En Santiago del Estero, apenas el 38% de esa cohorte alcanzó sexto grado en tiempo y forma, con desempeños satisfactorios en Lengua y Matemática. El dato vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda: ¿qué significa terminar la primaria si una parte importante de los alumnos no logra apropiarse de los conocimientos fundamentales?
Hay una escena que se repite cada diciembre en las escuelas: diplomas, actos, familias emocionadas, guardapolvos que quedan chicos y chicos que dejan atrás la primaria para comenzar otra etapa. Pero detrás de esa fotografía de cierre existe otra realidad, menos visible y mucho más difícil de medir a simple vista. Llegar al último grado no necesariamente significa haber aprendido todo aquello que se esperaba aprender.
El nuevo Índice de Resultados Escolares (IRE) de primaria, elaborado por Argentinos por la Educación junto con Irene Kit, María Sol Alzú y Martín Nistal, pone números sobre esa distancia. El estudio analiza la cohorte de estudiantes que comenzó primer grado en 2020 y llegó al sexto grado en 2025, atravesando además un período excepcional marcado por la pandemia de coronavirus y la interrupción de la presencialidad.
El resultado nacional parece alentador a primera vista: 94 de cada 100 estudiantes llegaron a sexto grado en el tiempo esperado, sin repetir ni abandonar. Sin embargo, cuando a esa trayectoria se le suma el aprendizaje, la proporción cae a la mitad: solo 50 de cada 100 llegaron en “tiempo y forma”, es decir, con niveles al menos satisfactorios simultáneamente en Lengua y Matemática.
Para Santiago del Estero, la fotografía es todavía más desafiante. La provincia registra un IRE del 38%, uno de los valores más bajos del país. Solo Chaco, con 33%, presenta un resultado inferior, mientras que Misiones alcanza el 39%. En el otro extremo aparecen la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con 67%, Córdoba, con 61%, y La Pampa, con
Dicho de otro modo: de cada 100 chicos santiagueños que iniciaron primer grado en 2020, aproximadamente 38 lograron llegar seis años después al final de la primaria sin atraso y, además, con aprendizajes satisfactorios en ambas áreas evaluadas.
La cifra obliga a separar dos problemas que durante mucho tiempo fueron tratados como si fueran uno solo. El primero es la trayectoria: que los alumnos ingresen, permanezcan y avancen en la escuela. El segundo es el aprendizaje: que durante ese recorrido incorporen efectivamente los saberes necesarios.
Y esa diferencia es central para entender qué está pasando en la educación primaria.
Deuda en los aprendizajes
El IRE no mide solamente cuánto aprende un estudiante ni solamente si logra terminar la primaria a tiempo. Combina ambas dimensiones. Para construirlo, los investigadores utilizan información del Relevamiento Anual y los resultados de las pruebas Aprender 2025.
La evolución de la trayectoria escolar santiagueña muestra que hubo avances. En el informe anterior, correspondiente a la cohorte 2018-2023, el 86% de los estudiantes de Santiago del Estero llegaba a sexto grado en el tiempo esperado. Una década antes, para la cohorte 2011-2016, el indicador provincial era del 74%. Es decir, la proporción de chicos que transitan la primaria sin repetir ni abandonar creció de manera significativa. AArgentinos por la Educación
Ese progreso importa. No es un dato menor que más chicos permanezcan en el sistema educativo y lleguen al final de la primaria en la edad teórica correspondiente.
Pero tampoco alcanza.
Porque cuando se incorpora el desempeño académico, aparece una segunda brecha: estar en la escuela no garantiza, por sí mismo, aprender lo necesario.
En la medición de Aprender 2025, Santiago del Estero obtuvo 66,9% de estudiantes de sexto grado con desempeño satisfactorio o avanzado en Lengua, frente al 76,9% registrado a nivel nacional. En 2023, el valor provincial había sido de 55%, por lo que hubo una mejora de casi 12 puntos porcentuales. AArgentinos por la Educación
El dato puede leerse como una señal positiva. Más estudiantes alcanzaron los niveles superiores de desempeño en Lengua. Sin embargo, la provincia todavía se encuentra por debajo del promedio nacional.
