19 de febrero, 2026
Actualidad

Muchos hechos, algunos públicos y notorios, otros no tanto, han demostrado cómo el feminismo de Simone de Beauvoir, Frida Khalo o Mary Wollstonecraft, entre otras tantas, quedó en el pasado. Hoy, la competencia impuesta por estereotipos inalcanzables de belleza, éxito y poder, impulsado por fotos que muestran realidades que no son tales, nos han devuelto a un feminismo y una sororidad que son sólo proclamas maravillosas pero que no se compadecen con la realidad en la que, cada vez son más las atrevidas aseveraciones, sobre todo de mujeres contra mujeres. Una realidad que sesga la realidad en una de las tantas partes en las que se notan los retrocesos sociales en un tiempo que parecía promisorio en este tema.

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar a dos personas opinando de otras mujeres. Las personas, aparentemente deconstruidas, hablaban, una cercana a mí, no afectivamente precisamente, de una mujer del espectáculo de un modo que estaba a dos centímetros de la declaración de prostitución. La otra, famosa ella, Florencia de la Ve, habló de la extrema delgadez de Tini Stoessel, tema que a la cantante la pone extremadamente mal y la pone en actitud de fragilidad. Obviamente, este hecho, no pasó desapercibido para los medios de comunicación.

Si de algo se han jactado las “mujeres empoderadas” es (entre otras cosas) de ser sororas. Pero, a esta altura de las circunstancias, dudo mucho de qué se trata ser sororas. Sorora, no fue, ni la persona allegada a mí, ni Florencia de la V, ambas enmarcadas en el mismo “colectivo imaginario”. Porque a esta altura nada de real hay en él. En la práctica son un oxímoron andante. Hablan de la importancia de defender los derechos de los más necesitados, necesitadas y necesitadEs, pero lo único que saben es de un odio mayúsculo, propio de un resentimiento malsano que fue impuesto e impulsado por sectores a los que les interesaba sobremanera abrevar de las disonancias sociales para impulsar ciertas políticas demagógicas, ganando la adhesión de sectores de la comunidad, otrora postergados. Sectores que por causas de origen o de destino, los llevaban y los llevan de las narices, a aclamar los derechos de los vulnerables, cuando son atacados por la “derecha”, pero cuando son detractados por ellas, la cosa es acomodada a gusto y piacere.

Hora de entender la sororidad femenina y la sororidad humana
La sororidad es la solidaridad, hermandad y alianza afectiva entre mujeres en un contexto de igualdad, especialmente para enfrentar la opresión, el machismo y la violencia de género. Propone romper con la rivalidad impuesta, fomentando el apoyo mutuo, el empoderamiento colectivo y el reconocimiento de sí mismas como pares para alcanzar metas comunes.
Se enfoca en la alianza, el reconocimiento y la empatía. Es una práctica política y ética del feminismo que busca la igualdad de derechos y el fin de la opresión de las mujeres.
En teoría busca eliminar la idea de rivalidad competitiva (especialmente la estética o profesional) entre mujeres, reemplazándola por cooperación.
• Presuntamente Incluye acciones como el respaldo ante situaciones de violencia, hacer cumplidos sinceros, la confianza mutua y la sororidad en el entorno laboral. Al unir fuerzas, las mujeres crean redes de apoyo que cambian su realidad y fortalecen su posición en la sociedad.

Etimología del término
La sororidad es un término que deriva del latín “sor” y que podemos entender como la hermandad o el apoyo mutuo entre mujeres. El uso del concepto sororidad busca hacer visible el hecho de que todas las mujeres se perciban como iguales, alejadas de las rivalidades que el sistema patriarcal ha generado entre ellas. 

Todo muy lindo y hasta alentador. Suena hasta superado, de una nueva era convivencial, pero nada de lo declamado se parece a la realidad. Hay cada día más dichos nefastos justamente de mujeres hacia otras. La proclama queda sólo en eso. En un manifiesto que a veces, de perfectamente pergeñada raya en la erudición, un discurso inmaculado que parece que vamos avanzando como humanidad, pero que se achicharra a la luz de los hechos como los de marras, o los muchos otros que vemos cotidianamente.

Hace poco, ocurrió lo de la chica santiagueña en Brasil, duramente castigada por sus gestos en un hecho poco claro, y era suficiente ver los posteos de muchas mujeres en las redes, para evaluar qué tan lejos estamos de defender unas féminas a otras. Sin entrar a batallar polémicas sobre si la chica santiagueña en cuestión, la falta, no de sororidad, sino de solidaridad hacia la misma estuvieron a la orden del día. Quizá por su status social, todo disfrazado de “lo que hizo mal”. Como se disfrazan todas las faltas de empatía, sobre todo entre mujeres. Y pongo este ejemplo dado que es allí, en el insondable feminismo donde se cuecen las mayores paradojas.

No porque los hombres no sean propensos a la crítica y a la sinrazón de los comentarios en las redes sociales, sino porque tienen formas menos elípticas, más directas de dirigir sus odios.

No en vano se dice que el cerebro femenino es biológicamente distinto al masculino.  En efecto, existen diferencias neurobiológicas y funcionales entre cerebros masculinos y femeninos, como mayor conectividad interhemisférica en mujeres (facilitando multitarea) y mayor conectividad intrahemisférica en hombres (favoreciendo tareas específicas), aunque estas no implican superioridad, sino estrategias distintas de procesamiento, con un cerebro masculino promedio un 10% más grande pero el femenino más eficiente en ciertas áreas y con menor asimetría cerebral.

Quizá esa diferencia anatómica haga que las mujeres puedan tener una atención plena de varias tareas a la vez, y el hombre, al estar naturalmente preparado para una cuestión específica, no pueda estar tan atento a los detalles de los demás, otorgándoles a otras, de su mismo género, una atención que en general va teñida de críticas muchas veces, fronterizas a la malicia.

La mayoría numérica, por otro lado, genera una rivalidad más orbital que la viril, que invita a “encontrarse en las esquinas”. Las mujeres tienen un modo de resolver sus controversias de un modo más sutil, pero no por eso menos nocivo. Un ojo averiado se cura, una palabra dicha en el punto justo, moviliza procesos mentales que pueden durar muchos más días que un moretón.

Las acusaciones verbales, muy en boga, sobre todo por imperio de las redes sociales y los posteos maliciosos, son en general, el arma más sutil y perniciosa.  Sino pregúntenle a Tini, a Agostina Paez y a tanta mujer que haya tenga relevancia mediática, por su físico, por su éxito, por sus yerros o por lo que fuere.

Todo es motivo de contienda.
En definitiva, la sororidad es sólo un promisorio enunciado, desdibujado a la luz de una realidad de rivalidades. Y lamentablemente, se atisba un futuro consecuente a este presente, sin variaciones y con mayor nivel de virulencia.
El discurso del colectivo, es selectivo (SOLO APLICA A CIERTAS IDEOLOGÍAS) Y ESTÁ en vías de extinción.
Lamentable pero real.

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