonio está formado por los docentes que enseñan, por los médicos que salvan vidas, por los trabajadores rurales, por los artesanos, por los músicos, por los científicos, por los emprendedores y por cada santiagueño que, desde su lugar, contribuye diariamente a escribir una nueva página de esta historia.
Quizá ese sea el verdadero significado de cumplir 473 años.
No solamente recordar una fundación ocurrida en 1553, sino comprender que la historia comenzó incluso antes, con la Ciudad del Barco, y continúa todos los días gracias a miles de hombres y mujeres que mantienen vivo el espíritu de la Madre de Ciudades.
Porque Santiago del Estero no es únicamente la ciudad más antigua del país. Es un puente entre el pasado y el porvenir, un lugar donde la historia se escucha en el sonido del bombo, se baila en una chacarera, se habla en quichua y se refleja en las aguas del río Dulce. A 473 años de su fundación definitiva, sigue siendo un faro cultural e histórico para la Argentina y un motivo de profundo orgullo para todos los santiagueños.

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