Mientras crecen las evacuaciones y las pérdidas, Abrigando Almas articula ayuda en los barrios más afectados. Entre ropa, alimentos y viandas, sostienen una tarea silenciosa que no empezó ahora, pero hoy se vuelve indispensable.
El agua no avisa, pero cuando llega, lo ocupa todo. Se mete en las casas, levanta el olor a humedad, arrastra lo que encuentra a su paso y deja, después, una escena repetida: colchones mojados, ropa inutilizable, utensilios perdidos, familias enteras tratando de salvar lo poco que queda.
En distintos barrios de Santiago del Estero, la crecida del Río Dulce y las lluvias intensas obligaron a muchas familias a autoevacuarse o a reorganizar su vida en condiciones precarias. Algunas lograron resguardarse en casas de familiares; otras permanecen en sus viviendas, resistiendo como pueden. En todos los casos, la urgencia es la misma: volver a empezar.
Pero en esos momentos, cuando lo material escasea y el tiempo apremia, hay algo que se activa con rapidez: la solidaridad organizada. No siempre visible, no siempre institucional, pero constante. Una red que se arma y se sostiene con lo que hay: voluntad, vínculos y compromiso.
Detrás de esa dinámica hay un grupo de mujeres que, desde hace seis años, decidió transformar la empatía en acción concreta.
Abrigando Almas nació en 2020, en plena pandemia, cuando la necesidad era urgente y generalizada. Lo que empezó como una iniciativa para recolectar ropa se convirtió, con el tiempo, en una organización comunitaria que hoy trabaja en múltiples frentes: desde la asistencia directa en barrios hasta la articulación con otras instituciones.
El nombre no fue casual. Surgió en invierno, en un contexto de aislamiento, frío e incertidumbre. La idea era simple pero potente: abrigar no solo el cuerpo, sino también acompañar desde lo humano. Dar algo más que ropa.
En este contexto de inundaciones, la demanda creció de manera exponencial. Ya no se trata solo de ropa: alimentos, artículos de limpieza, elementos de higiene personal y utensilios básicos se volvieron imprescindibles para las familias afectadas.
Frente a eso, Abrigando Almas no trabaja sola. Se suma a otras iniciativas solidarias, articula con instituciones y colabora para identificar necesidades concretas. Bajo el lema “La unión hace la fuerza”, han trabajado con organizaciones como Ángeles Solidarios, Huahita Feliz, Club Besares, Payasos de Hospital, Club de Leones, y otras.
Karina Núñez, referente de fundadora y responsable del roperito solidario, habló en exclusiva con LA COLUMNA sobre el origen del proyecto, el trabajo que sostienen desde hace seis años y los desafíos que enfrentan hoy.
-¿Cómo nació Abrigando Almas?
- El Roperito Solidario Abrigando Almas es una agrupación sin fines de lucro que nació en el año 2020, en plena pandemia, tras ver la necesidad urgente que tenía la gente en cuanto a ropa y calzado. Fue una idea mía armar este espacio donde realizamos colectas de ropa usada y nueva bajo el lema: “Si no lo usas, dónalo; si lo necesitas, llévatelo”. Empezamos armando una fanpage en Facebook para difundir la iniciativa en un momento donde todo era muy incierto.
-¿Por qué eligieron ese nombre?
- Lo pensé en invierno de 2020, bajo el contexto del COVID. Quería brindar algo que diera abrigo y calor. Surgió "Abrigando Almas" porque la idea es abrigar a quienes lo necesitan en el momento justo, pero también abrigar nuestras propias almas a través de las buenas acciones, siendo empáticos y solidarios.
-¿Cómo es el trabajo que realizan actualmente?
- Somos un grupo de diez amigas que trabajamos activamente. Yo me encargo de la comunicación y los flyers, aprovechando que también soy periodista y cuento con el apoyo de colegas y amigos en los medios. Difundimos las campañas en Facebook e Instagram, la gente nos escribe por ahí o por WhatsApp y nosotros pasamos a buscar las donaciones. Luego acondicionamos y clasificamos todo para llevarlo a los barrios más humildes o a familias en situaciones críticas, como incendios. En estos seis años ya hemos recorrido muchísimos barrios de la ciudad y también del interior de la provincia.
- ¿Qué tipo de campañas llevan adelante durante el año?
- Tenemos campañas que ya han quedado instituidas. La principal es la anual de "Si no lo usas, dónalo". También hacemos "Seamos útiles" para el inicio de clases, colectas para Navidad, Año Nuevo y la fiesta del Día del Niño, que es una de nuestras fechas centrales. Además, organizamos eventos como masterclasses, ferias de emprendedores, desfiles y festivales solidarios con grupos folclóricos para recaudar alimentos, leche, pañales o juguetes. Por nuestra labor, el año pasado recibimos el premio "Madre Teresa de Calcuta" y este año el reconocimiento "Mujer en Servicio" del Rotary Huarmi.
-En este contexto de inundaciones, ¿qué es lo que más se necesita?
- Lo principal hoy es el alimento para las ollas solidarias: fideos, arroz, puré de tomate, pollo y carne. También son críticos los artículos de limpieza (lavandina, detergente) y de higiene personal como jabón, dentífrico y papel higiénico. Como muchas familias perdieron todo, necesitamos utensilios de cocina (ollas, platos) y calzado.
- ¿Cómo se organizan para asistir a las familias afectadas?
-Nos hemos adherido a todas las colectas que se están realizando en la provincia. Vamos casi todos los días para entregar lo recolectado y evaluar en el lugar qué nuevas necesidades surgen.
-¿Reciben algún tipo de apoyo?
-El único aporte real y fijo que recibimos es de la Fundación Banco de Alimentos de Santiago del Estero. Gracias a ellos, este año comenzamos a entregar viandas, frutas y verduras en mi domicilio en el barrio Banfield (La Banda). Asistimos a unas 30 o 40 familias por semana, lo que representa entre 100 y 200 personas al mes.
-¿Cuál es la principal dificultad que enfrentan?
- Definitivamente la movilidad. No tenemos vehículo propio para disponibilidad constante; yo uso mi auto particular para trasladar algunas cosas y las chicas se manejan en moto, pero nos limita mucho. A veces contamos con la ayuda de amigos con camionetas o de la Municipalidad de La Banda para retirar verduras y alimentos, pero el traslado al interior sigue siendo nuestro mayor desafío.
-Más allá de la movilidad, ¿tienen alguna otra necesidad estructural en la organización? - Sí, actualmente una de nuestras mayores limitaciones es la falta de un espacio físico propio. Hoy en día, la entrega de viandas, verduras y frutas la realizamos en mi propio domicilio, en el barrio Banfield de La Banda. Contar con un lugar dedicado exclusivamente al "Roperito" nos permitiría no solo centralizar las donaciones y el acopio de alimentos de manera más ordenada, sino también ampliar la asistencia a las más de 100 o 200 personas que ayudamos por mes sin invadir el espacio familiar.
Para las personas interesadas en donar y colaborar se pueden comunicar por redes sociales.