14 de mayo, 2026
Entrevistas

La gigantesca estructura aparecida a la vera de la Ruta 1 abrió un debate social, cultural y psicológico en Santiago del Estero. La devoción popular, los rituales, el miedo y la violencia atraviesan una discusión que interpela a toda la comunidad.

La aparición de una gigantesca estructura de San La Muerte en la localidad de La Bajada, departamento Banda, generó conmoción en Santiago del Estero. La figura, de varios metros de altura y con luces encendidas en los ojos, se volvió en pocas horas uno de los temas más comentados en redes sociales, medios de comunicación y conversaciones cotidianas.

Ubicada a la vera de la Ruta 1, la imagen impacta por su tamaño y por el simbolismo que representa. Para algunos, se trata de una expresión de fe popular. Para otros, una manifestación inquietante vinculada a rituales, promesas y prácticas espirituales que todavía generan temor y controversia en amplios sectores de la sociedad santiagueña.

La noticia reabrió un debate histórico sobre las creencias populares en el norte argentino y el lugar que ocupan dentro de una cultura atravesada por la religiosidad.

San La Muerte es una figura venerada especialmente en provincias del nordeste argentino, Paraguay y algunas regiones limítrofes. Su culto, asociado muchas veces a pedidos de protección, salud, justicia o poder, suele estar rodeado de misterio. La imagen de la muerte personificada, portando una guadaña y vinculada a rituales secretos, alimentó durante décadas relatos urbanos, supersticiones y estigmatizaciones.

Sin embargo, detrás del impacto visual que produjo la estructura instalada en La Bajada, emerge una discusión mucho más profunda: ¿por qué las personas necesitan creer?, ¿qué función cumplen los rituales?, ¿hasta dónde una creencia puede convertirse en un mecanismo de contención o en un riesgo?

La psicóloga Natalia Smith, ex docente de Psicología y Religión de la UCSE, analizó el fenómeno de esté tipo de culto, en ediciones anteiores, desde una mirada científica y social en diálogo con Revista La Columna.

 

Las creencias como refugio

Para Smith, las creencias religiosas forman parte de un sistema complejo que ayuda a las personas a enfrentar situaciones límite. Enfermedades, pérdidas afectivas, problemas económicos, violencia o adicciones suelen convertirse en escenarios donde la espiritualidad aparece como sostén emocional.

“La idea de que lo malo no es tan malo le otorga significados más aceptables a sucesos irrepresentables. Las creencias llenan vacíos y ayudan a afrontar aquello que muchas veces no puede explicarse racionalmente”, explicó.

Desde la psicología, sostiene, la religión no se analiza únicamente como un fenómeno espiritual, sino también como un conjunto de representaciones cognitivas y culturales que condicionan conductas, decisiones y modos de relacionarse con el mundo.

La especialista remarca que creer no implica solamente adorar a una figura o entidad. También supone seguir rituales, sostener valores y asumir determinadas prácticas transmitidas socialmente por líderes religiosos o comunidades de pertenencia.

Los rituales son formas de revivir algo del pasado que vuelve a hacerse presente. Funcionan como prácticas colectivas que fortalecen la identidad y el sentido de pertenencia”, indicó.

En ese marco, la aparición de una figura monumental de San La Muerte no sólo impacta por su tamaño. También moviliza símbolos profundamente arraigados en el imaginario popular santiagueño.

El peso cultural de la fe

En Santiago del Estero, las creencias populares forman parte de una tradición transmitida de generación en generación. Devociones como el Gauchito Gil, la Difunta Correa o San La Muerte conviven con la religiosidad católica tradicional y con prácticas espirituales diversas.

Para muchos creyentes, estas figuras representan protección y esperanza. Para otros, están asociadas a rituales oscuros o prácticas marginales. Esa dualidad explica parte de la reacción social que provocó la estructura de La Bajada.

La psicóloga advierte que las creencias tienen un fuerte poder sobre la psiquis porque construyen representaciones capaces de orientar conductas.

“Si una persona cree que un símbolo es milagroso y que puede conectarla con algo trascendental, buscará acercarse a ese símbolo y otorgarle poder. Si no cree, ese objeto pierde sentido”, señaló.

La diferencia, agrega, está en el lugar que ocupa la creencia dentro de la vida de cada sujeto. Mientras algunas personas encuentran allí contención y resiliencia, otras pueden desarrollar formas extremas de dependencia o fanatismo.

 

El miedo a lo desconocido

La figura de San La Muerte suele despertar temor porque está vinculada simbólicamente con la muerte, la justicia y los rituales de protección. Pero también porque alrededor de su culto circulan relatos asociados a pactos, sacrificios y hechos violentos.

Consultada sobre si los rituales pueden motivar crímenes, Smith explicó que el rito en sí mismo no produce violencia, aunque puede formar parte de una lógica utilizada para justificar determinados actos.

Un rito es un método para llegar a un fin. Puede utilizarse para pedir protección, salvación o incluso para intentar justificar acciones violentas”, expresó.

Desde la criminología y la psicología forense, agregó, existen escenas del crimen donde aparecen elementos rituales que permiten reconstruir motivaciones, mensajes o creencias de los autores.

Sin embargo, aclaró que no toda práctica espiritual o religiosa implica peligrosidad.

“El problema aparece cuando la creencia se vuelve rígida, absoluta y desconectada de la realidad”, sostuvo.

Entre la devoción y el prejuicio

La estructura instalada en La Bajada también expuso otra discusión latente: la discriminación hacia las creencias populares.

Mientras algunos vecinos consideran que la imagen representa una amenaza o un mensaje intimidante, otros defienden el derecho a expresar públicamente su fe.

En redes sociales abundaron las burlas, los mensajes alarmistas y las interpretaciones extremas. También aparecieron defensas apasionadas de quienes veneran a San La Muerte como una figura protectora.

El fenómeno revela cómo ciertas devociones continúan siendo observadas desde el prejuicio, especialmente cuando se apartan de las prácticas religiosas tradicionales.

La psicología social explica que aquello que resulta desconocido o simbólicamente asociado al miedo suele generar rechazo colectivo. En ese punto, la monumental figura de La Bajada funciona casi como un espejo cultural: expone temores, creencias y contradicciones profundamente instaladas en la sociedad.

 

Una discusión abierta

La enorme estructura de San La Muerte seguirá siendo, probablemente, motivo de debate en Santiago del Estero. No sólo por el impacto visual que genera sobre la Ruta 1, sino porque obliga a discutir cuestiones mucho más profundas: la necesidad humana de creer, el poder simbólico de la religión, los límites entre fe y fanatismo y el modo en que las creencias moldean conductas sociales.

Mientras algunos observan la figura con devoción y otros con desconfianza, el fenómeno ya dejó en evidencia algo imposible de negar: la espiritualidad continúa ocupando un lugar central en la vida cotidiana de miles de personas.

Y en tiempos marcados por la incertidumbre, el miedo y las crisis sociales, las creencias —sean cuales sean— siguen funcionando como refugio, identidad y búsqueda de sentido.

 

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