La situación es más compleja en Matemática. Según los resultados de Aprender 2025, alrededor del 46,2% de los alumnos santiagueños alcanzó niveles satisfactorios o avanzados, mientras que el promedio nacional se ubicó en torno al 55%. En Santiago del Estero, el 27,1% quedó en el nivel básico y otro 26,7% se ubicó por debajo del nivel básico.

Vision Santiagueña
Matemática aparece así como uno de los principales puntos críticos de la primaria santiagueña, en línea con una dificultad que se observa también a escala nacional.
La brecha que deja la pandemia
Hay otro elemento que no puede perderse de vista: la cohorte analizada comenzó primer grado en 2020, justamente el año en que las escuelas cerraron sus puertas por la emergencia sanitaria.
Son chicos que iniciaron su escolaridad formal en un contexto extraordinario. Aprendieron a leer y escribir durante una etapa atravesada por interrupciones, educación remota, desigualdad en el acceso a dispositivos y conectividad y, posteriormente, por un regreso progresivo a la presencialidad.
El IRE muestra que la trayectoria pudo sostenerse relativamente bien: nueve de cada diez estudiantes argentinos llegaron a sexto en el tiempo esperado. Pero los aprendizajes tuvieron una evolución mucho más irregular.
A nivel nacional, el índice pasó del 46% en la cohorte 2011-2016 al 49% en 2013-2018 y al 50% en 2016-2021. Luego cayó al 45% en la cohorte 2018-2023 y volvió al 50% para quienes iniciaron primer grado en 2020 y llegaron a sexto en 2025.
La recuperación de cinco puntos respecto de la cohorte anterior es una buena noticia. Pero no debería confundirse con una solución.
La mitad de los estudiantes argentinos todavía no llega al final de la primaria cumpliendo simultáneamente las dos condiciones: trayectoria regular y aprendizajes satisfactorios.
En Santiago del Estero, la proporción es aún menor.
No todos los puntos de partida son iguales
El informe también señala una fuerte correlación entre el IRE y el nivel socioeconómico promedio de los estudiantes. Esto significa que las condiciones materiales en las que viven los chicos tienen una relación estrecha con sus posibilidades de completar una trayectoria escolar exitosa y alcanzar los aprendizajes esperados. Iinfobae+1
Para una provincia como Santiago del Estero, este aspecto resulta particularmente relevante. Las escuelas no funcionan aisladas de la realidad social de sus comunidades. Las dificultades económicas, la ruralidad, las distancias, el acceso desigual a recursos educativos y las condiciones de acompañamiento familiar forman parte del escenario en el que docentes y alumnos desarrollan todos los días su tarea.
Pero el nivel socioeconómico no debería transformarse en una explicación que cierre la discusión.
De hecho, el propio informe de Argentinos por la Educación advierte que algunas provincias con una mayor proporción de estudiantes en situación de pobreza consiguieron mejorar sus resultados y alcanzar o superar el promedio nacional. Esos casos sugieren que las condiciones sociales pesan, pero que también existen políticas, decisiones pedagógicas y estrategias institucionales capaces de modificar los resultados.
La discusión, entonces, no debería plantearse entre “la escuela puede todo” y “la pobreza explica todo”. La realidad es más compleja.
La escuela santiagueña frente a una nueva exigencia
Durante años, buena parte de las políticas educativas estuvo concentrada en sostener la inclusión: que los chicos ingresaran a la escuela, permanecieran en ella y avanzaran de grado.
Ese objetivo sigue siendo indispensable. Pero los datos muestran que ya no alcanza como único horizonte.
El desafío de la próxima etapa es transformar la permanencia en conocimiento.
En Santiago del Estero, eso significa mirar especialmente qué sucede con la alfabetización inicial, la comprensión lectora, la resolución de problemas y el pensamiento matemático. Significa también detectar tempranamente a los alumnos que quedan rezagados y fortalecer las intervenciones antes de que la dificultad se convierta en una brecha imposible de cerrar.
Los resultados de Aprender muestran, además, que no todas las áreas evolucionan de la misma manera. Mientras Lengua tuvo una mejora considerable entre 2023 y 2025, Santiago del Estero registró apenas 0,1 puntos porcentuales de variación en Matemática durante ese período, según el análisis de los resultados de Aprender 2025.