Hace pocos días se celebró el Día del Periodista. Con dicha celebración estamos, nosotros, los trabajadores del cuarto poder, de capa caída. ¿Por qué? Porque nos sentimos desvalorizados, no porque al valor nos lo otorgue un señor llamado Javier Milei, sino porque somos la expresión tangible de un tiempo en que nos pretenden desacreditar quitándonos valor y precio.
Seamos justos, hubo un tiempo en el que un sector del periodismo se vio bien parado por obra y gracia de acercamientos personales a poderosos dispuestos a ofrecer prebendas a cambio de laudatorias crónicas.
Esto se debe a la sombra siniestra en la que se nos ha ubicado desde las esferas del “más allá” de Javico & cía. Cuando digo compañía me refiero, obviamente, a un clan acotado que comprende al dueto más incomprensible y fantasmagórico que nos gobierna, Javier y Karina o Karina y Javier (como a usted le parezca).
Ese nepotismo abreviado que han conformado los hermanos gobernantes, nos ubica frente a una coyuntura difícil de resolver, porque los periodistas, debemos mirar la realidad para juzgarla o al menos relatarla. Pero eso es difícil si te cierran las puertas del templo.
Un tuit de Milei reza (sic): “El 95% de los periodistas son delincuentes”. ¿Qué vara usa el desatado primer mandatario para medir la altura moral de “tooooodos” los trabajadores del cuarto poder?
Y vemos con particular extrañeza que una chica que contaba hasta hace poco los avatares de Pampita, hoy nos enseña por qué debemos seguir a “peluca”, con la convicción que emerge de un bien preparado proyecto y una voz engolada.
Y él (Peluca) nos enseña a ser mejores personas, pretendiendo privarnos del derecho a informar.
Para colmo de males, como para que el mensaje quede bien claro, inhabilitó el sistema de huellas dactilares y retiró el acceso a la Casa Rosada a más de 60 periodistas acreditados. La medida se tomó tras una denuncia de la Casa Militar por "espionaje ilegal", luego de que un canal de televisión emitiera imágenes grabadas con cámara oculta en el interior del edificio. Esto, por una denuncia penal ante el juzgado federal de Ariel Lijo contra dos periodistas de Todo Noticias (Luciana Geuna e Ignacio Salerno) por presunta violación de seguridad al filmar lugares operativos y logísticos de la sede de gobierno utilizando lentes espía. Si esto no es ficción y aventura, la ficción y la aventura ¿dónde están?
No damos para sustos ni más aguante, parece, pero los argentinos estamos algo calcinados con el electrocardiograma irregular al que estamos sometidos durante años en cuestión de presidentes.
Y la verdad, no nos dan muchas salidas, hemos tenido inflaciones, vicepresidentes renunciantes y hasta un día con primeros mandatarios: De la Rúa; Puerta, Rodríguez Saa, Camaño y Duhalde. Sí señores. Así es la argentinidad.
El de ahora rumbea para la derecha. Prometía honestidad y sus funcionarios adquieren créditos del Banco Nación por 300.000 verdes. Eso es el “rugir de la honestidad”.

Una pregunta que surge es ¿hay periodistas ensobrados en la gestión Milei? Ni lo dudo. Jonatan Viale, si lleva en su ADN partecita de su padre, puede ser que arregle pautas subrepticias, porque al otrora chico diez, lo veo hoy dudoso. Al fin y al cabo, el fruto no cae lejos del árbol.
Que hay un grupo de comunicadores que adhiere a la “causa” del león (que no es precisamente el de la Metro Goldwin Mayer, sino más bien de producciones de poca monta) es innegable. Obvio que él necesita su Goebbels, como lo fue aquel “ministro de propaganda”, lástima que se le escapan a don Javier, los “Adornis” por doquier.
Hablaba de la casta y él tiene una calaña. Una especie de sombrero mágico del que surgen novedades por doquier. No dejan de asombrarnos las novedades. Aunque en materia de asombro tenemos el cuero curtido.
Que quede claro el concepto. No necesitamos la venia presidencial para sentir lo que somos, el cuarto poder, porque lo somos.
Si no, Remember Watergate, Nixon y lo que para este fueron Woodward y Bernstein, los periodistas del Washington Post, que se erigieron, por ese caso, con el Pulitzer, máximo premio que puede recibir un periodista por su performance. Ellos desentrañaron la verdad de los negociados del Partido Demócrata, a cuyos meandros llegaron gracias a un minucioso trabajo de investigación, en el cual aportó “garganta profunda”, un informante que resultó pertenecer al FBI.
En fin, estimados lectores, ustedes serán la razón de nuestra existencia siempre que tengamos algo que contarles, algo que desentrañar y algo para molestar. Porque el periodista que no molesta, no le está haciendo honor a la profesión.
Larga vida al periodismo y a los que no vendemos la consciencia.