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De Añatuya a Boston
14 de mayo, 2026
Actualidad

La añatuyense Romina Tonani completó las Six Majors, el circuito más importante del maratón mundial. Pero detrás de la medalla hay nueve años de entrenamiento en rutas santiagueñas, sueños sostenidos y una bandera que viajó desde el interior profundo hasta Boston.

“Empecé trotando, parando, trotando, parando”, recuerda Romina Tonani, la añatuyense que hoy forma parte de las 25 mil personas en el mundo que lograron completar las Six Majors, el circuito de las seis maratones más prestigiosas y competitivas del planeta. Le llevó nueve años alcanzar esa meta y cerrar el recorrido en Boston, el maratón más antigua y una de las más exigentes del mundo.

Pero detrás de esa medalla hay años de entrenamiento en soledad bajo el calor santiagueño, recorridos en rutas rurales, viajes, lesiones y jornadas en las que correr parecía imposible.

Tonani comenzó en el running a los 39 años, cuando salir a trotar todavía era apenas una inquietud personal. “Siempre admiré a la gente que corría. Me parecía algo imposible”, cuenta en una entrevista exclusiva con LA COLUMNA. Sin embargo, estaba decidida a cumplir sus sueños, y de esa manera dio inicio de al proyecto que terminaría llevándola a las calles de Boston, Nueva York, Berlín, Londres, Chicago y Tokio.

Antes de dar la vuelta al mundo en las seis grandes carreras, al mes de ponerse las zapatillas y salir a correr, participaba en carreras de 10km, continuo con medios maratones de 21km, hasta que finalmente completó los 42 km. Pero eso no era todo, comenzaba el reto de mejorar tiempos, formarse para diferentes terrenos y climas.

Una preparación más desafiante que la de otros atletas. Organizándose con sus responsabilidades, cumpliendo su rol de madre y entrenando completamente sola, sin un running team, sin alguien con quien planificar sus entrenamientos, en una localidad donde no existe la infraestructura necesaria y cada deportista se genere el espacio necesario para practicar.  “Yo entreno en la ruta, yo no estoy dando vueltas por el lago de Palermo, yo salgo a entrenar en los campos, en los caminos rurales, en la ruta” explica Tonani.

Un factor determinante en la preparación de fue el clima extremo de su tierra natal, donde las temperaturas del verano santiagueño pueden ser un obstáculo insalvable para muchos. Lejos de desanimarse, ella utilizó el calor sofocante como una herramienta de entrenamiento metabólico, entendiendo que fortalecer el cuerpo en condiciones adversas le otorgaría una ventaja competitiva al correr en climas más frescos.

Esta capacidad de resiliencia es lo que define al atleta del interior: la habilidad de transformar la falta de infraestructura y el rigor climático en una fortaleza psicológica inquebrantable

Los compañeros anónimos

Entre camiones, motos y vecinos que la reconocen desde hace años, fue construyendo una rutina marcada por la constancia y el esfuerzo cotidiano.“Uno sale a correr solo y ellos están ahí. Me saludan, me tocan bocina. Son mis compañeros anónimos”, relata emocionada.

Con el paso del tiempo, cada viaje y cada carrera comenzaron a tener un significado más profundo. Ya no se trataba solamente de una meta deportiva personal, sino también de llevar consigo la identidad de su tierra

“Siempre llevo mi bandera de Añatuya y de Santiago del Estero. Uno ama su tierra más allá de todo lo que falta”, sostiene.

Esa bandera, con la inscripción “Añatuya Chasqui presente”, acompañó a Tonani en cada una de las grandes maratones internacionales que corrió. Desde Nueva York hasta Tokio, pasando por Berlín, Londres y Chicago, la atleta santiagueña sintió que detrás de ella también viajaban las personas que forman parte de su vida cotidiana.

Ellos quizás no saben a dónde voy, pero yo los llevo conmigo”, expresa.

                                                                                                                                             

Mucho más que correr

Para Tonani, correr nunca fue solamente una actividad física. Con los años, el running se convirtió en una forma de transformación personal, de disciplina y también de búsqueda interior.

“No descubrí la cura de ninguna enfermedad ni hice algo extraordinario para el mundo, pero creo que cuando una persona logra cumplir sus sueños se vuelve más feliz consigo misma”, reflexiona.

Según explica, esa felicidad también impacta en quienes rodean a la persona. “Cuando uno logra algo que soñó durante tanto tiempo, eso transforma. Y las personas felices también hacen bien a los demás”, sostiene.

En ese camino hubo lesiones, frustraciones, pandemia y momentos donde parecía imposible continuar. Sin embargo, nunca abandonó el objetivo de completar las Six Majors.

“Lo primero para no cumplir algo es ponerse un no”, afirma.

En un mundo que suele buscar resultados inmediatos, sus nueve años de esfuerzo constante son un testimonio de la importancia de sostener un propósito a pesar de las lesiones, la pandemia y las frustraciones cotidianas. Su mensaje es claro: la verdadera transformación ocurre en el proceso, en cada madrugada de entrenamiento y en cada decisión de no rendirse, convirtiendo el sueño de una meta lejana en una realidad consolidada kilómetro tras kilómetro.

Boston, el cierre perfecto

El broche final de ese recorrido llegó en Boston, considerada una de las competencias más difíciles para los corredores, ingresar no resulta sencillo: los atletas deben cumplir con tiempos específicos según la edad y el género, aunque incluso eso no garantiza una plaza.

Tonani logró acceder tras salir sorteada en un cupo especial para corredores que ya habían participado de otras majors. A partir de allí comenzó una preparación de casi seis meses, atravesada por entrenamientos en pleno verano santiagueño y competencias previas para adaptarse al exigente terreno de Boston, que es considerada por muchos como la "Meca" del running debido a su antigüedad y rigurosos estándares de clasificación.

El circuito es famoso por sus desniveles, especialmente en el tramo final donde aparecen las colinas que ponen a prueba la fuerza mental de los atletas cuando el agotamiento físico es extremo. Para una corredora acostumbrada a la llanura de las rutas santiagueñas, adaptarse a estas pendientes requirió una preparación específica que incluyó buscar terrenos similares en otras provincias para simular las condiciones de la carrera estadounidense.

Sin embargo, el momento más inesperado ocurrió apenas comenzó la carrera. Sus auriculares, que la acompañan en cada carrera, dejaron de funcionar.

“Cuando vi que no me andaban me dije: ‘Vos estás en Boston, soñaste toda tu vida con estar aquí. No importa lo que pase, la vas a correr igual’”, recuerda.

Lejos de arruinar la experiencia, aquel inconveniente transformó completamente la manera en que vivió la competencia. Sin música, pudo escuchar el aliento constante del público, los gritos en distintos idiomas y el ruido de una ciudad que acompaña a los corredores desde el primer hasta el último kilómetro.

Me permitió vivir la carrera mucho más presente”, cuenta.      

 

La evolución del running femenino

El logro de Romina también se inscribe en una historia de superación de género, recordando que en maratones como la de Boston, las mujeres tuvieron prohibida la participación oficial hasta principios de la década del 70. Hoy, al formar parte del reducido grupo de mujeres argentinas que poseen la medalla de las seis estrellas, Tonani se convierte en un referente de cómo el deporte puede ser un espacio de conquista personal. Su historia demuestra que no hay límites de edad para iniciar una carrera atlética de alto rendimiento, habiendo comenzado su camino a los 39 años para alcanzar la cima casi una década después.

 

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