22 de enero, 2026
Actualidad

El incendio forestal ya no es una postal lejana ni un fenómeno aislado: es una amenaza concreta que arrasa bosques, fauna, viviendas y pone en riesgo vidas humanas. En la el sur del país, el fuego expone la urgencia de prevenir, actuar a tiempo y entender que, en la mayoría de los casos, el desastre comienza por la mano del hombre.

El humo vuelve a cubrir el cielo patagónico y el fuego avanza sobre uno de los ecosistemas más valiosos del país. Bosques nativos, áreas protegidas y zonas cercanas a poblaciones rurales y turísticas enfrentan incendios forestales de gran magnitud que, año tras año, se repiten con una intensidad cada vez mayor. La combinación de sequía prolongada, altas temperaturas, vientos fuertes y la acción humana conforma un escenario crítico que exige respuestas inmediatas y, sobre todo, prevención sostenida.

En respuesta a la gravedad de la situación, el gobierno de Santiago del Estero envió un avión hidrante para colaborar con los operativos de combate al fuego en la Patagonia. Esta contribución se suma a los esfuerzos que ya despliegan brigadistas, bomberos voluntarios y fuerzas federales en terreno, consolidando un trabajo conjunto entre jurisdicciones para contener los focos ígneos que amenazan bosques, viviendas y comunidades enteras.

Los incendios en la Patagonia no solo consumen miles de hectáreas de vegetación: dejan cicatrices profundas en el ambiente y en las comunidades. La pérdida de flora y fauna nativa, la degradación del suelo y la amenaza directa a viviendas y fuentes de trabajo convierten a estos siniestros en una emergencia ambiental y social. Combatir el fuego implica un enorme despliegue humano y logístico, pero también un alto riesgo para quienes trabajan en la primera línea.

Desde la experiencia de los bomberos voluntarios y brigadistas forestales, una idea se repite con claridad: ningún territorio está exento. Tal como advierte el bombero Francisco José Guerrero Díaz, los incendios forestales pueden desatarse en cualquier provincia si no se respetan las medidas de prevención. El fuego no distingue regiones; solo necesita combustible, condiciones climáticas adversas y, en la mayoría de los casos, una chispa provocada por el descuido humano.

Los especialistas coinciden en que más del 80% de los incendios forestales tienen origen antrópico. Una quema mal apagada, una colilla de cigarrillo arrojada al suelo, basura acumulada o incluso botellas de vidrio que concentran los rayos del sol pueden ser el inicio de una tragedia. En la Patagonia, donde el bosque y el monte conviven con zonas habitadas, el riesgo se multiplica cuando no se respetan las prohibiciones de quema ni las normas básicas de cuidado ambiental.

 

EL COMBATE

El combate contra el fuego es una tarea compleja. Los brigadistas deben desplazarse por terrenos difíciles, con equipamiento pesado y recursos limitados. El desgaste físico es extremo y el peligro constante. Además, cada incendio exige decisiones rápidas: optimizar el uso del agua, proteger vidas humanas, evitar que las llamas alcancen viviendas y reducir el impacto ambiental. Todo esto, muchas veces, en condiciones climáticas adversas y con focos activos que cambian de dirección según el viento.

Saber cómo actuar frente a un incendio puede marcar la diferencia. Ante cualquier emergencia, mantener la calma es fundamental. En el caso de un incendio cercano, se debe evaluar la situación y seguir siempre las indicaciones oficiales de bomberos, defensa civil o autoridades locales. Si se ordena evacuar, es clave hacerlo sin demora y contar con una mochila básica preparada: agua, alimentos no perecederos, abrigo, linterna, radio, documentación y medicación en caso de tratamientos médicos.

Si una persona se encuentra atrapada en un incendio forestal, los especialistas recomiendan observar la dirección del viento y nunca avanzar hacia donde se desplaza el fuego. Buscar zonas despejadas, caminos, ríos o áreas ya quemadas puede ofrecer una oportunidad de resguardo. Evitar barrancos y laderas es crucial, ya que el fuego asciende con mayor velocidad. Proteger las vías respiratorias con un pañuelo húmedo, cubrir la piel con ropa de algodón o lana y, si es necesario, acostarse en el suelo para respirar aire más limpio son medidas que pueden salvar vidas.

La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Mantener limpios los alrededores de las viviendas, no arrojar residuos, respetar la prohibición de quemas y revisar las instalaciones eléctricas son acciones simples pero decisivas. Educar a niños y adultos sobre el uso responsable del fuego es una inversión a largo plazo que puede evitar pérdidas irreparables.

La Patagonia arde, y la respuesta solidaria —como el envío del avión hidrante desde Santiago del Estero— demuestra que el combate al fuego es una causa que exige unidad y responsabilidad colectiva. El mensaje es claro: el fuego no es solo un problema de quienes lo combaten, sino de toda la sociedad. La conciencia colectiva, el respeto por las normas y la responsabilidad individual son tan importantes como los aviones hidrantes y las brigadas en el terreno. Porque cuando el bosque se quema, lo que se pierde no es solo paisaje: es futuro.

 

Compartir: