Un intercambio entre el cantautor salteño y el escritor santiagueño, surgido en el tradicional almuerzo de Cosquín, abrió una reflexión profunda sobre el folklore argentino, el territorio, la crisis ambiental y la identidad del monte.
El folklore argentino vuelve a plantear una de sus tensiones históricas: cantar a la tierra mientras la tierra se quema. En ese cruce entre arte popular, paisaje y urgencia ambiental se produjo un diálogo que merece ser contado como crónica, con contexto y sin estridencias. No ocurrió en un estudio de radio ni sobre un escenario, sino alrededor de una mesa, en uno de los rituales más significativos del Cosquín contemporáneo.
La entrevista se dio durante el tradicional almuerzo que cada año organiza Lucio Rojas en el marco del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Fue el miércoles 28 de enero, en un encuentro que ya es costumbre y símbolo: músicos, amigos, periodistas y referentes del monte compartiendo comida, palabras y memoria. Junto al cantor salteño estuvieron Lázaro Caballero, Christian Herrera y Paquito Ocaño, quienes, desde distintos recorridos artísticos, representan lo que hoy se reconoce como Los Cantores del Monte.
Durante el almuerzo se habló, en primer lugar, de lo que este encuentro significa para ellos: el regreso al origen, la necesidad de reunirse lejos del escenario y de volver a la palabra dicha sin micrófono, al canto como acto colectivo. Recién después de esa charla íntima y distendida se dio la conversación telefónica que derivó en este intercambio público, realizada para revista La Columna, entre el cantor salteño y el escritor quimilense Bebé Ponti.
El origen del cruce
El diálogo tuvo su punto de partida días antes, cuando una reflexión de Ponti sobre la existencia de cierto “vacío” en algunas propuestas artísticas vinculadas al Chaco Salteño generó repercusiones. Sus palabras circularon, se interpretaron y llegaron a oídos de Lucio Rojas. Lejos de reaccionar desde el enojo, el músico decidió responder desde el lugar que mejor conoce: la palabra compartida.
Al ser consultado, Bebé Ponti despejó cualquier duda desde el inicio. “Lucio Rojas es un gran artista al cual respeto y admiro profundamente, como a toda la familia Rojas”, afirmó. Aclaró que su reflexión no estaba dirigida a ellos, a quienes considera referentes indiscutidos del folklore argentino. Ponti habló como autor y poeta, pero también como ciudadano atravesado por la realidad ambiental y social del país.
“Hoy estamos viendo cómo se incendia la Patagonia, vimos cómo se incendió Córdoba y, hace poco, cómo se perdieron los esteros del Iberá bajo las llamas”, enumeró. Para Ponti, no se trata de una metáfora poética, sino de una urgencia concreta. “No se puede hablar de un árbol sin tener en cuenta las cenizas”, explicó, convencido de que el arte popular no puede desprenderse del contexto actual.
Su preocupación se extiende a las consecuencias humanas de esta crisis. La pérdida del hábitat natural —señaló— impacta de lleno en los pueblos originarios, que quedan sin agua, sin recursos y sin territorio. “No soy quien para criticar a estos grandes artistas”, aclaró, alejándose del lugar de juez. “Mi tarea ha sido escribir algunas letras y algunas canciones”, resumió con humildad.
La otra palabra
Lucio Rojas escuchó esas palabras con atención. En la mesa del almuerzo coscoíno, rodeado de otros cantores del monte, decidió responder desde su propia historia. “Opino igual que vos respecto a todo lo que está pasando”, expresó. Habló del Chaco Salteño como uno de los pocos territorios donde aún resiste el algarrobo ancestral y donde la defensa de la tierra no es consigna, sino una cuestión de supervivencia.
Lucio no habla del monte como una postal folclórica. Creció junto a pueblos originarios hasta los 18 años y esa convivencia sigue marcando su forma de vivir y de cantar. Por eso, confesó, las palabras de Ponti le dolieron. No por confrontación, sino por cercanía. “Me hubiese encantado que me digas: hermano, quiero escribir algo con ustedes, quiero compartir algo con ustedes”, expresó, abriendo la puerta a un deseo de encuentro creativo.
En su respuesta apareció una idea central: el diálogo entre generaciones del folklore argentino. Lucio reconoció en Ponti a un faro poético, a alguien que marcó un rumbo en la canción popular. “Siempre nos hace falta un Bebé Ponti”, afirmó, imaginando cómo una misma imagen —un algarrobo— puede transformarse en poesía desde miradas distintas y complementarias.
La charla avanzó hacia un terreno más duro. Lucio contó que su padre aún vive en la tierra donde nacieron y murieron sus ancestros, pero que ya no tiene derechos legales sobre ella. “No tiene derecho ni siquiera a prenderle una vela a sus seres queridos porque la tierra ya fue entregada”, relató. El despojo, en su voz, dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una herida abierta.
Unión cercana
Bebé Ponti retomó la palabra con una segunda aclaración. Insistió en que jamás pensó en Los Rojas cuando habló de “vacío” y recordó el vínculo afectivo y artístico que los une. “Yo aprendo de ustedes”, dijo, alejándose de cualquier rol de maestro. Incluso se permitió una autocrítica cruda y honesta: “A veces me salen cosas lindas y otras veces me salen cosas como el culo”.
Pidió disculpas si alguien se sintió tocado y ratificó su cariño. Pero también sostuvo su idea central: existe una propuesta potente en el Chaco Salteño, en Salta, Formosa y el monte profundo, que puede seguir creciendo y diciendo cosas nuevas. No como exigencia, sino como posibilidad.
En el cierre, ambos coincidieron en otra preocupación compartida: la situación de los autores y compositores en la Argentina actual. Ponti habló de decretos que recortan derechos; Lucio señaló cómo los músicos jóvenes buscan organizarse para defender sus canciones. “Podemos ayudarnos entre todos”, afirmó.
La conversación nacida en aquel almuerzo de Cosquín no dejó vencedores ni vencidos. Dejó algo más valioso: una escena donde el folklore volvió a ser palabra compartida, memoria viva y pregunta abierta. En un país acostumbrado al ruido, el monte habló desde la mesa. Y fue suficiente para que se lo escuche.