La muerte súbita puede ocurrir de manera inesperada y fuera de un hospital. Reconocer un paro cardiorrespiratorio, iniciar rápidamente una reanimación cardiopulmonar y saber utilizar un desfibrilador pueden ser claves para mantener con vida a una persona hasta la llegada de la asistencia médica.
Cada año, del 21 al 27 de agosto, se realiza en Argentina la Semana de Concientización y Prevención de la Muerte Súbita. La iniciativa busca poner el tema en conversación y recordar que, ante un paro cardiorrespiratorio, los primeros minutos son fundamentales. Reconocer la situación, iniciar una reanimación cardiopulmonar y utilizar un desfibrilador pueden marcar la diferencia mientras llega la asistencia médica.
Hablar de muerte súbita también implica hablar de prevención y de educación. Muchas veces pensamos que ante una emergencia cardíaca solo pueden actuar los médicos o los servicios de emergencia. Sin embargo, cuando el episodio ocurre fuera de un hospital, las personas que se encuentran cerca son quienes tienen la posibilidad de intervenir primero.
Una persona que se encuentra bien, está realizando sus actividades cotidianas y, de un momento a otro, pierde el conocimiento. No responde cuando alguien intenta despertarla y deja de respirar con normalidad. La escena puede generar miedo y dejar a quienes están alrededor sin saber cómo actuar.
Sin embargo, frente a una situación de este tipo, es fundamental una intervención inmediata. La muerte súbita es un evento inesperado que puede producirse en un período muy breve desde el comienzo de los síntomas y, en muchos casos, ocurre fuera de un hospital: en una casa, un trabajo, un club, una cancha o incluso en la calle.
Por eso, durante la Semana de Concientización y Prevención de la Muerte Súbita, organizaciones vinculadas a la salud buscan recordar que la comunidad también puede ser protagonista en una emergencia de este tipo. La Fundación Cardiológica Argentina impulsa esta campaña desde 2016 para promover el conocimiento y entrenamiento en maniobras de RCP y el uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA)
¿Qué es la muerte súbita?
Se trata de un fallecimiento inesperado y repentino que ocurre en un período muy corto desde que la persona empieza a manifestar síntomas. Generalmente está relacionado con una alteración del ritmo cardíaco que hace que el corazón deje de bombear sangre de manera efectiva.
Uno de los puntos que vuelve especialmente importante a esta problemática es que puede presentarse en personas que no sabían que tenían una enfermedad cardíaca. De acuerdo con información difundida por SUTEBA a partir de especialistas en cardiología, la mayoría de los casos está relacionada con enfermedades coronarias, aunque también existen otras causas, como diferentes tipos de miocardiopatías y alteraciones eléctricas de origen genético.
En algunas personas, especialmente en menores de 45 años, pueden existir alteraciones eléctricas del corazón sin una enfermedad cardíaca estructural evidente. Por eso, los antecedentes familiares y determinados síntomas no deberían ser ignorados.
Aunque suelen aparecer asociados, la muerte súbita y el infarto de miocardio no son exactamente lo mismo.
Un infarto ocurre cuando una parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre, generalmente debido a una obstrucción de una arteria coronaria. Puede provocar dolor o presión en el pecho, falta de aire, mareos, náuseas o sudoración.
La muerte súbita, en cambio, se caracteriza por una pérdida repentina de la función cardíaca, generalmente asociada a una arritmia grave. Un infarto puede desencadenar una muerte súbita, pero no todos los infartos derivan en muerte.
Esta diferencia es importante porque, ante un paro cardíaco, el tiempo de respuesta se vuelve determinante.
La muerte súbita puede presentarse de manera inesperada, pero existen situaciones que deberían motivar una consulta médica, especialmente cuando existen antecedentes familiares.
Los especialistas recomiendan una evaluación cardiológica para personas mayores de 45 años, quienes tienen antecedentes familiares de muerte súbita, quienes hayan sufrido un síncope o pérdida transitoria del conocimiento y quienes comienzan a realizar actividad física o practican deportes de manera competitiva.
También es importante prestar atención a síntomas como dolor en el pecho, falta de aire, mareos, palpitaciones o desmayos, particularmente si aparecen durante el ejercicio. Esto no significa que la presencia de alguno de estos síntomas implique necesariamente un riesgo de muerte súbita. Pero sí puede ser una razón suficiente para consultar con un profesional y determinar si es necesario realizar estudios.

Los primeros minutos
Cuando una persona sufre un paro cardiorrespiratorio, el corazón deja de bombear sangre y el cerebro y otros órganos dejan de recibir el oxígeno que necesitan.
La Fundación Cardiológica Argentina sostiene que la mayoría de las muertes súbitas ocurren fuera de los hospitales y que esto convierte a la comunidad no médica en el primer eslabón de atención. Cuantas más personas conozcan estas maniobras, mayores serán las posibilidades de que alguien pueda recibir ayuda durante esos primeros minutos.
Por eso, esperar únicamente la llegada de una ambulancia puede significar perder minutos valiosos. La Fundación Española del Corazón señala que cada minuto que pasa sin iniciar maniobras de RCP y sin utilizar un desfibrilador reduce las posibilidades de supervivencia.
La RCP consiste en realizar compresiones rítmicas sobre el pecho de la persona afectada para mantener la circulación de la sangre hasta que pueda recuperarse la actividad cardíaca o llegue la asistencia profesional.
Ante una persona que parece estar inconsciente, lo primero es comprobar si responde. Se puede tocar suavemente su hombro y preguntarle en voz alta si se encuentra bien. Si no responde y no respira con normalidad, es necesario pedir ayuda y llamar al servicio de emergencias.
Para quienes no tienen capacitación en RCP, la recomendación es comenzar con compresiones en el centro del pecho. La persona debe estar boca arriba sobre una superficie firme. Se coloca una mano sobre la otra, en el centro del pecho, manteniendo los brazos extendidos y los hombros directamente sobre las manos. Las compresiones deben ser firmes y rápidas, a un ritmo de entre 100 y 120 por minuto, permitiendo que el pecho vuelva a su posición después de cada una.
No es necesario saber realizar respiración boca a boca para comenzar. La llamada RCP solo con las manos puede ser realizada por personas que no tienen entrenamiento o que no se sienten seguras haciendo respiraciones de rescate. En estos casos, lo importante es mantener las compresiones hasta que llegue la asistencia médica o la persona comience a reaccionar.
En el caso de quienes cuentan con capacitación y se sienten preparados para hacerlo, la RCP puede combinar 30 compresiones con dos respiraciones de rescate. Después de las primeras 30 compresiones, se abren las vías respiratorias inclinando suavemente la cabeza hacia atrás y levantando el mentón, siempre que no exista sospecha de una lesión en el cuello. Luego se realizan dos respiraciones y se vuelve a comenzar con las compresiones.
La RCP debe continuar hasta que la persona muestre signos de movimiento o reacción, llegue el personal de emergencia o el dispositivo indique otra cosa. Y aunque el miedo a equivocarse puede paralizar a quien presencia una emergencia, las recomendaciones de primeros auxilios destacan que, ante un paro cardíaco, es mejor intentar realizar RCP que no hacer nada.
En niños y bebés, el procedimiento es diferente. La RCP pediátrica tiene algunas particularidades respecto de la que se realiza en adultos, por lo que no deben aplicarse automáticamente las mismas maniobras. Aprender RCP específica para bebés y niños permite actuar de manera adecuada ante una emergencia y reducir el riesgo de realizar una maniobra incorrecta.
¿Qué papel cumple el desfibrilador?
El Desfibrilador Externo Automático, conocido como DEA, es otro de los elementos fundamentales frente a un paro cardíaco.
Se trata de un dispositivo que analiza el ritmo del corazón y, cuando corresponde, indica o administra una descarga eléctrica destinada a intentar restablecer un ritmo cardíaco efectivo.
Su utilización temprana, junto con la RCP, forma parte de la llamada cadena de supervivencia. La Fundación Cardiológica Argentina destaca precisamente la importancia de que la población esté entrenada en ambas herramientas para poder intervenir antes de la llegada del personal sanitario.
En Argentina, además, la Ley 27.159 de Prevención Integral de la Muerte Súbita establece medidas relacionadas con la prevención y la asistencia ante estos episodios. La normativa fue sancionada en 2015 y reglamentada posteriormente. Entre otras disposiciones, contempla la presencia de DEA y personas capacitadas en RCP en determinados lugares públicos y privados de acceso público con gran circulación de personas.