Se trata de la miel elaborada por la Cooperativa de trabajo Coopsol, ubicada en la ciudad de La Banda, que se exporta a Italia, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos.
La miel de atamisqui es única en el mundo y es la más buscada. Clara, translúcida, y con un aroma especial, es el arbusto de la región del gran Chaco que crece paulatinamente. “No tenía valor antes, ahora sí”, comenta la directora de la cooperativa Coopsol, Ana Laura Sayago.
Dicha empresa santiagueña, se dedica a la producción y comercialización, nacional e internacional, de productos apícolas. Uno de los consorcios que integran la cooperativa lleva por nombre “Wayra”, justamente el nombre elegido para bautizar a la primera producción de miel que llega a Japón desde Santiago del Estero.
Familias campesinas y pequeños productores, en su mayoría de zonas de monte nativo en la eco-región del Gran Chaco Americano, forman parte del mercado que en su primer año enviar al continente asiático (durante el 2022), unos 2.000 frascos de 500 gramos de miel con certificación orgánica y de comercio justo.
Se trató de la concreción de un envío de miel de la “Flor de Atamisqui”. El trabajo de producción iniciado en 2020, truncado por la pandemia, se encontraba trabajando en la marca de miel orgánica para el fraccionado de exportación y del mercado interno. No obstante, se abrieron las puertas de otro continente cuando conocieron a la empresa Biosophy, que les propuso enviar su miel al país asiático.
“Para nosotros es una miel con olor y sabor particular. Es monoflorar”, manifiesta Sayago, y sumó con gran emoción otra experiencia en marcha, continuar con las mieles de palo santo y quebracho colorado. “Es muy difícil encontrar zonas donde las mieles se encuentren no contaminadas que no ingresan en los estándares de comercialización internacional. Muchas mieles no pasan esos análisis, y nosotros la encontramos a 900 km en medio del monte o en el impenetrable”.
Atamisqui, cuyo nombre científico es Capparis atamisquea, es un arbusto pequeño, que también es conocido como matagusanos o palo hediondo, este último nombre se debe al olor desagradable que desprende. Tiene ramas rígidas y cilíndricas, flores de pétalos blancos, que generalmente están agrupadas en forma de racimo. Su fruto es tipo baya de color rojizo, pequeño y redondo, y de sabor entre dulce y astringente; es decir que seca la boca. No se lo suele usar como alimento y crece desde México, hasta Bolivia, Chile y Argentina.
Argentina se ubica entre los tres principales productores de miel a nivel mundial, siendo el segundo exportador de miel con un volumen promedio superior a las 75.000 toneladas (tn) anuales, mientras en el país se consume alrededor de 6.000 tn promedio.
El Registro Nacional de Productores Apícolas (RENAPA online) permite conocer que existen un poco más de 15.300 apicultores que manejan 33.477 apiarios y más de 3.500.000 colmenas. El sector cuenta con un total de 1.209 salas de extracción de miel habilitadas por el Senasa.
“Es una experiencia que nos llena de orgullo y fue bastante trabajo. Ricardo Jara fue quien propuso enviar la miel a Japón. Así comenzamos el sueño”, explica la directora y a su vez puntualizó que “fue un largo camino alcanzar los estándares de calidad. Se hizo un rediseño de toda la marca, packaging, y luego las relaciones institucionales”.
Su principal producto es la miel orgánica, multi y monoflora, y a partir de ello buscan el sueño de consolidar la producción apícola orgánica en la estructura productiva campesina, desplazando así otras actividades no sustentables como la producción de carbón vegetal y contribuyendo a mejorar la realidad social, económica y ambiental de las familias y comunidades.
Coopsol está integrada por el Consorcio de Cooperación de nombre WAYRA – Consorcio Bio del Norte Argentino. Es la cadena de valor de producción de miel orgánica más grande de Argentina y con sede en Santiago del Estero.
Establecida en 1992 e integrada por 14 socios, Coopsol es una empresa social que promueve el empresariado social y los negocios inclusivos. Principalmente se dedica a la producción y comercialización, nacional e internacional, de productos apícolas y agrícolas de alta calidad y valor agregado, en un alto nivel de eficiencia.
Hoy cuenta con alrededor de 1.300 colmenas bajo certificación bio y hace más de diez años destina su miel a mercados. Tiene como estrategia de desarrollo consolidar la cadena de valor en la calidad y diferenciación del producto, aprovechando con armonía y sustentabilidad de los recursos naturales ofrecidos por la eco-región del Gran Chaco Americano.
Con un modelo de economía social, la producción de miel busca agregar valor a la agricultura campesina. Empezaron con 30 colmenas y hoy tienen entre cerca de 4 mil y unas 450 familias trabajando en Santiago del Estero, Chaco y Salta. Además de atamisqui producen miel orgánica de algarrobo, de quebracho colorado y de palo santo. Con exportaciones a Italia, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos, anualmente envían 14 contenedores, de 21 toneladas cada uno.