Leer en voz alta es una práctica que remonta a los orígenes de la transmisión del conocimiento. Aunque en las últimas décadas la lectura silenciosa ha ganado terreno, especialmente con el auge de los formatos digitales, leer y escuchar leer continúa en escuelas, bibliotecas, hogares y encuentros comunitarios como una forma de acercar textos y personas.
La reciente conmemoración del Día Mundial de la Lectura en Voz Alta sirvió para poner en foco esta costumbre, pero sus beneficios exceden el marco de una efeméride y tienen implicancias tanto individuales como colectivas.
Desde una perspectiva educativa y comunicativa, leer en voz alta favorece la comprensión de los textos y la interacción comunicativa. A diferencia de la lectura silenciosa, leer para otros exige claridad, entonación e intención, y al mismo tiempo obliga al oyente a concentrarse en un flujo de lenguaje que se despliega en tiempo real. Ese intercambio configura un contexto comunicativo más cercano al diálogo que a la mera decodificación de signos (letras).
¿QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO?
La lectura, en cualquiera de sus formas, es una de las actividades más complejas que realiza el cerebro humano. La neurociencia ha demostrado que no existe una única “zona de lectura”, sino que esta actividad moviliza una red interconectada de regiones cerebrales implicadas en el procesamiento visual, el lenguaje, la memoria y la atención. Leer requiere reconocer letras, transformarlas a sonidos, asociar significados y mantener la información activa en la mente para integrarla con el contexto.
Cuando la lectura se hace en voz alta, se suman procesos motores y auditivos: el cerebro coordina la producción de la voz al mismo tiempo que procesa lo que se escucha, lo que puede reforzar la memoria y el aprendizaje.
Investigaciones en neuroeducación sugieren que compartir la lectura con otra persona puede expandir las conexiones neuronales, al tiempo que combina aspectos sensoriales, lingüísticos y afectivos en un solo acto.
Más allá de esta activación simultánea de circuitos cerebrales, la lectura, en general, contribuye a moldear la estructura y funcionalidad del cerebro a lo largo de la vida. La participación continuada en actividades lectoras está asociada con mayor plasticidad neural, procesos de sinapsis más robustos y, en estudios sobre lectura regular, se observan efectos positivos en la reserva cognitiva y la predisposición a resistir deterioros vinculados a la edad.
BENEFICIOS PEDAGÓGICOS Y SOCIALES
En contextos educativos, la lectura en voz alta se utiliza como estrategia para facilitar el aprendizaje de la lectoescritura, especialmente en edades tempranas. La interacción de un adulto o un lector experimentado con estudiantes puede ofrecer modelos de pronunciación, ritmo y expresión, e incluso estimular el interés por la lectura como actividad placentera en lugar de una obligación escolar.
Además, diversas investigaciones indican que este tipo de actividades, cuando se hacen con regularidad, pueden ampliar el vocabulario y fortalecer habilidades de escucha activa y comprensión.
También hay evidencia de que leer en voz alta puede generar vínculos afectivos entre quienes participan del acto lector, ya sea entre padres e hijos, docentes y alumnos, o entre miembros de una comunidad. Esta dimensión social refuerza la noción de que la lectura no es solo una actividad cognitiva aislada, sino también una práctica que favorece la construcción de lazos y espacios de encuentro alrededor de los textos.
Aunque suele asociarse con la educación inicial, la lectura en voz alta no se agota en ese ciclo vital. Personas de todas las edades pueden beneficiarse de esta práctica, ya sea como medio de aprendizaje, como herramienta para fortalecer la memoria y la concentración, o como punto de partida para discusiones y reflexiones compartidas.
En un mundo en el que muchas formas de lectura se fragmentan en breves contenidos digitales, recuperar el ritmo y la profundidad de leer en voz alta puede constituir una pausa reflexiva que invite a repensar cómo nos relacionamos con los libros y con los demás.
La práctica de leer en voz alta, con su larga historia y su cada vez más documentado impacto cognitivo y social, sigue siendo una puerta de acceso a mundos compartidos de lenguaje y pensamiento, un puente entre el texto y la comunidad que lo escucha.