La renuncia del director del organismo, los cambios metodológicos postergados y el debate sobre inflación y pobreza ponen en primer plano el rol del INDEC como herramienta clave para interpretar la realidad económica y social del país.
La reciente renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) agitó uno de los pilares técnicos más sensibles de la política económica argentina: la medición oficial de la inflación y, por extensión, del índice de pobreza. La salida del economista, a pocos días de implementar cambios sustantivos en la metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC), expone tensiones internas, decisiones políticas y el riesgo de una pérdida de credibilidad en estadísticas clave para entender la realidad socioeconómica del país.
Lavagna, quien estuvo más de seis años al frente del organismo, presentó su renuncia en un momento de alta sensibilidad estadística. La salida se produjo antes de la publicación del dato de inflación de enero de 2026 y en el horizonte de la implementación de una nueva metodología para medir el IPC. El Gobierno explicó la decisión como resultado de diferencias sobre el momento de aplicación del nuevo esquema con la Casa Rosada, que prefiere posponer los cambios hasta consolidar una mayor estabilidad en la inflación.
El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó a su reemplazo en el cargo: Pedro Lines, técnico del propio organismo. A su vez, Caputo enfatizó que por ahora se seguirá midiendo la inflación con la metodología tradicional, posponiendo la entrada en vigencia del nuevo IPC.
QUÉ CAMBIARÍA LA NUEVA CANASTA
El corazón del conflicto es la actualización metodológica del IPC, un cambio que modifica la canasta de bienes y servicios que el INDEC utiliza para medir precios. Bajo la nueva base, derivada de una Encuesta de Ingresos y Gastos de Hogares actualizada, se habría dado mayor peso a servicios como transporte, vivienda y comunicaciones, y menor importancia a bienes como alimentos e indumentaria. Esto amplía el impacto estadístico de las variaciones de servicios públicos y privados en la evolución de los precios.
La actualización también amplía la cantidad de precios relevados y moderniza la forma de recolección de datos. Sin embargo, varios analistas señalaron que la actualización llega parcialmente desfasada porque se basa en patrones de consumo de años anteriores que no reflejan las transformaciones ocurridas después de la pandemia y las crisis recientes.
Entornos técnicos y algunos economistas indicaron que el efecto del cambio metodológico sobre los números finales de inflación no sería radical: estimaciones privadas muestran que, si se hubiera aplicado la nueva canasta en 2025, la inflación habría sido sólo ligeramente superior a la oficial.
INFLACIÓN, POLÍTICA Y DESCONFIANZA
La controversia no es solo técnica. Sectores críticos aseguran que, al posponer la aplicación del nuevo IPC, el Gobierno intenta moderar la métrica oficial de inflación en momentos en que el aumento de precios de servicios y otras categorías podría mostrar una dinámica más fuerte.
Columnistas económicos han calificado la situación como una generadora de desconfianza, en particular por la falta de explicaciones claras sobre los cambios y por la percepción de que los números oficiales puedan estar siendo moldeados políticamente.
Este tipo de cuestionamientos tiene antecedentes en la historia reciente del INDEC, que tuvo una etapa de intervención política entre 2007 y 2015 que derivó en el descrédito de los indicadores oficiales de precios.
La crisis estadística no se limita a la inflación. Un informe del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDEF), un think tank vinculado al gobernador bonaerense Axel Kicillof, cuestiona que la pobreza medida por el INDEC también esté subestimada. Según el estudio, si se usaran datos administrativos de salarios y jubilaciones en lugar de los ingresos reportados en encuestas, la pobreza no habría bajado sino que habría aumentado cerca de un 9% entre 2023 y 2025.
Una de las razones detrás de esta discrepancia es la obsolescencia de la canasta básica total (CBT): sigue calculándose con ponderadores de consumo de hace más de dos décadas, ignorando cambios en los patrones de gasto, especialmente en un contexto de alta inflación. Esto podría estar reduciendo artificialmente los umbrales que determinan qué hogares son considerados pobres.
¿QUÉ ESTÁ EN JUEGO?
Los indicadores del INDEC no son solo números fríos: impactan en la actualización de jubilaciones y asignaciones sociales, en la indexación de contratos y alquileres, en el cálculo de líneas de pobreza e indigencia, y sirven como referencia para políticas públicas, decisiones empresariales y análisis académicos. La forma en que se miden puede reinterpretar realidades económicas y sociales enteras.
La renuncia de Lavagna en medio de este escenario abre un capítulo de incertidumbre técnica y política sobre la institucionalidad estadística argentina. La pregunta que queda es si las tensiones actuales llevarán a una mejora metodológica que fortalezca la credibilidad del INDEC, o si profundizarán la desconfianza de amplios sectores que ya observan con recelo las estadísticas oficiales.
“SANTIAGUEÑO AL MANDO”: QUIÉN ES EL NUEVO DIRECTOR DEL INDEC
Pedro Lines, santiagueño de nacimiento, cursó el secundario en la Escuela Normal Manuel Belgrano, es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y posee un Magíster en Economía por el Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA). Además, se encuentra actualmente cursando una Maestría en Minería de Datos en la Universidad Austral, lo que sugiere un perfil que combina formación clásica con interés por herramientas cuantitativas modernas.
Antes de su ascenso a la dirección general, Lines se desempeñaba como director técnico del INDEC, rol desde el cual coordinaba la elaboración del Programa Estadístico Anual y supervisaba normas, procedimientos para censos, encuestas e indicadores sociales y económicos. En esa función, estuvo al frente de tareas centrales del sistema estadístico nacional, desde la compilación de estadísticas de balanza de pagos hasta la planificación de encuestas clave.
La trayectoria de Lines incluye experiencia internacional: entre 2011 y 2016 trabajó en la Autoridad Estadística de Qatar, donde fue responsable de la construcción de cuadros de oferta y utilización y cuentas por sector institucional, herramientas fundamentales para la medición macroeconómica.
La figura de Lines es vista por el Gobierno como la de un “funcionario técnico e intachable”, en palabras del ministro de Economía Luis Caputo, que resaltó su larga trayectoria dentro del organismo estadístico. Caputo también vinculó su nombramiento a la decisión de postergar la aplicación de la nueva fórmula de medición de la inflación, en un contexto en el que el viejo índice seguirá vigente hasta que se considere consolidado un proceso de desinflación.
No obstante, la designación también generó rechazos y desconfianza en sectores sindicales y técnicos, que cuestionaron tanto la falta de diálogo como la opacidad en torno a la conducción del INDEC en un momento de profunda sensibilidad estadística.
Así, Lines se convierte en el nuevo custodio de la estadística oficial argentina en uno de sus tramos más delicados: mientras se discute la actualización metodológica de los principales indicadores, su perfil técnico será observado tanto por aliados como por críticos en busca de señales sobre cómo se medirán y comunicarán los datos que funcionan como brújula de la economía nacional.