29 de agosto, 2025
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Ni pereza ni falta de límites: el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que impacta en la atención, la impulsividad y la conducta. La psicopedagoga María Agustina Abdala explica cómo detectarlo, qué apoyos requieren los estudiantes y por qué la inclusión escolar beneficia a toda la comunidad educativa.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la capacidad de una persona para regular su atención, controlar sus impulsos y gestionar su nivel de actividad. No es un problema de pereza o de falta de voluntad, sino una condición biológica con una fuerte base genética.

El trastorno de atención puede darse en algunos niños con hiperactividad o impulsividad, por lo que su dificultad para concentrar la atención viene acompañada de dificultades para autorregular su conducta o movimientos corporales continuos. Esto se manifiesta en dificultad para permanecer sentado o parado por determinado tiempo, dificultad para controlar movimientos durante la realización de otras actividades o conductas de tipo impulsivo, como empujar o apretar.

En una entrevista exclusiva para LA COLUMNA, la Lic. María Agustina Abdala, especialista en neuropsicopedagogía e inclusión escolar, explica cuáles son las características del TDAH y los aspectos a tener en cuenta para lograr una verdadera inclusión.

– ¿Cuáles son las señales y síntomas que se observan para llegar a un diagnóstico?
-Las señales y síntomas del TDAH se agrupan en tres categorías principales:

 Inatención: dificultad para prestar atención a los detalles, para mantener la concentración en tareas, para seguir instrucciones y para organizar tareas y actividades.
 Hiperactividad: inquietud motora, dificultad para permanecer sentado, corre o trepa en situaciones inapropiadas, habla en exceso.
Impulsividad: dificultad para esperar su turno, interrumpe a los demás y actúa sin pensar en las consecuencias.

– ¿Cuándo hay presencia de estos síntomas siempre se trata de TDAH?
-Es importante destacar que la presencia de estos síntomas no significa necesariamente un diagnóstico de TDAH. La evaluación debe ser realizada por un profesional de la salud cualificado, como un psiquiatra, neurólogo o psicólogo clínico, ya que los síntomas deben ser persistentes, presentarse en al menos dos entornos (por ejemplo, en casa y en la escuela) e interferir significativamente en el funcionamiento diario. Como psicopedagoga, durante los procesos de diagnóstico se pueden observar signos de alerta, por lo que se debe realizar la derivación al profesional acorde para el establecimiento, o no, del diagnóstico.

Con respecto a la edad de diagnóstico, hay casos donde los signos de alarma se observan desde pequeños (principalmente cuando comienzan sus primeros pasos por la escolarización: jardín o guardería), pero la gran mayoría llega a un diagnóstico en edad escolar, cuando los desafíos sociales y cognitivos son mayores.

– ¿Qué desafíos enfrentan los estudiantes con TDAH en el aula?
-Los estudiantes con TDAH enfrentan una serie de desafíos en el entorno escolar, entre los que se incluyen: dificultad para seguir instrucciones o completar tareas a tiempo; problemas de organización de materiales escolares y de tiempo; interrupciones en clase, impulsividad en las respuestas y dificultad para esperar su turno; falta de atención que puede llevar a errores en los deberes y evaluaciones, entre otros.

En lo que respecta a mi experiencia, la mayoría de las familias llega al consultorio por derivación de la escuela, porque el niño no completa las tareas, hay que redireccionar la atención en numerosas oportunidades, se distrae con cualquier estímulo exterior y queda pensando con mirada “como perdida” (te dice la familia o docentes). Ante esto, se comienza con un proceso evaluativo y se observa si son indicadores de TDAH o si las conductas que presenta el niño son por otra causa/diagnóstico.

Esto creo que es importante resaltar: en los trastornos del neurodesarrollo hay signos de alarma que pueden coincidir en dos o más diagnósticos, por lo que es muy importante que el profesional encargado de evaluar presente formación en lo que respecta a evaluación clínica, lo que los profesionales llamamos “buen criterio clínico”. Principalmente porque se está hablando de personas y de su subjetividad, de una familia, y el dar un diagnóstico no es dar una receta: es algo que trae con ello un impacto emocional muy fuerte en la persona, en su familia y en la vida diaria.

