09 de julio, 2026
Actualidad

Las bajas temperaturas favorecen cultivos más resistentes y reducen el mantenimiento de la huerta. Qué especies sembrar y por qué producir alimentos en casa también fortalece la soberanía alimentaria.

Con las bajas temperaturas, la huerta parece detenerse. Sin embargo, el invierno es uno de los momentos más favorables para sembrar y preparar la próxima cosecha. Según especialistas, en esta época las plantas tienen menos actividad por las bajas temperaturas y están menos sensibles. Por lo tanto, sembrar en esta temporada es una  técnica para adelantar cosechas y obtener plantas más resistentes en primavera.

Con el frio, algunas semillas necesitan atravesar un período de frío para romper su estado de reposo y poder germinar cuando aumentan las temperaturas.

Lo primero es elegir bien los cultivos. Hay variedades que, lejos de sufrir el frío, aprovechan el clima fresco para crecer con firmeza, aunque a un ritmo más lento. Además, durante los meses fríos la tierra conserva la humedad por más tiempo y transpiran menos debido a que el aire es más frío. Entonces, se reduce la frecuencia de riego, por eso, disminuyen las plagas y enfermedades.

Por lo tanto, esta estación ofrece la oportunidad de tener una huerta de fácil mantenimiento. Ofrece condiciones ideales para obtener cultivos con hojas, flores, frutos y semillas sabrosos para sumar al menú diario.

Entre las verduras de hoja se destacan la lechuga, la acelga, la espinaca y la escarola. También pueden sembrarse hortalizas como habas, arvejas, brócoli, coliflor, rabanitos, zanahorias, puerros, nabos y cebolla de verdeo. En cuanto a las flores, el invierno es ideal para amapolas, caléndulas, manzanillas y cosmos.

                                                                              

Cómo sembrar con éxito

Lo principal es buscar un lugar soleado, ya que la mayoría de las especies necesitan como mínimo seis horas diarias de sol directo. Y en caso de no ser directo en tierra, es necesario elegir las macetas o recipientes a usar, ya sean botellas plásticas, cajones, canteros de madera o mesas de cultivo, con un buen volumen que permita el enraizado y  deben tener un buen drenaje, es decir, agujeros en la base para que escurra el agua excedente. 

 

  1. Limpiar: Quita las hierbas secas del verano. No hace falta labrar profundamente; el frío y la humedad ya se encargan de asentar la tierra.
  2. Proteger: es fundamental usar un mantillo o acolchado orgánico (hojas secas o compost descompuesto). Esta capa cumple tres funciones vitales:
    • Evita que el suelo se compacte por la lluvia persistente.
    • Mantiene una temperatura mínima constante en el subsuelo.
    • Protege las semillas de los pájaros.
  3. Sembrar antes de posibles lluvias: Si el pronóstico dice que va a llover dos o tres días seguidos, es el momento perfecto. La lluvia enterrará la semilla a la profundidad ideal de forma natural.
  4. Permitir el germinado natural: Una vez sembrado, el mantenimiento es casi nulo. No es necesario regar si el invierno es mínimamente húmedo. Las semillas entrarán en un estado de «espera activa», hidratándose con el rocío y la escarcha nocturna hasta que el aumento de las horas de luz en marzo dispare su crecimiento de forma espontánea.

 

 

¿Por qué tener una huerta?

En momentos de recesión económica, del avance de la industria agraria y la implementación de agroquímicos. Cultivar los alimentos propios y en casa es una muestra de resistencia.

Esta práctica combina sustentabilidad, comunidad y soberanía alimentaria. Las huertas no solo dan color y alimento, sino también mejoran el microclima, atraen polinizadores y generan sombra. Permiten crear redes de intercambio de semillas y conocimiento.

Además del ahorro económico, cultivar alimentos permite conocer el origen de lo que se consume, reducir el uso de envases, disminuir el transporte de alimentos y favorecer la biodiversidad al atraer insectos polinizadores como abejas y mariposas.

En Argentina, solo el 4,6% de los hogares tiene una huerta o cría animales para el consumo de la familia. El 2,8% tiene una huerta, 0,6% cría animales, y 1,2% tiene ambas cosas, según la encuesta “Inseguridad alimentaria y autoproducción 2023” presentada por el  Observatorio de la Deuda Social Argentina y el Programa Sistemas Alimentarios Sostenibles de Fundación Alimentaris.

En tiempos donde el costo de los alimentos continúa siendo una preocupación para muchas familias, una huerta representa mucho más que un espacio verde.

 

 

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