28 de mayo, 2026
Actualidad

El Grupo Pueblo Negro reconstruyó la vida y el pensamiento de Francisco René Santucho en un documental que recupera una figura clave de la cultura santiagueña.

A través de fotografías, archivos, entrevistas y recuerdos, el Grupo Pueblo Negro reconstruyó la figura de Francisco René Santucho en Wasiman, de regreso a casa, un documental que busca devolver al presente la voz de uno de los intelectuales más importantes de la historia cultural santiagueña.

Investigador, editor, gestor cultural y militante político, Santucho marcó una etapa fundamental del pensamiento crítico del NOA. Su producción intelectual se propuso pensar América Latina desde sus raíces populares, indígenas y regionales, y se centró en la recuperación de la identidad indoamericana, rescatando la lengua quichua y las raíces del “ser santiagueño” frente a los modelos culturales hegemónicos.

“El Negro” Santucho es una figura clave de la intelectualidad santiagueña del siglo XX. Su pensamiento original buscó integrar el indigenismo, el federalismo rioplatense y el marxismo literario.

En una entrevista exclusiva con LA COLUMNA, su director Luis Gallar expresa:

"Es una persona que nosotros consideramos, con todo el grupo del documental, una persona muy importante; lo tomamos como un guía cultural, un representante muy valioso de nuestra región. Él inició en los años 50 con la librería Aymara, que estaba ubicada donde hoy funciona la Casa Taboada. O sea que él, de origen, era librero, escritor y un gestor cultural muy importante de la época, porque la librería congregaba a mucha gente, muchos artistas, con presentaciones culturales y conversaciones en torno a lo político".

Fue fundador de las librerías Dimensión y Aymara, espacios que también funcionaban como centros de encuentro cultural, y de la revista Dimensión, donde confluyeron escritores, artistas y pensadores de Latinoamérica.

Muchos de los ensayos y exposiciones de Dimensión se acercaban cada vez más a una política revolucionaria. Sostenía que la cultura no debía ser solo reflexión, sino también acción política. Este proceso terminó desembocando en el Frente Revolucionario Indoamericano Popular, un movimiento político que fundó junto a su hermano Mario Roberto Santucho y que promovía la unión de obreros, campesinos y pueblos originarios.

Francisco René fue secuestrado entre abril y mayo de 1975 en Tucumán por fuerzas represivas en el marco del Operativo Independencia, antes del golpe militar de 1976. Hasta el día de hoy permanece desaparecido.

Del archivo a la pantalla

El proceso de devolver a la vida la figura de Santucho comenzó con una recopilación de fotografías y escritos. Con el paso del tiempo, surgió la necesidad de profundizar en su historia y, después de dos años, se compiló la información necesaria para plasmarla en la pantalla.

Para reconstruir la figura de Santucho, el equipo realizó entrevistas a familiares, allegados, investigadores y personas que compartieron distintos momentos de su vida. Los testimonios permitieron recuperar no solo al intelectual y militante, sino también aspectos cotidianos y personales que ayudaron a construir una mirada más íntima del personaje.

A medida que avanzaba el proyecto, el proceso dejó de ser únicamente una investigación y comenzó a transformarse en una experiencia colectiva de memoria. Por esto, la idea inicial de realizar una ficción transmutó hacia un documental.

"Decidimos que teníamos la idea de hacer una película, una ficción sobre él, pero teniendo en cuenta la cantidad de información que fuimos recabando, el proyecto viró hacia el documental para poder compartir mejor toda la información recopilada con su familia, con gente que lo ha conocido y con quienes lo han estudiado", comenta Gallar.

Aunque muchos de los integrantes del Grupo Pueblo Negro venían del teatro, Wasiman representó su primera experiencia audiovisual de gran escala. El pasaje del escenario a la cámara implicó también una nueva forma de narrar.

Con un objetivo claro, la producción fue tomando forma de manera fluida. Sabían qué querían mostrar, en qué momento y de qué manera. Sin embargo, el cambio representó un importante desafío técnico. Manteniendo los ideales de su protagonista, la realización se centró en conservar la esencia de lo cotidiano, la imagen real de los santiagueños y alejarse de una estética cinematográfica ligada a lo perfecto.

“Hemos dejado atrás el buscar imágenes perfectitas que cinematográficamente está instalado. Nosotros estamos por hablar del indioamericanismo, estamos por hablar de Latinoamérica, vamos a mostrarnos como somos, desde lo grueso como somos, desde lo imperfecto”, explica Gallar.

Uno de los hallazgos más significativos apareció durante la revisión de archivos familiares. Entre cuadernos escritos en quichua y documentos personales encontraron la palabra “Wasiman”, que significa “de regreso a casa”. El descubrimiento terminó dando nombre al documental y condensando el sentido profundo del proyecto: traer de vuelta una figura olvidada de la historia cultural santiagueña.

La primera presentación del documental se realizó de manera íntima en el Centro Cultural del Bicentenario. Antes que un estreno tradicional, el grupo decidió convertir ese momento en un espacio de encuentro para familiares y personas cercanas a la historia de Santucho.

La convocatoria estuvo encabezada por sus hijos, quienes participaron activamente del proceso y de la reconstrucción de los archivos personales utilizados en la película. La sala terminó desbordada de público y, según relataron desde el grupo, también de emoción.

Ese primer encuentro terminó reafirmando una de las dimensiones más importantes del proyecto: la necesidad de volver a compartir colectivamente una historia que había permanecido durante años en los márgenes de la memoria santiagueña.

 

La memoria como posición política

Realizar Wasiman también significó para el Grupo Pueblo Negro sostener una producción cultural independiente en un contexto adverso para el arte y el audiovisual. El proyecto reunió a más de veinte personas en distintas áreas de realización, entre actuación, investigación, archivo, producción, música y trabajo audiovisual. El equipo estuvo integrado por Severo Callaci, Natalia Elall, Pablo Soria, Ramiro Gogna, Matias Gallar, Luciana Cano, Pablo Cano, Marcelo Hoyoz, Fernando Catalfamo, Luis Rugord, entre otros, consolidando una experiencia construida de manera colectiva.

“Hoy está instalado a nivel nacional y mundial que para largar un proyecto audiovisual tiene que haber una fortuna de plata detrás. Entonces, ¿qué estamos diciendo con esto? Que no es así”, dice Gallar.

Durante las primeras proyecciones, el grupo se encontró con una reacción inesperada: gran parte del público desconocía quién había sido Francisco René Santucho. Después de cada función comenzaron a repetirse las preguntas sobre sus libros, sus ideas y sus antiguas librerías.

Para el grupo, el documental significó una forma de pensar la memoria desde el presente. No solamente como una reconstrucción histórica, sino también como una manera de discutir identidad, cultura y pertenencia desde Santiago del Estero.

"Consideramos que el documental es un abrazo para los niveles de violencia que se están manejando hoy. Poder contar la historia de una persona muy importante de nuestra región... No digo cerrar heridas, porque cuando se habla de un desaparecido es muy difícil, pero sí saber que este trabajo ayudó a su familia a sanar algunas penitas. Y eso también tiene que ver con la forma en que venimos creando nuestros proyectos culturales: desde una revisión y una sanación", reflexiona Luis Gallar.

 

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