Desde hace ocho veranos, la Asociación Sonckoymanta organiza en Santiago del Estero una colonia de vacaciones gratuita e inclusiva para niños, jóvenes y adultos con y sin discapacidad. Cada temporada participan voluntarios locales y extranjeros, con el acompañamiento del municipio. El proyecto se convirtió en un espacio de autonomía, aprendizaje y contención para familias que muchas veces no encuentran otras opciones.
Enero, para muchas familias, es sinónimo de descanso. Para otras, especialmente aquellas que tienen un hijo con discapacidad, puede convertirse en un mes de incertidumbre. Las instituciones cierran, los tratamientos se interrumpen y las propuestas recreativas escasean o son inaccesibles por su costo.
En ese escenario, la colonia de la Asociación Sonckoymanta aparece como una excepción. Hace ocho años que la asociación sostiene una propuesta que nació con una convicción clara: que ningún chico se quede sin vacaciones.
“Sonckoymanta, hace ocho años que viene realizando colonias de vacaciones, siempre con una mirada inclusiva, donde pueden ir niños con y sin discapacidad”, explica Yanina Toscano, presidenta de la asociación. Y amplía: “En nuestro caso está adaptada a las diferentes edades, tenemos niños con discapacidad desde un año hasta 55 años”.
La propuesta no es improvisada. Detrás hay un equipo interdisciplinario: “Contamos con un equipo de profes de educación especial, educación física, acompañantes terapéuticos, profes de música, de arte, de cocina, y con un grupo de voluntarios muy importante”.
Este año, además, la experiencia se amplió con la llegada de jóvenes del exterior gracias a un convenio: “Este año hemos tenido voluntarios de Santiago del Estero y del exterior, que hemos hecho a través de un convenio, por lo que donde podido venir chicos de otros países a poder tener la experiencia de trabajar como voluntarios”.
La colonia funciona de 7 a 12. El colectivo sale temprano, los chicos desayunan, realizan actividades, comparten una colación y regresan antes del mediodía para evitar el calor.
El momento elegido no es casual. “En general la mayoría cierra todo y arrancan en febrero todas las actividades relacionadas a las personas con discapacidad”, explica. Enero suele ser un mes vacío de propuestas. Muchas familias quedan sin ningún tipo de actividad para realizar con sus hijos por las faltas de oportunidades.
Por ejemplo, sin transporte, el desafío es mayor: “Más allá de cualquier impedimento, el transporte es algo fundamental. Cuando no lo tenemos es un poco complicado para las familias”.
UNA COLONIA ITINERANTE
Con el acompañamiento del municipio, que aporta el traslado y el refrigerio, a colonia se volvió itinerante. “Ellos nos aportan lo que es el traslado y el refrigerio de los niños”, señala Toscano. Ese apoyo permite que la propuesta recorra distintos puntos de la ciudad.
“Nuestra colonia es una colonia itinerante de realizar actividades y de trabajar en diferentes espacios. Este año hemos estado en el Parque Sur, en el Parque Mama Antula, en el Domo, en el Parque Aguirre, en el Castillo Temático. Hemos recorrido una granja”.
El objetivo no es solo recreativo. También es cultural y social: “Tratamos de recorrer todos los lugares culturales, y bueno, que los chicos, muchos niños muchas veces no conocen, porque se les dificulta justamente el traslado, entonces en esta oportunidad nosotros podemos”.
Cada salida implica una planificación específica. “Adaptamos las actividades a cada encuentro, eso es una verdadera tarea de los profes”, destaca. Y el resultado se percibe: “La verdad que podemos ver cómo los chicos disfrutan cada espacio al que vamos, por ahí son lugares nuevos para ellos y que recién conocen”.
La colonia se organiza en tres contingentes en los cuales se reciben 60 participantes, aunque este año en el primero participaron 90. Quienes asisten pueden participar sin la necesidad de acompañantes terapéuticos, que suele ser un requisito en las colonias de vacaciones tradicionales.
Yanina Toscano resalta que a medida que pasan los años, la autonomía crece de cada uno de los niños crece. “Al pasar el tiempo, como son chicos que nosotros ya trabajamos durante todo el año, no vienen acompañados, sobre todo los jóvenes y adultos con discapacidad, ellos ya vienen solos y hacen las actividades”.
Lo cual es resultado que enorgullece ya que a asociación apunta a la autonomía como meta. “Creo que ese es el trabajo final de la asociación, en que la persona se independice y que pueda realizar todas las actividades sin necesidad de tantos apoyos, sea la condición que tenga”.
