07 de mayo, 2026
Pienso, luego existo

El acto realizado en Parque Norte, bajo la consigna “Primero las ideas”, buscó instalar en la escena política un nuevo espacio dentro del peronismo con aspiraciones de construir una alternativa nacional de centro, con impronta federal y en contraposición al gobierno de Javier Milei. Con figuras como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel, Pablo Yedlin, Kelly Olmos a la cabeza, el espacio intenta mostrarse como una expresión renovadora dentro de un movimiento históricamente marcado por sus tensiones internas.

Sin embargo, más allá de la estética de congreso, los paneles temáticos y las consignas orientadas al federalismo y la producción, el lanzamiento deja abiertos varios interrogantes que invitan a una mirada crítica, aunque prudente.

El primero de ellos tiene que ver con la identidad real de este armado. Si bien se plantea como una alternativa superadora dentro del peronismo, su composición remite, en buena medida, a figuras estrechamente vinculadas a la desastrosa experiencia de gobierno de Alberto Fernández.

No se trata de un dato menor: aquella gestión, lejos de consolidar una renovación política, terminó atravesada por internas, debilidad de liderazgo y una crisis de representación que aún impacta en el electorado peronista.

¿puede construirse algo verdaderamente nuevo con los mismos protagonistas de una etapa reciente que dejó más dudas que certezas? La política argentina ha mostrado, en reiteradas ocasiones, que los intentos de “rebranding” sin renovación sustantiva suelen encontrar un techo bajo.

Otro punto que merece atención es el énfasis en la “base territorial” como pilar de este nuevo espacio. El discurso de un peronismo federal, arraigado en la Argentina productiva y con protagonismo de las provincias, resulta, en principio, atractivo y necesario frente a una lógica política fuertemente concentrada en el AMBA. Sin embargo, la pregunta inevitable es cuánto de ese anclaje territorial es real y cuánto es aspiracional.

Más allá de la participación de intendentes como Federico Achával y Gastón Granados, el núcleo dirigencial del espacio no parece, al menos por ahora, representar una estructura territorial consolidada a nivel nacional, porque los convocantes no tiene base territorial alguna.

También aparece un interrogante estratégico: ¿a quién interpela este nuevo espacio? En un peronismo atravesado por liderazgos fuertes como los de Cristina y Axel, la irrupción de un sector que no se referencia claramente en ninguno de esos polos puede interpretarse de dos maneras, como un intento legítimo de abrir una tercera vía interna o como una construcción que, al no lograr diferenciarse con claridad ni acumular volumen político, queda en una zona de indefinición.

Las críticas más duras podrían calificar a este armado como “más de lo mismo”, una reedición de sectores que buscan reposicionarse sin ofrecer una autocrítica profunda sobre el pasado reciente. Incluso, desde miradas más escépticas, podría interpretarse como una jugada táctica dentro de la interna peronista, más orientada a disputar espacios de poder que a construir una alternativa real de gobierno.

Por ahora, la iniciativa se mueve en una zona gris. Puede ser el inicio de una reconstrucción o quedar como un intento fallido más dentro de la larga historia de internas peronistas. Entre la expectativa y la desconfianza, será el tiempo —y su capacidad de construir poder real— el que termine definiendo si estamos ante una alternativa en gestación o ante una expresión que, como tantas otras, no logra salir de la irrelevancia.

 

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