– ¿Los docentes reciben formación específica para detectar o acompañar estos casos?
-Lamentablemente, la formación específica para la detección y el acompañamiento de estudiantes con TDAH no siempre forma parte del currículo de formación docente. Aunque en algunos programas de grado o posgrado se comenzaron a abordar cuestiones sobre neurodiversidad y su abordaje, considero que, como profesionales encargados del aprendizaje del niño y al ser sujetos que comparten con ellos 4 hs. diarias o más, es muy necesaria la formación continua para poder conocer e identificar signos de alarma.

Cuando los signos de alarma son identificados a temprana edad, el pronóstico del niño será mejor porque se comenzará con los abordajes interdisciplinarios a temprana edad y permitirán que el niño adquiera herramientas para un buen manejo conductual, social y cognitivo.

– ¿Es una amenaza o un riesgo la adaptación de contenidos o métodos para incluir a personas con TDAH para los demás niños?
-No, de ninguna manera. Las adaptaciones no son una amenaza. La inclusión de estrategias que benefician a un estudiante con TDAH a menudo enriquece el entorno de aprendizaje para todos los alumnos. Por ejemplo: las instrucciones claras, el uso de ayudas visuales y la organización en el aula benefician a todos los estudiantes, no solo a aquellos con TDAH. Fomentar la empatía y la comprensión de las diferencias individuales es un valor fundamental para la convivencia social y prepara a los niños para un mundo diverso.

– ¿Adaptar significa “darle menos” o “exigirle menos”?
-No, adaptar no significa “darle menos” ni “exigirle menos”. Significa dar de manera diferente. La adaptación no disminuye la calidad de la educación, sino que la personaliza para que el estudiante pueda alcanzar los mismos objetivos que sus compañeros, pero con un camino diferente. Se trata de ajustar el cómo (métodos de enseñanza, formato de las tareas) para que el estudiante pueda demostrar su conocimiento y potencial sin que sus dificultades intrínsecas se lo impidan.

– ¿Cuáles son los errores más comunes que cometen docentes o familias al pensar en las adaptaciones para chicos con TDAH?
-Creer que es un problema de falta de disciplina o de pereza. El TDAH es una condición neurológica, no un problema de comportamiento intencional.
Aplicar las mismas estrategias para todos los estudiantes con TDAH. Cada niño es único y las adaptaciones deben ser personalizadas.
Considerar las adaptaciones como un "favor" o un "privilegio", en lugar de un derecho fundamental para la educación.
Focalizarse solo en los déficits y no en las fortalezas del estudiante. Muchos niños con TDAH son muy creativos, enérgicos y con una gran capacidad de pensamiento lateral.
Falta de comunicación entre la familia y la escuela. Una colaboración constante es esencial para el éxito del estudiante.

– ¿Qué cambios urgentes se necesitan para una inclusión real?
-Para una inclusión real, se necesitan cambios sistémicos y culturales. Considero que es muy importante la capacitación docente obligatoria: los educadores deben recibir formación continua y especializada en TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo.
Hacer uso de diversos recursos y apoyos especializados: las escuelas deben contar con gabinetes psicopedagógicos o profesionales que puedan guiar a docentes y familias. Contar con diversos tipos de materiales: no se aprende solo con el libro y el cuaderno. Los procesos de aprendizaje de los niños son diversos; hay que poder detectar sus potencialidades y, desde ahí, poder trabajar para afrontar sus debilidades.
Flexibilidad en el sistema educativo: se debe permitir y fomentar la personalización del aprendizaje, alejándose de un modelo rígido y estandarizado. Flexibilizar los tiempos de aprendizaje: cada proceso de aprendizaje es único, entonces los tiempos no son lineales e iguales para todos.
Concienciación y sensibilización: es fundamental educar a toda la comunidad educativa (docentes, familias y estudiantes) para desestigmatizar el TDAH, como cualquier otro diagnóstico, y promover la empatía.
Trabajo colaborativo: se debe fortalecer la alianza entre la familia, la escuela y los profesionales de la salud.

Estos cambios crearían un sistema educativo más humano, flexible y preparado para acoger la diversidad de todos los estudiantes.

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