El sobrepeso y la obesidad conforman un problema de salud pública grave. Con múltiples factores desencadenantes, la poca conciencia a la hora de ingerir alimentos se acentúa en la población más joven.
“Se subestima la alimentación, tomándola como un hábito normal u ordinario. Desde el hecho de que nacemos y comenzamos a alimentarnos instintivamente, se pierde y no tenemos conciencia de la importancia de la buena alimentación”, destaca la especialista en nutrición, la Licenciada Raquel Carranza.
Más del 60% de la población en Argentina tiene exceso de peso, que hoy afecta a 6 de cada 10 adultos y a 3 de cada 10 niños y niñas en edad escolar; la progresión de la enfermedad puede revertirse fundamentalmente con el cambio de hábitos.
En dialogó con LA COLUMNA, la licenciada amplía el panorama dando detalles del mismo y como se puede crear otro futuro para un mejor estado de salud.
Comencemos por el inicio, ¿cómo define la ciencia a la obesidad?
Es el exceso de peso corporal, respecto a la talla. Se mide a través del índice de masa corporal, que es el indicador que nos va a determinar en qué estado de sobrepeso u obesidad estamos. Justamente la obesidad se categoriza en distintos grados, uno, dos o tres.
¿En qué grado se considera enfermedad?
Desde el sobrepeso se considera enfermedad. Cuando superamos el índice de masa corporal del 25%, hablamos de sobrepeso. Si tiene un exceso de peso del 30%, es obesidad grado uno. Si es del 35%, es grado dos, y más el 40% es obesidad mórbida o grave. En cualquiera de los casos ya es una enfermedad, porque en esos estados existen alteraciones metabólicas en el organismo.
¿Las alteraciones son crónicas?
El sobrepeso y obesidad desarrollan otras patologías, cómo el síndrome metabólico, insulinorresistencia, esteatosis hepática, hipertensión arterial.
¿Estas son las principales complicaciones o existen otras?
El paciente que presenta la enfermedad ya se encuentra con un estado de inflación. Tiene un exceso de grasa, y hace que produzca inflamación generalizada.
Ese estado hace que se desarrolle menor inmunidad, porque el cuerpo está resistiendo esa situación.
Una persona que padece sobrepeso u obesidad, ¿tiene o no conciencia de que están enfermos?
La gente no lo reconoce como una patología, sino como una enfermedad. Lo asocia mucho más como un estado relacionado a lo estético. No tiene conciencia de que es una enfermedad que lo lleva a desarrollar otras patologías.
Si lo tomaran verdaderamente como una enfermedad, concurrirán a un tratamiento más rápido. Sin embargo, hay muchas personas que no lo consideran. Llega al consultorio cuando su médico clínico le dice que está en un estado de prediabetes, cuando su presión arterial hizo un cuadro muy agudo y tuvo que ser internado. Si no hay síntomas no hace la consulta.
Falta entonces conciencia, teniendo en cuenta que también es una pandemia. En el mundo entero aumentaron los casos en todos los grupos etarios, tanto en niños, como adolescentes, adultos jóvenes y mayores.
Lo que más preocupa es la obesidad en los niños, que son nuestro futuro. Por ello se están estableciendo muchas políticas de estado, para poder controlar el consumo alimentario y dar información sobre la calidad de los alimentos sobre todo en el contenido de grasas saturadas, y de hidratos de carbonos refinados que son los que más consumimos y producen las alteraciones metabólicas más frecuentes.
¿Se contempla la herencia como un factor de esta enfermedad?
Es un factor predisponente, pero nosotros lo desarrollamos con nuestros malos hábitos alimentarios y con el sedentarismo. Es como la famosa frase, “no es obeso quien quiere, sino quien puede”.
Hay gente que no tiene predisposición genética, aunque lo desarrolla igual, justamente por sus malos hábitos. De nuestra mala elección alimentaria.
¿Qué serían los alimentos críticos?
En esta época los nutrientes críticos podrían ser la proteína magra, la vitamina D, vitamina C, los que actúan como antioxidantes -que mejoran nuestra inmunidad-, verduras, frutas, cortes magros. Y no solamente pastas, arroz, o todo tipo de harina. Estos solo proporcionan hidratos de carbonos, que no son malos, pero no deben ser los únicos.
Debemos hacer variada la alimentación para tener una riqueza en todos los grupos alimentarios, y no hacer exclusividad en esos tipos de alimentos. Así tendremos un sistema inmunitario menos debilitado, masa muscular magra, huesos fuertes.
Por la situación misma estamos en un estado emocional débil que aminora nuestro sistema inmunitario, por eso es importante una buena alimentación para reforzarlo.
¿El santiagueño tiene hábitos alimentarios complicados para mantener una buena alimentación?
No son hábitos complicados, son hábitos poco saludables. Esto lo marcó la cultura. Actualmente cuesta revertir esta situación, ya que los panificados deben estar presentes en el desayuno, almuerzo, merienda y cena, las 24 horas y todos los días.
Existe la creencia de que los alimentos saludables o dietéticos son más caros que los que no lo son. ¿Es así?
No son más caros. Incluso si comparas, son más económicos.
Los panificados o las bebidas azucaradas, incluso las con graduación alcohólicas, cuestan más que un litro de yogurt. Lo fundamental es organizar la compra.
Actualmente en mi consultorio tengo atención de familias completas, que vieron alterado su estado nutricional. Ellos manifiestan que han tenido un ahorro en el consumo alimentario con respecto a lo que venían gastando. Por día compraban tres o cuatro kilos de pan, ahora no lo compran.
Depende de cómo se valorice a los alimentos. Generalmente no son más caros. A tener en cuenta, aparte, que todo está caro desde los arroces, fideos, panes, galletas. En el mismo sentido, carnes, verduras y frutas.
¿Qué herramientas faltan para que las personas en primer lugar tengan conocimiento que el sobrepeso y la obesidad son enfermedades y que hay tratamientos a los que pueden acceder para tratarla?
Establecer políticas de estado y policitas de promoción. Donde no solamente se contempla el alimento como tal, sino como un medicamento para mantener un estado de salud.
Se subestima la alimentación, tomándola como un hábito normal u ordinario. Desde el hecho de que nacemos y comenzamos a alimentarnos instintivamente, voluntariamente, se pierde y no tenemos conciencia de la importancia de la buena alimentación.
Ahora debemos fomentar lo del etiquetado en los productos, por el cual nos podemos informar mejor que estamos consumiendo. Seleccionar con conocimiento lo que ingerimos. Falta eso, conocimiento, de que es por ejemplo una grasa trans y que no lo es, los azúcares, entre otras.
Debemos implantar políticas en información y en educación alimentaria. Una población educada podrá elegir mejor sus alimentos.