Aun así para los más pequeños, el acompañamiento familiar sigue siendo necesario:
“Los más chiquitos, por ahí que sí, ellos necesitan apoyo de su mamá, vienen acompañados”. Lo que sigue marcando una diferencia, ya que no se suele contemplar a familiares directos como acompañantes, esto elimina la necesidad de las familias de contratar un tercero.
El transporte es clave para garantizar la accesibilidad. “Contamos con un colectivo que sale de zona norte y hace el recorrido de todo Santiago por la Avenida Belgrano hasta las cuatro plazas del siglo XIX. Es importante porque participan jóvenes de distintos puntos de la Ciudad Capital,La Banda algunos y algunos de Clodomira”.

UNA PROPUESTA GRATUITA EN UN CONTEXTO DE BARRERAS
Uno de los rasgos distintivos de Sonckoymanta es que ningún proyecto se paga.
“Nuestra colonia es totalmente gratuita. Todos nuestros proyectos destinados para los chicos son gratuitos. Ningún proyecto se paga”, enfatiza Toscano.
Sostener esa gratuidad implica gestión constante: Eso es un gran trabajo realmente de la asociación de conseguir nexos para poder conseguir de estas actividades, de estas propuestas”.
El contraste con otras ofertas es evidente. Existen muchos grupos de jóvenes profesionales que realizan talleres y actividades adaptadas, pero todas son privadas, lo que se enfrenta con la realidad de muchas familias.
“Con el aumento de todos los recursos que necesitan los chico, hace que siempre el presupuesto para una familia que tiene un hijo con discapacidad es muy difícil poder pagar las actividades de ocio, recreativas”, explica la presidenta de la asociación.
VOLUNTARIADO CON COMPROMISO Y FORMACIÓN
El vínculo con voluntarios también evolucionó. “Años anteriores, por ahí quizás nosotros, la persona que nos quería ayudar venía un día y quizás no venía más por cuestiones de tiempo”, recuerda.
Ahora buscan formalizar ese compromiso: “Se va a firmar un convenio donde la persona se compromete determinadas horas, determinadas actividades”.
Y agrega: “Firmar un convenio es mucho más serio también para esa persona y también que pueda percibir una certificación de lo que hace”.
Los voluntarios reciben constancias formales cuando terminan la colonia o las actividades a finalizar el año, se llevan su certificado con la experiencia, corroborando que ellos han trabajado de manera voluntaria dentro de la asociación.
En el plano internacional, el convenio para 2025-2026 permitirá continuar recibiendo jóvenes del exterior. “Sonckoymanta se compromete a recibir a estos chicos. Nosotros les damos la estadía y la comida, y ellos realizan sus actividades dependiendo de la profesión que ellos tengan”.
Asi se fortalecen con nuevos conocimientos, se amplían las propuestas de actividades y se realiza un intercambio cultural que favorece tanto a voluntarios locales como a los niños de la asoción.
Toscano enumera experiencias concretas:
“Hemos tenido a Yakeline, que es de Brasil, y ella es profesora de teatro, y ha estado realizando talleres tanto en la colonia de vaciones como en las plazas donde realizamos nuestras actividades durante el año. También ha estado Bayron desde Guatemala, que él era abogado y que nos ha hecho parte del plan del trabajo de la asociación”.
EMPATÍA FRENTE AL DIAGNÓSTICO
En estos años, Sonckoymanta no solo ofreció juegos y talleres. También contención a padres y familiares, dando charlas, creando espacios de apoyo emocional. Yanina Toscano resalta que parte del trabajo es entender que cada niño tiene su tiempo, sus propios desafíos y sus tiempos. Reconoce que con todo estos años de trabajo ya pueden entender y, sobretodo, tener empatía con cada familia y su situación. Principalmente con las que recién se suman, que suelen llegar desbordadas por un diagnóstico.
El aprendizaje, dice Toscano, es mutuo. “Creo que las familias se van contentas entendiendo que la vida es más fácil cuando uno le genera oportunidades a su hijo, más allá de la condición que tenga”.
Hoy muchos padres ya no necesitan quedarse. “Vienen muy pocos padres. Ya no participan tanto porque los chicos están grandes y son más independientes y eso para mí es una gran satisfacción”.
Ocho veranos después, la colonia no es solo una propuesta recreativa. Es, como su nombre de la asociación lo indica, un trabajo desde el corazón: un espacio donde la inclusión no es discurso, sino práctica cotidiana.