04 de abril, 2025
Actualidad

La educación, la preservación de relatos históricos y el fomento de una cultura de memoria son herramientas clave para garantizar que los errores del pasado no se repitan y conservar costumbres. Sin embargo, las nuevas generaciones parecen ignorar la memoria colectiva.

Existe un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad y afecta la manera de percibir e interpretar la realidad debido al olvido colectivo de cómo era la vida antes. A esto se le denomina amnesia generacional, un concepto que describe cómo cada nueva generación acepta el mundo tal como lo recibe, sin cuestionar los procesos que llevaron a su configuración actual. Los que los lleva a realizar un acto involuntario de olvido, desconociendo aspectos claves relacionados con la cultura, la historia, la concepción del medio ambiente.

Un claro ejemplo es la tecnología. Para muchas personas los teléfonos inteligentes, la conexión inalámbrica y el acceso inmediato a la información son parte natural de su entorno, porque nacieron en un contexto donde contar con estas herramientas es común. E ignoran que, en el pasado, la humanidad dependía de tecnologías más básicas, donde el mayor avance de una época podía ser la máquina de vapor. Al desconocer los procesos históricos que llevaron a estos desarrollos, se pierde la apreciación del esfuerzo y la innovación detrás de cada avance.

 

MEMORIA COLECTIVA

La memoria colectiva, concepto planteado por el sociólogo Maurice Halbwachs, es fundamental en la construcción de la identidad de una sociedad. Se construye a través de la transmisión de relatos de persona a persona, asegurando la continuidad del conocimiento histórico y cultural. Como señalaba el psicólogo Frederic Bartlett (Inglaterra), recordar es realizar un esfuerzo para darle significado a una trama o hecho que se dio.

Sin embargo, es común que, con el paso del tiempo, las personas comiencen a olvidar. Muchas veces, las generaciones más grandes dejan de ser conscientes de sus propios cambios y no reconocen que ellos mismos fueron jóvenes alguna vez. Esto los lleva a percibir las actitudes de las nuevas generaciones como inmutables, sin considerar la influencia que ejercen sobre ellas. Su papel en la transmisión del conocimiento es crucial, no solo para que las nuevas generaciones comprendan el mundo en el que viven, sino también para evitar repetir los errores del pasado.

La memoria no es estática. Puede desvanecerse o distorsionarse si no se refuerza constantemente. La falta de transmisión de experiencias y conocimientos genera vacíos históricos que afectan la percepción del presente.

 

PATRONES REITERADOS

Fue el ecólogo Daniel Pauly quien introdujo el concepto de síndrome de base cambiante, un aspecto de la amnesia generacional, tras notar como sus colegas contemporáneos aceptaban como línea de base la disminución de especies a pesar de la gran pérdida de diversidad.

Pauly explicó en un artículo (Anécdotas y el síndrome del cambio de referencia en las pesquerías) que los nuevos científicos no se daban cuenta de la pérdida de población de peces porque aceptaban una biodiversidad agotada como normal, es decir, desconocían por completo que antes existía una variedad oceánica más amplia y, por consecuencia, ignoraban por completo el problema de la desaparición de estas especies.

Este mismo patrón se repite en múltiples áreas, desde la deforestación hasta el cambio climático, donde la aceptación progresiva del deterioro ambiental como un hecho inevitable debilita la presión social para su protección.

Este efecto no se limita al medio ambiente. Se puede identificar en distintos ámbitos sociales, políticos y culturales. Las generaciones actuales suelen dar por sentados logros fundamentales sin considerar las luchas necesarias para alcanzarlos.

 

EFECTOS SOCIOCULTURALES Y POLÍTICOS

El impacto de la amnesia generacional amenaza a la preservación de valores y tradiciones. Afecta de manera directa nuestra vida diaria ya que interfiere en las decisiones, influye en nuestra percepción de los derechos y la estructura política.

Podemos observar este fenómeno en el ámbito laboral, por ejemplo, ya que muchas personas desconocen las condiciones precarias que enfrentaban los trabajadores y el sacrificio que realizaron para la consolidación de derechos sindicales y normativas de seguridad.

La desaparición de lenguas indígenas o costumbres tradicionales debido a la globalización es otra consecuencia del desapego con el pasado. En lo político, la apreciación de la democracia como un estado natural ha llevado a una disminución del compromiso cívico en algunos sectores.

Pero también se manifiesta de manera más compleja y con repercusiones profundas. Tal como es el caso que se vive en Argentina. La historia del país está marcada por periodos de represión. El 24 de marzo de 1976 se instauró una dictadura cívico-militar que estableció un régimen de percusión y terror. El gobierno de facto duró hasta 1983, dejando una estela de sangre, muerte y desaparecidos.

El alejamiento temporal de las nuevas generaciones de estos sucesos hace que pierdan relevancia para ellos. La disminución de las personas que vivieron y atravesaron este periodo, amenaza a que la memoria de la dictadura se mantenga activa. Esto ha permitido la aparición de discursos negacioncitas que relativizan crímenes de lesa humanidad, desestimando su impacto y cuestionando las políticas de memoria.

Combatir estos procesos que llevan a la amnesia implica un esfuerzo por parte de la sociedad: la educación, la preservación de relatos históricos y el fomento de una cultura de memoria son herramientas clave para garantizar que los errores del pasado no se repitan y conservar costumbres.

Recordar no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un mecanismo de aprendizaje y prevención. El pasado no debe ser un relato estático, sino una herramienta para construir un futuro más consciente y justo.

 

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