29 de enero, 2026
Actualidad

El uso constante del celular en situaciones de interacción cara a cara dio lugar al phubbing, una conducta cada vez más naturalizada que impacta en la calidad de los vínculos personales, familiares y laborales, y plantea nuevos desafíos en la comunicación cotidiana.

En cada mesa familiar, en reuniones de trabajo, en fiestas con amigos, y en cenas románticas, el protagonista es el mismo y siempre está presente; el celular. Los teléfonos celulares han cambiado las interacciones interpersonales y han establecido nuevos comportamientos socialmente aceptados.
En este nuevo escenario de hiperconectividad, uno de los fenómenos más visibles, aunque no siempre reconocidos, es el phubbing, un comportamiento cada vez más frecuente que consiste en ignorar a una persona presente para prestar atención al teléfono móvil. El término surge de la combinación de phone (teléfono) y snubbing (despreciar), y describe una conducta que, lejos de ser anecdótica, tiene consecuencias concretas en la calidad de las relaciones sociales, familiares y laborales.

UN HÁBITO NATURALIZADO
El phubbing se ha incorporado a la vida cotidiana de manera silenciosa. Revisar notificaciones durante una conversación, responder mensajes en medio de una reunión o consultar redes sociales mientras alguien habla son prácticas ampliamente aceptadas y, en muchos casos, justificadas como “necesarias” o “urgentes”. Sin embargo, distintos estudios advierten que esta conducta no es neutra: interrumpe la comunicación, debilita los vínculos y altera la percepción de atención y respeto mutuo.
Desde la psicología social, se señala que el phubbing funciona como una forma de exclusión simbólica. Aunque no exista una intención explícita de desvalorizar al otro, el gesto transmite un mensaje claro: la pantalla adquiere mayor relevancia que la interacción cara a cara.
Diversas investigaciones indican que este fenómeno afecta negativamente la satisfacción en las relaciones. En vínculos de pareja, por ejemplo, se asocia con una disminución de la comunicación efectiva, menor intimidad emocional y mayor conflictividad. La persona que se siente ignorada suele experimentar frustración, inseguridad y una sensación de desplazamiento que, sostenida en el tiempo, deteriora el vínculo.
En el ámbito familiar, el fenómeno también genera consecuencias. Cuando el uso del celular interfiere de manera constante en los momentos compartidos, como las comidas o las conversaciones cotidianas, se debilita la calidad del intercambio y se reduce el tiempo de escucha activa. En el caso de niños y adolescentes, esta falta de atención puede afectar la percepción de acompañamiento y contención emocional.
Ser víctima de phubbing no solo genera molestia ocasional. Estudios en psicología advierten que la exposición reiterada a este comportamiento puede afectar la autoestima, la sensación de pertenencia y la calidad del vínculo interpersonal. La persona ignorada puede interpretar el gesto como desinterés o rechazo, incluso cuando no existe esa intención.
A nivel social, la normalización del phubbing contribuye a una forma de comunicación fragmentada, donde la atención plena se vuelve excepcional. Las interacciones se tornan superficiales y se reduce la profundidad del intercambio humano.

 EL ROL DEL DISEÑO TECNOLÓGICO

El phubbing no puede analizarse únicamente como una decisión individual. Las aplicaciones móviles y redes sociales están diseñadas para captar y retener la atención del usuario mediante notificaciones constantes, recompensas inmediatas y estímulos visuales. Este diseño favorece conductas compulsivas y refuerza la necesidad de revisar el dispositivo de forma recurrente, incluso en contextos sociales.
A esto se suma el llamado Fear of Missing Out (miedo a quedarse afuera), un fenómeno psicológico que impulsa a las personas a mantenerse conectadas de manera permanente por temor a perder información, interacciones o experiencias relevantes. En este marco, el celular se convierte en una extensión constante de la atención.
El phubbing es una expresión clara de cómo la tecnología redefine las normas de convivencia. En una sociedad donde estar conectados es casi una exigencia, el desafío no es renunciar a los dispositivos, sino aprender a usarlos sin que interfieran en los vínculos humanos.
En última instancia, la pregunta no es cuántas veces miramos el celular, sino qué dejamos de ver cuando lo hacemos. La atención es un recurso limitado, y cómo la distribuimos impacta directamente en la calidad de nuestras relaciones y en la forma en que habitamos los espacios compartidos.
Especialistas coinciden en que el primer paso es reconocer el phubbing como un problema relacional y no solo como una cuestión de hábitos tecnológicos. Establecer acuerdos explícitos, como limitar el uso del celular en reuniones, comidas o encuentros laborales, puede mejorar significativamente la calidad de las interacciones.
Asimismo, promover espacios libres de dispositivos y fomentar la escucha activa son estrategias simples pero efectivas para recuperar la presencia en los vínculos cotidianos. No se trata de demonizar la tecnología, sino de redefinir su lugar en la vida social.

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