21 de mayo, 2026
Actualidad

Mientras el ausentismo en las escuelas secundarias argentinas se convirtió en una de las mayores preocupaciones del sistema educativo, la provincia parece como una rareza estadística en medio de una crisis nacional que no deja de profundizarse.

Los datos más recientes revelan que más de la mitad de los estudiantes del último año del secundario en el país acumula 15 o más faltas anuales. Sin embargo, en territorio santiagueño los índices son considerablemente menores y abren una pregunta inevitable: ¿qué está haciendo diferente la provincia?

El informe “Ausentismo: ¿qué sabemos acerca de cuánto faltan los estudiantes de secundaria?”, elaborado por Argentinos por la Educación, encendió una nueva alarma sobre la situación educativa argentina. El estudio, realizado por Bruno Videla, Martín Nistal y Eugenia Orlicki, analiza los datos de las pruebas Aprender 2024 y PISA 2022 y muestra un crecimiento sostenido del ausentismo en las 24 jurisdicciones del país.

La cifra impacta: el 51% de los estudiantes del último año de secundaria reconoce haber faltado 15 días o más hasta octubre de 2024. Dos años antes, ese porcentaje era del 44%. Es decir, en apenas un bienio el ausentismo creció siete puntos porcentuales y consolidó una tendencia preocupante que atraviesa a toda la Argentina.

Pero en medio de ese escenario complejo, Santiago del Estero se ubica entre las provincias con menor nivel de inasistencias. Según el relevamiento, apenas el 28% de los estudiantes santiagueños declaró haber acumulado más de 15 faltas, muy por debajo del promedio nacional y lejos de distritos como Buenos Aires, donde el índice alcanza el 66%.

La diferencia no es menor. Mientras en gran parte del país la secundaria parece haberse convertido en un espacio intermitente para miles de adolescentes, en Santiago del Estero la presencia en las aulas todavía conserva niveles relativamente altos. Y eso, en tiempos donde la escuela pública enfrenta desafíos económicos, sociales y culturales cada vez más profundos, merece atención.

El ausentismo no es simplemente faltar a clases. Detrás de cada inasistencia existe un impacto concreto sobre el aprendizaje, la continuidad escolar y las oportunidades futuras. Los especialistas advierten que perder días de clases de manera reiterada incrementa las posibilidades de abandono, bajo rendimiento y desconexión con la escuela.

El problema, además, presenta una característica que inquieta a los investigadores: la “polarización” de la asistencia. Según el informe, ya no se trata de alumnos que faltan ocasionalmente. Crece el grupo de estudiantes que acumula ausencias severas, superiores a 20 o incluso 30 días al año. El 20% de los adolescentes argentinos admite faltar entre 20 y 29 días, mientras que un 10% reconoce haber superado las 30 inasistencias.

En otras palabras: uno de cada diez estudiantes secundarios prácticamente pierde un mes y medio de clases durante el ciclo lectivo.

 

PRECUPACIÓN

La situación preocupa particularmente a los directores de escuela. El 46% considera que el ausentismo es hoy el principal obstáculo para enseñar y aprender, incluso por encima de problemas históricos como la impuntualidad, los bajos resultados académicos o el ausentismo docente.

En Santiago del Estero, aunque los indicadores son más favorables, el fenómeno también existe y obliga a mirar con atención lo que ocurre dentro y fuera de las aulas. Docentes y equipos directivos reconocen que después de la pandemia cambió la relación de muchos adolescentes con la escuela. La asistencia dejó de percibirse como una obligación innegociable y comenzó a naturalizarse la idea de faltar.

El dato más inquietante del informe no está vinculado a enfermedades ni problemas económicos. El segundo motivo más frecuente de ausencias es, sencillamente, “no tener ganas de ir a la escuela”. Esa respuesta aparece en el 39% de los estudiantes encuestados.

La frase, aparentemente simple, expone un problema más profundo: el debilitamiento del vínculo entre los jóvenes y la institución escolar.

Especialistas en educación vienen advirtiendo desde hace años sobre el desgaste emocional y simbólico que atraviesa la secundaria argentina. Muchos adolescentes sienten que la escuela no dialoga con sus intereses, que los contenidos están alejados de su realidad cotidiana o que asistir no garantiza mejores oportunidades laborales ni sociales.

ARRAIGO CULTURAL

En provincias como Santiago del Estero, donde todavía persisten fuertes redes familiares y comunitarias, el acompañamiento social podría explicar parte de los menores índices de ausentismo. En numerosas localidades del interior santiagueño la escuela continúa siendo un espacio central de contención, pertenencia y movilidad social. Allí, la figura docente todavía conserva una autoridad simbólica importante y las familias mantienen un seguimiento más cercano sobre las trayectorias escolares.

Sin embargo, los especialistas advierten que no hay margen para triunfalismos. Aunque Santiago del Estero exhiba números más bajos que otras jurisdicciones, el problema crece y también impacta sobre la provincia.

La dificultad adicional es que Argentina no cuenta con un sistema nacional consolidado para medir el ausentismo en tiempo real. La información disponible surge, en gran parte, de lo que los propios estudiantes declaran en cuestionarios oficiales. Esto significa que el país todavía carece de estadísticas nominales y precisas que permitan monitorear el fenómeno con exactitud y diseñar políticas efectivas.

La ausencia de datos actualizados limita cualquier estrategia seria de intervención. No se puede resolver lo que no se mide correctamente.

En paralelo, el ausentismo también expone desigualdades sociales. Para los sectores más vulnerables, faltar muchas veces está relacionado con problemas de transporte, condiciones climáticas, necesidad de trabajar o responsabilidades familiares. En las zonas rurales santiagueñas, por ejemplo, las distancias y la conectividad continúan siendo factores determinantes.

Aun así, el informe muestra que el ausentismo atraviesa a todos los sectores económicos. No es un fenómeno exclusivo de la pobreza. En los sectores medios y altos aparecen otras razones: desmotivación, apatía o falta de interés por la escuela.

La pregunta entonces deja de ser solamente cuántos chicos faltan y pasa a ser por qué la escuela perdió capacidad de convocar. Porque detrás de cada banco vacío no hay únicamente una falta. Hay un estudiante que se desconecta, una oportunidad que se pierde y una señal de alarma sobre el presente y el futuro de la educación argentina.

Para leer el informe completo de Argentinos por la Educación.

 

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