18 de julio, 2024
Mujer

Es como la ley de Murphy. Si hay una mínima probabilidad de que ocurra algo malo, ocurrirá y no solo eso, sea cual sea esa desavenencia caerá sobre mi persona.

Es como si el universo entero conspirara en mi contra: fracaso en mis relaciones afectivas, mis planes siempre se van al traste y soy poco más que un imán para la mala suerte… ¿por qué todo me pasa a mí?

Decía Stephen Hawking que la vida sería trágica si no fuera graciosa. Admitámoslo, hay épocas en que nos sentimos de ese modo. Parece irónico y suena a broma, pero hay momentos en los que todo parece torcido y no hay manera de encontrar un sentido a todas las desavenencias que nos suceden. Es cuando la sucesión de “muchos pocos” acaban conformando un «mucho» y ya no sabemos por dónde tirar.

En esos instantes de nuestra existencia, cuando todo parece ir en nuestra contra, cuando es necesario tomar conciencia de algo: hay que detenerse y reflexionar. Porque lo que está sucediendo en realidad es que las emociones están abrumando nuestros pensamientos y enfoque.

No es que “todo te esté pasando a ti”, es que tú también lo estás haciendo posible con tu actitud. 

 

-¿Por qué siempre me pasa a mí?

A todos nos ha ocurrido en más de una ocasión. El destino, a veces, orquesta sus hilos en nuestra contra y, de pronto, se nos rompe el auto, nos quedamos encerrados en un ascensor, nos llega una notificación de justicia… ¿Por qué siempre me pasa a mí? Nos decimos con resignación.

La mala suerte (en cierto modo) existe, al igual que la buena suerte. No obstante, ambas esferas las promovemos nosotros mismos con nuestro enfoque mental, con nuestras propias acciones y disposición. Otras, en cambio, es la simple casualidad la que trae la bienaventuranza o la fatalidad.

Ahora bien, en ocasiones puede darse un hecho muy concreto, a la vez que desgastante psicológicamente. Hay personas que dan por sentado que la suya es una concatenación de catastróficas desdichas.

Lejos de sonar irónico o incluso gracioso, hay una evidencia y es que este tipo de atribuciones derivan en la clásica indefensión aprendida. Es decir, son esas situaciones en las que uno piensa que ya no tiene control sobre nada y que haga lo que haga, siempre le traerá el mismo resultado: la decepción, el error y el sufrimiento.

Detrás de la clásica expresión “¿Por qué todo me pasa a mí?” se esconden a menudo realidades más profundas que debemos comprender. .

 

Destino fatal

Fritz Heider fue un psicólogo austríaco que decía que esto se debe al tipo de atribución que aplicamos a los sucesos que nos ocurren o nos rodean. Por ejemplo, hay personas que dicen tener muy mala suerte en el amor. Siempre sufren decepciones, establecen relaciones de dependencia e incluso se enamoran la mayor parte de las veces de personas narcisistas. Atribuyen esas experiencias a la mala suerte, al destino fatal.

Sin embargo, rara vez son capaces de hacer un ejercicio de reflexión para entender que, tal vez, son ellas mismas las responsables de que eso ocurra. En realidad, no es la vida quien les castiga con ese mal de amores.

En realidad, son ellos los que no aprenden de la experiencia. Esa atribución externa es la que nos hace derivar en la indefensión, en pensar que todo escapa a nuestro control.

 

Cambiar el enfoque

Muchos de nosotros pasamos por esas épocas vitales en las que no nos acompaña la mala suerte. Nos sentimos víctimas de las circunstancias, de eventos inesperados o de hechos que no nos parecen justos.

Como señalaba el psicólogo Albert Ellis, las personas somos muy tendentes a interpretar de manera irracional muchas de las cosas que nos suceden.

Sin embargo, debemos tener claro un aspecto: hay algo más importante que aquello que nos sucede y es el modo en que interpretamos lo que nos pasa. ¿Qué significa esto?

 

  • Implica que si a mí me despiden del trabajo no me va a servir de nada lamentarme y señalar que por qué siempre me pasa a mí, por qué llevo una racha de tan mala suerte.

 

  • Este enfoque no es útil, no ayuda e inmoviliza. Es más, nos sitúa en esa zona donde asumir que no tenemos control sobre aquello que nos sucede.

 

  • Por tanto, hay que eliminar de nuestra mente ese lamento, esa queja sobre por qué siempre nos pasan cosas desagradables. 

 

  • Lo ideal es asumir que en nuestro día a día sucederán cosas buenas y menos buenas. Todas son oportunidades de aprendizaje.

 

  • Cuando nos ocurre algo negativo no podemos quedarnos paralizados. Hay que reflexionar y actuar.  

 

  • Hay que aprender de lo ocurrido y actuar para transformar nuestra realidad en la dirección que nosotros queremos.

 

  • Es cierto que hay muchas cosas que escapan a nuestro control. Sin embargo, hay otras sobre las que sí tenemos poder: la motivación, la actitud, las competencias, la voluntad y el compromiso. 

 

No lo dudemos. En nuestro interior hay una fuerza que nos capacita para trabajar firmemente en nuestra felicidad y bienestar. Se trata solo, de pensar bien, pensar mejor y eliminar el negativismo y la sombra de la indefensión.

 

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