El movimiento de las ventas minoristas en Santiago del Estero durante 2025 dejó un escenario de contrastes que refleja, con nitidez, el clima económico que atravesó la provincia y el país. Según los registros del Índice de Ventas Minoristas de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el sector pyme logró cerrar el año con un crecimiento interanual acumulado del 2,5% a precios constantes respecto de 2024. Sin embargo, ese resultado positivo no alcanzó para disimular un segundo semestre marcado por la retracción del consumo y una fuerte desaceleración hacia el cierre del año.
El inicio de 2025 había mostrado señales de recuperación para los comercios de cercanía. Enero y febrero registraron subas interanuales impulsadas por factores estacionales, promociones agresivas y un consumo contenido del año previo que encontró una ventana de desahogo. En ciudades como Santiago Capital, La Banda y Termas de Río Hondo, los rubros vinculados a indumentaria, calzado y alimentos experimentaron una mayor circulación, aunque sin alcanzar niveles de expansión sostenida.
A partir de mayo, la tendencia comenzó a revertirse y el sector ingresó en una etapa de caídas consecutivas que se extendieron durante ocho meses, hasta diciembre inclusive.
El cierre de 2025 dejó una señal clara: diciembre registró una caída del 5,2% interanual, uno de los descensos más pronunciados del año. El dato impactó de lleno en la percepción de los comerciantes, que enfrentaron las fiestas con un consumidor más cauteloso, tickets promedio más bajos y una marcada priorización de gastos esenciales. En la mayoría de los locales, las ventas se sostuvieron a partir de descuentos, pagos en efectivo y estrategias de supervivencia más que de expansión.
El análisis por rubros mostró un comportamiento desigual. Textil e indumentaria, bazar y decoración, perfumería y calzado encabezaron los retrocesos, afectados por la caída del poder adquisitivo y la postergación de compras no urgentes. En contraste, ferreterías y materiales de construcción lograron sostener leves incrementos, asociados a pequeñas refacciones y mantenimiento del hogar, un fenómeno que se repitió en distintos puntos de la provincia. El rubro alimentos y bebidas, aunque esencial, también mostró señales de estancamiento, con consumidores que redujeron cantidades o migraron a marcas más económicas.
Más allá de los números, el pulso del comercio minorista santiagueño durante 2025 se expresó en escenas cotidianas: locales con horarios recortados, rotación mínima de personal, stock más medido y una relación directa con clientes que preguntan, comparan y muchas veces se van sin comprar. La retracción del consumo no fue abrupta, pero sí persistente, erosionando la rentabilidad de las pymes y obligándolas a redefinir estrategias en un contexto de costos crecientes y márgenes ajustados.
El inicio de 2026 encontró al sector con expectativas moderadas. Los primeros indicadores vinculados a fechas clave, como Reyes Magos, mostraron un crecimiento interanual cercano al 0,5%, pero con un dato que se repite: tickets promedio más bajos y un consumo fragmentado. En Santiago del Estero, la venta de juguetes, indumentaria infantil y tecnología básica se sostuvo, aunque lejos de los niveles previos a la crisis. La tendencia confirma que el consumidor sigue activo, pero con una lógica de compra defensiva.
Según relevamientos sectoriales, más del 50% de los comerciantes pyme de la provincia considera que 2026 podría mostrar una leve mejora respecto del cierre de 2025, aunque sin expectativas de un repunte fuerte en el corto plazo. La cautela domina las decisiones: se posterga la inversión, se reduce la reposición de mercadería y se prioriza la liquidez. La mayoría coincide en que una eventual recuperación del consumo dependerá de la estabilidad de precios, la evolución de los ingresos y el acceso al crédito.
En el entramado económico santiagueño, el comercio minorista cumple un rol central como generador de empleo y dinamizador de la economía local. Por eso, la evolución de las ventas no solo impacta en los balances de fin de mes, sino también en el tejido social. Durante 2025, muchos comercios lograron sostenerse gracias a la fidelidad de sus clientes y al esfuerzo familiar, una constante histórica del sector pyme en la provincia.
Así, el balance final de 2025 deja una lectura ambigua: crecimiento anual leve, pero con señales de fragilidad estructural, y un 2026 que comienza con expectativas contenidas. El desafío para losy próximos meses será transformar la cautela en previsibilidad, y lograr que el movimiento de las ventas minoristas en Santiago del Estero deje de depender de picos estacionales para construir un sendero de recuperación más estable y sostenido.