15 de agosto, 2026
Actualidad

Un análisis satelital realizado por el INTA reconstruyó qué ocurrió con 21,78 millones de hectáreas que registraron incendios entre 2004 y 2014. Los registros oficiales muestran que la provincia perdió 42.889 hectáreas de bosque nativo durante 2023.

El fuego suele medirse por la superficie que consume, la cantidad de focos registrados o los daños inmediatos sobre los ecosistemas. Pero una investigación reciente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) plantea una pregunta diferente: ¿qué ocurre con esos territorios después de que las llamas se apagan?

La respuesta obliga a mirar el mapa durante años y no solamente durante los días de emergencia. Un estudio realizado por investigadores del INTA analizó mediante imágenes satelitales la evolución de 21,78 millones de hectáreas que registraron incendios en Argentina entre 2004 y 2014 y siguió su trayectoria territorial hasta 2024. El resultado permitió detectar una asociación relevante: 3,02 millones de hectáreas que habían sufrido incendios terminaron pasando de coberturas naturales a usos agrícolas, ganaderos o forestales.

La cifra representa el 26,1% de los 11,58 millones de hectáreas que, en todo el país, pasaron de coberturas naturales a usos productivos entre 2003 y 2024. Dicho de otra manera, aproximadamente una de cada cuatro hectáreas que se incorporaron a actividades productivas durante ese período había registrado previamente un incendio.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa la velocidad de transformación. Según el trabajo del INTA, las superficies que habían registrado incendios presentaron una frecuencia de cambio hacia usos productivos 3,3 veces mayor que el promedio nacional. Es un indicador que coloca al fuego dentro de una discusión mucho más amplia: la relación entre incendios, degradación ambiental, producción agropecuaria y transformación territorial.

Pero existe una precisión fundamental. El estudio no permite afirmar que los incendios hayan provocado directamente esos cambios de uso del suelo. Lo que encuentra es una asociación espacial y estadística entre ambos fenómenos. La diferencia es central para interpretar correctamente la investigación y evitar convertir un resultado científico en una acusación generalizada.

Santiago del Estero, en el centro del mapa

Dentro de ese escenario nacional, Santiago del Estero ocupa un lugar especialmente relevante.

La provincia integra, junto con Salta, Chaco y Formosa, el grupo donde se concentraron las mayores superficies de transición desde coberturas naturales hacia usos agrícolas, ganaderos o forestales después de haber registrado incendios. Así lo explicó Nicolás Mari, investigador de la Agencia de Extensión Rural Cruz del Eje del INTA y autor del estudio.

La importancia de Santiago del Estero no puede analizarse solamente a partir del número de incendios. El territorio provincial forma parte del Parque Chaqueño, una de las regiones forestales reconocidas por el sistema nacional de monitoreo de bosques nativos y un espacio sometido durante décadas a fuertes procesos de transformación de la cobertura vegetal.

Los datos oficiales disponibles muestran además la magnitud de esa presión. El Sistema Nacional de Monitoreo de Bosques Nativos registró para Santiago del Estero una pérdida de 42.889 hectáreas de bosque nativo durante 2023. De ese total, 282 hectáreas correspondieron a la Categoría I —rojo—, 38.771 a la Categoría II —amarillo—, 635 a la Categoría III —verde— y 3.201 hectáreas correspondieron a superficies sin categoría.

El número colocó a Santiago del Estero como la provincia con mayor superficie absoluta de pérdida de bosque nativo registrada en ese monitoreo para 2023. En términos nacionales, la información oficial también señala que Chaco, Santiago del Estero y Formosa concentraron el 60% de la pérdida total de bosque nativo del país en ese año.

Por eso, la nueva investigación del INTA adquiere una relevancia particular para la provincia. No porque permita afirmar que cada incendio ocurrido en territorio santiagueño terminó en un campo productivo, sino porque incorpora una dimensión temporal que permite observar qué sucede después de los focos de fuego.

Veintiún millones de hectáreas bajo la lupa

La investigación fue desarrollada a partir de información satelital y herramientas de análisis geoespacial. El equipo integró registros de áreas quemadas obtenidos mediante sensores MODIS con mapas anuales de cobertura y uso del suelo de MapBiomas Argentina.

El período elegido permitió comparar la situación del territorio antes de los incendios con lo que ocurrió una década después. Para establecer esa evolución se tomó como referencia la cobertura existente en 2003 y se la comparó con la registrada en 2024.

La metodología buscó evitar una fotografía aislada. En lugar de observar solamente qué había inmediatamente después del incendio, los investigadores siguieron la trayectoria del territorio durante años. La razón es sencilla: una transformación permanente del uso del suelo no necesariamente ocurre inmediatamente después del fuego.

Si un área se incendia y diez años más tarde aparece convertida en cultivo o pastura, el cambio adquiere otra dimensión. Pero también puede suceder que el territorio vuelva a mantener una cobertura natural o atraviese una transformación interna dentro de esa misma categoría.

Y justamente eso fue lo que ocurrió en la mayoría de las superficies estudiadas.

 

No todo lo quemado termina convertido en campo

Uno de los aspectos más importantes del trabajo es también uno de los que puede perderse cuando el dato de los tres millones de hectáreas circula de manera aislada.

El 53,6% de las superficies que registraron incendios mantuvo coberturas naturales diez años después. Es decir, la mayor parte de las áreas quemadas analizadas no se convirtió posteriormente en campos agrícolas, ganaderos o forestales.

En cambio, el 13,9% pasó de ambientes naturales a usos agrícolas, ganaderos o forestales, mientras que otro 9,6% experimentó cambios entre diferentes tipos de coberturas naturales.

Ese último porcentaje también resulta significativo desde el punto de vista ambiental. Un territorio puede continuar clasificado como cobertura natural y, sin embargo, haber sufrido una modificación importante en su estructura ecológica.

El pasaje de bosque a arbustal o de bosque a pastizal, por ejemplo, no necesariamente implica que la superficie haya sido incorporada a una explotación productiva. Puede expresar procesos de degradación, pérdida de estructura, modificación de la composición de especies o dificultades para la regeneración del ecosistema.

Por eso, mirar solamente si una hectárea se transformó o no en un cultivo no alcanza para medir las consecuencias del fuego.

Qué dice la ley sobre las tierras incendiadas

El debate científico se cruza además con una discusión legal de enorme actualidad.

La Ley de Manejo del Fuego establece restricciones para modificar el uso de las superficies afectadas por incendios. En bosques nativos o implantados, áreas naturales protegidas y humedales, la normativa vigente establece una prohibición de 60 años para determinadas modificaciones de uso y destino, además de restricciones sobre loteos, fraccionamientos, emprendimientos inmobiliarios y determinadas actividades agropecuarias.

Para zonas agropecuarias, praderas, pastizales, matorrales y áreas de interfase fuera del ambiente estrictamente urbano, la legislación contempla un plazo de 30 años para determinadas modificaciones y emprendimientos.

La norma tiene una finalidad concreta: garantizar condiciones para la restauración de las superficies afectadas y evitar que un incendio se transforme automáticamente en una vía para modificar el destino de la tierra.

En agosto de 2026, la discusión volvió al centro de la agenda política nacional. El Senado dio media sanción a un proyecto de ley sobre inviolabilidad de la propiedad privada por 37 votos contra 33, luego de que fueran retirados capítulos vinculados con la modificación de las restricciones sobre tierras afectadas por incendios. La discusión volvió a poner en tensión dos cuestiones: el derecho de propiedad y las herramientas destinadas a evitar transformaciones productivas o inmobiliarias posteriores a los incendios.

El fuego como comienzo y no solamente como final

La investigación del INTA introduce una manera diferente de mirar los incendios. La imagen habitual muestra las llamas, el humo, los árboles quemados y las hectáreas afectadas. El estudio propone mirar también lo que ocurre cuando desaparece el fuego.

Una superficie incendiada puede recuperarse. Puede conservar una cobertura natural. Puede degradarse y pasar de un tipo de vegetación a otro. O puede terminar integrada a una actividad productiva. Cada escenario tiene causas y consecuencias diferentes.

Por eso, la discusión sobre los incendios en Santiago del Estero no debería reducirse a contabilizar focos durante la temporada crítica. También requiere observar el territorio antes y después, cruzar imágenes satelitales, registros de uso del suelo, datos de deforestación y antecedentes de cada parcela.

 

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